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    05 April

    La bandera roja bajo el cielo de Berlín

    Revista de prensa*

    La bandera roja bajo el cielo de Berlín


    Mario Amorós
    Mundo Obrero. España, mayo del 2005.


    Es una de las imágenes que condensan la historia del siglo XX: hace sesenta años los soldados soviéticos izaron la bandera roja en el Reichstag. Aquella fotografía simbolizó la derrota nazi y la lucha y el sacrificio de los pueblos soviéticos y los militantes comunistas de toda Europea contra la barbarie fascista. Uno de los tres protagonistas de aquel hito fue Francisco Ripoll, un "niño de la guerra" que se alistó como voluntario para luchar contra el fascismo. Ripoll militó en el PCE hasta su fallecimiento hace cuatro años. Ofrecemos este reportaje inédito en Mundo Obrero como homenaje a todos los camaradas que dieron su vida durante la Segunda Guerra Mundial, ahora que los fastos oficiales por el 60º aniversario del final de la contienda en Europa les condenarán, una vez más, al olvido.

    Francisco Ripoll nació a bordo de un barco camino de Cartagena. Su padre era militar de la armada y de pequeño vivió entre Barcelona y este puerto, donde su progenitor estuvo destinado durante parte de la guerra civil. "Éramos cinco hermanos, cuatro fuimos enviados a la URSS y al quinto lo mataron unos falangistas de una paliza", me explicó hace seis años y medio en Benidorm (Alicante), donde vivía y colaboraba con el grupo municipal de Esquerra Unida.

    Junto con ellos fue enviado en el último barco que trasladó niños españoles a la Unión Soviética, eran 120 chicos con edades comprendidas entre 4 y 14 años. Aún evoca con emoción el recibimiento que les dispensaron en Leningrado. "En el muelle nos esperaban miles de personas. Había orquestas, estaban los pioneros.... Vivimos un mes en un hotel y luego nos distribuyeron por las distintas casas de niños españoles".

    En 1940 llegó a la Casa de Jóvenes Españoles de Leningrado. "Allí éramos como hermanos. Influía mucho que no teníamos a los padres, a nadie, sólo el cariño que nos daban la educadora, los profesores". Aquel año se afilió al Komsommol (juventudes comunistas) y, en 1943, al PCUS.

    En junio de 1941, diez días después de que Hitler lanzara la Operación Barbarroja e invadiera la Unión Soviética, Francisco Ripoll se alistó como voluntario en el ejército soviético. "Todos teníamos el mismo sentimiento: proseguir la lucha de nuestros padres contra el fascismo. De los chavales que estábamos allí, al que no le habían matado el padre, le habían matado el hermano o estaban en la cárcel o el exilio".

    Resistió los 900 días del cerco de Leningrado. "Conservo muchos y muy malos recuerdos de la guerra. El invierno de 1941 a 1942 fue el más duro. Llegamos a estar a 50 grados bajo cero". En 1944, el ejército soviético logró romper el asedio y entonces la división a la que pertenecía avanzó por el Báltico y llegó a Polonia.

    Allí se toparon con el horror del Holocausto: "Fuimos los primeros en entrar en Auschwitz. Apenas estuvimos algunas horas porque debíamos seguir camino y detrás vinieron otros, que cuidaron de la gente que había allí. No encontramos a ningún nazi. Había cientos de chiquillos, otro grupo de mayores... Vimos todavía cadáveres dentro de los hornos a medio quemar. Aquello fue horrible: ver montones de pelos humanos, de zapatos, de gafas, de ropa de todas clases... Lo que más me impresionó fueron las cabelleras humanas, eran de todos los colores. En los barracones de los oficiales, encontramos pantallas de las lámparas hechas de piel humana, al igual que dos o tres monederos y carteras de bolsillo".


    Una foto para la historia

    Francisco Ripoll, que tenía entonces veinte años, era teniente de la XV División de Voluntarios y con ella llegó a las puertas de Berlín hacia el 27 de abril. En las filas soviéticas había un "ambiente de euforia" ya que "estábamos deseando entrar". "La orden de asalto a Berlín llegó el día 29. La ciudad estaba prácticamente destruida por los bombardeos de los ingleses. Se luchaba casa por casa. Hitler concentró a la flor y la nata de lo que le quedaba, incluso a los críos de las Juventudes Hitlerianas".

    "La noche del 29 de abril recibimos la orden de asaltar el Reichstag. Fue un combate duro ya que había muchos soldados de la Gestapo y de las SS y muchos oficiales, lo mejor de lo que le quedaba al ejército nazi en Berlín. En unas horas lo tomamos".

    "El 30 de abril [el mismo día que Hitler se suicidó en su búnker] se colocó la bandera. Había varios fotógrafos soviéticos en el frente pero no les hacíamos caso. Se pidieron voluntarios. Primero subieron cuatro, pero, cuando ya estaban arriba, francotiradores camuflados en los edificios de alrededor los mataron. La bandera cayó y la recogimos nosotros. Nunca se ha hablado de esto pero nosotros lo sabemos. Un mando pidió voluntarios y... allí estaba yo. Subimos. Nos tuvimos que abrir paso a base de bombas de mano, de granadas y ráfagas de metralleta hasta llegar arriba porque el Reichstag es un laberinto".

    "Estuvimos arriba una media hora. Seguían los disparos de los francotiradores, pero cuando cesaron, izamos la bandera durante unos minutos. La colocó el que recibió la orden. Cuando nos marchamos, subieron otros soldados para mantener la vigilancia. Todos queríamos bajar de allí por el peligro que suponían los francotiradores". Del fotógrafo, Yevgueni Jaldeï, sólo recordó que "hizo su trabajo en condiciones muy difíciles por los disparos y nada más. No nos dijo nada".

    Jaldeï tomó varias instantáneas. En ellas aparece Francisco Ripoll junto a sus dos camaradas, observando cómo la bandera roja ondea sobre el Berlín liberado. Es una fotografía mítica que simboliza la derrota del nazismo. Su nulo afán de protagonismo y el hecho de que durante la guerra adoptara un nombre ruso (Vladimir Dubrosky) pueden explicar que nunca haya sido identificado.


    Orgullo para toda la vida

    Para Ripoll haber combatido con la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial fue "el orgullo más grande de mi vida". Recibió, entre otras, la insignia del cerco de Leningrado, la del Ejército Popular de Voluntarios y la Orden de la Gran Guerra Patria, la más importante de las que se crearon en la URSS durante un conflicto que le costó la muerte de más de 25 millones de personas.

    Después de la guerra estudió Náutica, se enroló en la flota del Volga y estudió en la escuela naval de Astrakán. En 1957 decidió regresar a España e ingresó en el PCE. "Cuando llegué me retiraron toda la documentación, no me dejaron salir y la Brigada Político-Social me entregó un carnet de identidad que era vergonzoso. No podía salir de Barcelona".

    Durante los últimos años de su vida trabajó por rescatar del olvido la memoria de sus jóvenes compañeros. "No quiero protagonismo, sólo sacar adelante mi proyecto", me dijo. Su proyecto consistía en levantar un monumento en San Petesburgo en memoria de los 72 muchachos que vivieron con él en la Casa de Jóvenes Españoles de aquella ciudad y que murieron en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial combatiendo contra el fascismo en el ejército soviético. Casi todos ellos eran militantes del PCE.

    Algunos de ellos fueron capturados por los alemanes ("heridos", recalcó) y "enviados a Franco y fusilados en España". "Incluso dos de ellos estuvieron en la División Azul, se pasaron con nosotros y después estuvieron luchando contra los nazis". En aquella Casa había entre 120 y 150 niños y niñas y algunos de ellos murieron por inanición o a consecuencia de los bombardeos.

    Logró incluso todos los permisos para colocar el monumento en dicha Casa, que hoy es un colegio. En él figurarían los emblemas de la II República Española (la estrella de tres puntas) y de la URSS (la estrella roja) con una rama de olivo, símbolo de la paz, y 72 estrellas. Sin embargo, su vida se extinguió sin que pudiera ver su proyecto hecho realidad y preguntándose quién se acordaba de ellos mientras mostraba la lista de sus camaradas caídos en el frente. "Nadie, eso es lo que más me indigna".


    (*) Texto aparecido en Mundo Obrero, de España. La redacción de este diario recuerda a sus lectores que en nuestras páginas sólo tienen cabida los textos externos que cuenten con los debidos permisos de reproducción de autores y/o publicaciones. Cualquier excepción, como la actual, se hace siempre en virtud del carácter no lucrativo de La Insignia, ante situaciones de evidente interés informativo o social y a condición de no provocar perjuicio alguno a la fuente de origen.

     

    Fuente: "La Insignia"

    01 April

    De la Resistencia Francesa a la Reserva Voluntaria

    Si amigos se puede afirmar sin miedo a equivocarse, que la mayoria de los reservistas voluntarios españoles viven su compromiso en la clandestinidad, así a la hora de activarse lo hacen normalmente en vacaciones, días libres y demás, la clandestinidad incluye aunque se sorprendan muchos tambien a los funcionarios.

    La causa de esta situación no es única, aunque como los mandamientos de la Ley de Dios puede resumirse en dos:



    1. Falta de proteccion laboral efectiva de los reservistas.
    2. Falta de incentivos a empresas y administraciones públicas.

    A estas causas principales le podemos añadir varias más como son:


    1. La falta de visibilidad social de la figura del reservista, las empresas y las administraciones no saben que es esto, y como no lo saben, ni lo apoyan ni lo protegen y ni siquiera estan incentivadas para hacerlo ( volvemos a la causa numero dos).
    2. El mal funcionamiento de los pagos por el servicio que prestan los reservistas (que ya he denunciado en este blog) con retrasos de más de seis meses en el cobro de los honorarios, produce que muy pocos puedan arriesgarse a renunciar a sus emonumentos habituales, pues ya saben por experiencia de muchos compañeros en el lio económico que se pueden meter, si tras finalizar su servicio no cobran su sueldo.
    3. Mal diseño para los funcionarios, en cuanto que al pase a la situación de servicios especiales es muy farragosa de gestionar al intervenir varias administraciones, y ser una figura prevista para periodos mas largos de un mes, se da la circustancia de que un reservista puede encontrarse con la desagradable situacion de que estos no sean concedidos (los servicios especiales ) hasta mucho después de haber prestado servicio, lo que le deja fuera de juego administrativamente durante un tiempo, en el que literalmente se ha ausentado del trabajo ilegalmente.
    4. Falta de ambicion en el diseño para los funcionarios por parte del ministerio, pues si un servidor público sirve al estado deberia de poder hacerlo en la reserva sin perder su sueldo(en el caso de que gane más de reservista), aportando el ministerio de defensa el sueldo del reservista a su administracion de origen como compensacion, en todo caso es necesaria una visión global del servicio público a España de la que ahora se carece.
    5. Falta de una regulación para que los autonomos( los grandes olvidados) puedan incorporarse a la reserva voluntaria con algunas compensaciones de tipo fiscal al menos, y puedan centrase en su servicio reservista durante el tiempo establecido, sin tener que compatibilizarlo al menos tan exageradamente como hasta ahora.
    6. Que decir de los trabajadores por cuenta ajena, su clandestinidad es casi obligada al no existir compensaciones para su empresa por el "prestamo" de su personal, pues esta claro que a la protección laboral urgente es necesario añadir incentivos a las empresas, de forma que al menos cuando un reservista preste servicio no le cueste dinero a su empresa, bastaria con eximirle de los pagos de seguridad social, etc.

    Y sí, yo soy reservista (ssss que no se entere nadie) en la clandestinidad.

     

    Fuente: http://quemasda8que80.blogspot.com/search/label/Reservismo

    10 January

    Paris bien vale una Jota

     
     

    Paris bien vale una jota

    Martín Bernal y los aragoneses que lucharon en Francia

    Tardaron años en reconocerlo abiertamente y sólo ahora van a dedicarles una placa en París. Y es que, durate décadas, los franceses lo han sentido como una espinita en su ‘grandeur’. Pero la historia es la que es y, aunque tarde, termina escribiéndose en sus justos términos. Cuando las campanas de Notre Dame anunciaron, la mañana del 25 de agosto de 1944, que la ciudad se había librado del yugo nazi, los parisinos que salieron a las calles a abrazar a los héroes se llevaron una pequeña sorpresa: “Vimos llegar hacia nosotros a dos oficiales franceses -relató, hace años, Léo Hamon, uno de los cabecillas de la Resistencia en la capital-. Eran los primeros oficiales franceses de uniforme que veíamos y se nos saltaron las lágrimas. Luego fuimos a saludar a las tripulaciones de los tanques, pero no hablaban muy bien el francés: eran republicanos españoles alistados en la división de Leclerc”.

    Así era: los primeros carros blindados que entraron en París la noche del 24 de agosto de 1944 llevaban nombres como “Madrid”, “Don Quijote”, “Ebro”, “Teruel”... Y, en uno de ellos, famoso ya por su temeridad y valentía, iba un ex novillero que tenía por apodo taurino Larita II, en honor a un célebre diestro de la época. Su verdadero nombre era Martín Bernal, aunque todos le conocían como “Garcés”, por su segundo apellido. Su otro sobrenombre era “El Maño”.

    Martín Bernal, zaragozano, es uno de los héroes de la liberación de París, citado en decenas de libros de memorias y de recuerdos de aquella batalla que supuso el mazazo mortal al poderío de

    Hitler sobre Europa. “Bernal es uno de los siete u ocho nombres destacados que siempre se citan al hablar de la liberación de París”, asegura Eduardo Pons Prades, viejo militante anarquista barcelonés, que también luchó en la Resistencia francesa y ha dedicado el resto de su vida a recuperar la memoria de aquellos españoles que combatieron a los temibles ejércitos del Tercer Reich.

    ¿Cómo llega un novillero zaragozano a las puertas del París ocupado? Toda historia tiene un principio, y la de Martín Bernal debió empezar en 1914 ó 1915, que fue cuando nació en La Cartuja. Por aquel entonces, el futuro barrio rural no era más que un conjunto de casas y granjas en torno al viejo convento de frailes. Los Bernal eran siete hermanos y, desde muy jóvenes, vivieron inmersos en la tradición anarquista del sur de Zaragoza. 

     

    Feudo anarquista

    La capital aragonesa era, por aquellos años, un feudo de la CNT, nada desdeñable, incluso en comparación con Barcelona. Y en las zonas del sur de la ciudad, la central anarquista tenía a sus militantes más fieles. Bernal creció queriendo ser torero, practicando verónicas y estocadas imaginarias en las eras de La Cartuja y empapándose de la cultura anarquista.

    “Garcés” llegó a ser novillero con el nombre de Larita II, pero la historia truncó su aspiración de  ser matador de toros: en 1936 estalló la guerra y los Bernal en pleno salieron de Zaragoza para unirse a las milicias republicanas. Martín tendría entonces 17 ó 18 años, y cambió la muleta por el fusil para recorrerse todos los frentes del país. Primero, en las milicias y, luego, en el Ejército republicano. Tres años que hicieron del joven un luchador encallecido.

    El fin de la contienda le sorprendió en algún lugar de la Mancha, antecediendo el sobrenombre de ‘Quijote’ que él, como muchos de sus compañeros, iba a recibir en Francia. Las tropas de Franco le apresaron, junto a los restos del Ejército republicano, y le llevaron a un campo de concentración cercano al monasterio de Portaceli, a pocos kilómetros de Liria, en la provincia de Valencia. No le resultó difícil escapar del lugar y, tras dos meses de caminatas, evitando las ciudades,  alcanzó los Pirineos y los cruzó por algún valle de Huesca o de Lérida.

    Hasta este punto, su historia es la de muchos. Una vez en Francia, en el departamento de los Altos Pirineos, los gendarmes le detuvieron y le internaron en un campo de concentración, junto a otros respublicanos que huían de Franco. Allí le sorprendió el estallido de la Segunda Guerra Mundial, por lo que, a comienzos de 1940, las autoridades francesas le dieron a elegir entra alistarse en la Legión Extranjera o ser deportado a España. Según contó el propio Bernal a Eduardo Pons Prades en 1973, “al principio creímos que era una medida de presión, pero cuando nos montaron en un camión en dirección a Canfranc, nos empezamos a poner nerviosos. Y comprendimos que la cosa iba en serio cuando vimos asomar los tricornios de los civiles”.

    ‘In extremis’, Bernal entró, como otros republicanos, en la Legión Extranjera y embarcó rumbo al África central. Martín Bernal terminó de curtirse en las selvas senegalesas, por las que vagó tres años, hasta 1942. En esa fecha, subió al norte para participar en la Campaña de Túnez, uno de los episodios más destacados de la contienda en el África francesa. El 9 de mayo de 1943 fue herido por primera vez en su larga vida de guerrero, aunque ese percance no impidió que el Gobierno galo le concediese la Medalla Colonial de la República Francesa, una de las distinciones militares más preciadas.

    A mediados de 1943, se empezó a correr, por todo el Magreb, la fama de un mariscal temerario, rey del desierto: Philippe Leclerc. Cuando Bernal se enteró de que el general estaba reuniendo una división para atacar la Francia ocupada, desertó de la Legión y se enroló, en Argel, en la Segunda División Acorazada, que pasará a la historia con el nombre de la División Leclerc.

    Bernal no fue el único español que se ofreció, entusiasmado, al general gaullista de la “France Libre”. Le acompañaron centenares de compatriotas convencidos de que, después de Francia, le tocaría el turno a España. Tras una penosa travesía, la División Leclerc llegó a Inglaterra en la primavera de 1944, donde los españoles (más tarde conocidos como “los españoles de Leclerc”) formaron la 9ª Compañía del Tercer Regimiento, que tendría que esperar al 1 de agosto para desembarcar en las playas de Normandía, casi dos meses después que los estadounidenses. Fue la única división francesa que participó en la famosa operación bélica, y el alto mando aliado le había asignado misiones de apoyo.

    La Novena

    Ya en suelo francés, el grupo de soldados, en el que Bernal había empezado a destacar, recibió el nombre de la “Novena”, así, en castellano. La Novena y Bernal tuvieron su primera prueba de fuego en la liberación del pueblo normando de Ecouché, el 16 de agosto de 1944: su fama se estaba extendiendo en la Francia que entreabría los ojos tras las tinieblas del nazismo. Y les precedía.

    El 19 de agosto, la Novena se convirtió en una de las puntas de lanza de la División Leclerc en su avance hacia la capital, París. La Ciudad de la Luz no era un objetivo estratégico de las tropas aliadas, que pretendían asentarse en una amplia plataforma continental para proyectar luego una expansión escalonada hacia Alemania. Sin embargo, Leclerc y De Gaulle lograron convencer a los estadounidenses de que liberar París supondría un golpe simbólico fundamental para activar la moral de los europeos. Y la Segunda División se puso en camino.

    El día 23 de agosto, Bernal ya estaba con la Novena acampado en Limours, a 40 kilómetros al sur de París. El 24 por la mañana, desobedeciendo las instrucciones del alto mando aliado, Leclerc  ordenó al capitán Dronne, bajo cuya responsabilidad estaba la Novena, que avanzara con sus hombres hacia París a toda costa. Mientras Bernal y sus compañeros se dirigían a la Puerta de Italia de la capital, una avioneta sobrevoló sus calles diseminando millares de octavillas con el texto: “Tenez bon. Nous arrivons. Leclerc” (“Resistid, que ya llegamos. Leclerc”).

    A las 20.30 del 24 de agosto, Bernal cruzó la Puerta de Italia y se convirtió en uno de los primeros soldados aliados en entrar en el París ocupado. Los alemanes se habían hecho fuertes en los principales edificios públicos de la ciudad, dispuestos a resistir hasta el final. Así que, sin encontrar apenas obstáculos, los blindados de los españoles llegaron, a las 21.22, a la Plaza del Ayuntamiento.

    Bernal destacó, en los días siguientes, en los combates callejeros para terminar con la resistencia alemana, y así se reflejó en numerosos informes. También ha quedado escrito en muchos libros que Bernal y sus amigos se ganaron las simpatías de los parisinos cuando la bandera tricolor volvió a ondear en los balcones. Eran “les Espagnols de Leclerc”, unos héroes.

     

    El Nido de Águila

    Pero estos ‘Espagnols’, tras descansar unos días en París, volvieron a montarse en los blindados y enfilaron rumbo a Alsacia. La guerra no había terminado. Bernal volvió a mostrar su bravura delante de cien tanques de la 112ª Panzerdivision nazi que les salieron al paso. La ruta de Leclerc tenía como objetivo el llamado Nido de Águila de Hitler, el reducto del ‘führer’ en Berchtesgaten, en las montañas de Austria. Cuentan que el zaragozano fue el primero en llegar y que, al irrumpir en el despacho de Hitler, orinó en su sillón.

    De regreso a Francia, ya en 1945, Bernal anduvo buscando un pueblecito, cerca de la frontera con Suiza, donde había oído que un grupo de españoles estaba preso en un campo de concentración. Pasó muy cerca, pero no lo encontró. De haberlo hecho, hubiera sacado de allí a su hermano Paco, prisionero de los nazis -junto al comunista oscense Mariano Constante- desde 1940. El pueblecito, bucólico e insignificante, se llamaba Mathausen.

    Tras la guerra, Martín se reunió con su hermano en París y montó con él una zapatería en un pueblo cercano a la capital. Y en Francia vivió hasta su muerte, en 1991. El próximo 24, los parisinos lo recordarán como el héroe que fue. El héroe maño.

    Guerrilleros y soldados

    Aunque sea imposible dar una cifra totalmente segura, se cree que en Francia combatieron unos 12.000 españoles, y que otros tantos participaron en actividades de apoyo y propaganda. La mayor parte lo hizo en la Resistencia, organizada en guerrillas que actuaron en dos tercios de los departamentos franceses. Algunos grupos comenzaron a operar en 1940, antes que la Resistencia francesa.

    De las guerrillas, destacaron especialmente los llamados ‘carcasones’, que eran republicanos españoles asentados en la ciudad de Carcasona, en el Midi, cerca de la frontera. El histórico enclave cátaro acogió a numerosos españoles que cruzaron la frontera al acabar la guerra. Entre ellos, muchos aragoneses.

    Eduardo Pons Prades, que pertenecía a estos ‘carcasones’, recuerda, por ejemplo, que el cocinero de su grupo era aragonés: “Y no era una labor nada fácil hacer menús variados para veinte y treinta personas con los recursos de los que disponíamos”, señala. El pasado mes de febrero, Sylvie Fabia, nieta de una exiliada española, inauguró un monumento en el cementerio de Carcasona en memoria a los españoles que allí murieron entre 1939 y 1940. En la lista, figuran los siguientes aragoneses: Luisa Alloza, de Híjar; Julio López y Perpetuo Muniesa, de Zaragoza; Antonio Nadal, de Tamarite de Litera; Bautista Vicente Sancho, de Caspe; Mateo Til Oliván, de Gurrea de Gállego, y Llana Toricio, de Barbastro.

    Sin embargo, aunque fueron muchos los guerrilleros republicanos que actuaron en la Francia ocupada durante la guerra, haciendo sabotajes, labores de espionaje..., la gloria primera se la llevaron “los españoles de Leclerc” con su entrada apoteósica en París. Pero la historia de esta Novena compañía fue trágica: de los más de 400 españoles que estaban integrados en ella cuando desembarcaron en Utah Beach, apenas 20 seguían con vida cuando se aproximaron, meses después, al temible Nido de Águila de Hitler. Martín Bernal, aunque con una herida que le obligó a usar bastón, como se aprecia en la imagen de la página de la izquierda, no sólo salvó el pellejo, sino que se convirtió en héroe.

    Pons Prades, que le conoció muchos años después, en 1973, cuando preparaba su monumental libro “Republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial”, lo recuerda como alguien “muy afable, muy majo; seguramente, de los más simpáticos de entre todos sus compañeros”. Y, aunque no regresó a Zaragoza, no pudo disimular nunca su origen aragonés. Cuando pregunté a Pons Prades por Martín Bernal repuso rápidamente: “¡Ah, sí, el maño!”. El novillero de La Cartuja.

    *Fuente: Heraldo de Aragón

     

    17 September

    Uniforme Basico

    El uniforme basico necesario:
    Camisa, corbata y pantalon de lana, conocido como "mostaza" http://www.whatpriceglory.com/pic/GIwool.jpg
    Camisa y pantalon "HBT" o tambien conocido como "tela de espiga http://www.whatpriceglory.com/pic/HBTjacket.jpg
    Cualquiera de las tres opciones es valida, pero es MUY recomendable disponer del uniforme "Mostaza" y cualquiera de las otras 2 opciones, mono o chaqueta y pantalon HBT. El uniforme HBT es mas fresco y en epoca calurosa es altamente recomendable. El uniforme de lana, abriga y ademas es el que se utiliza de "paseo".
    Chaqueta M41 http://www.atthefront.com/us_uni_M41_main.jpg al principio pueden estar mas o menos verdes, pero con el sol y el uso se va desgastando el color.
    Equipo basico necesario.
    Calot de infanteria colonial o "Bonet de Police" con el ancla de "La Coloniale". Solemos encargarlos a  una tienda de efectos militares en Madrid. Son de excelente calidad y no resultan caros.
     
    http://www.accuh.com/uploads/cavt4643215cc21d1.jpg  http://www.troupesdemarine.org/traditions/savoir/calots.jpg los tres de la derecha son los que corresponden al periodo de la Segunda Guerra Mundial, pero los dos primeros, siempre desde la derecha, son los que pertenecen al RMT.
     
    La red no es necesaria ya que no solian utilizarla, o por lo menos los testimonios graficos que hay muestran siempre los cascos sin red.
    Cinturon y trinchas modelo 1936 http://www.sofmilitary.co.uk/products/AG574.jpg de acuerdo al arma portada. Normalmente la tropa va equipada con el Garand M1 o con la Carabina M1 http://www.sofmilitary.co.uk/products/AG203.jpg 
    http://www.sofmilitary.co.uk/products/AG200.jpg asi mismo en el "pistol belt", ademas de los portacargadores correspondientes, debemos llevar el "firts aids pouch" http://www.sofmilitary.co.uk/products/AG011.jpg
    y, como no la "canteen cups" con su funda correspondiente http://www.atthefront.com/us_gear_canteen.jpg
    Botas, hay 3 opciones, la "shoes service", la "rought boot", o la "two buckles boot". Personalmente me decanto por una de las 2 primeras ya que con la "two buckles" no se llevan polainas, y se pierde el detalle historico. Para salidas totalmente "campestres" la rought boot es la que mejores resultados da, mientras que si la salida es mas bien urbana prefiero el "shoes service".
    Service shoe
    Rought boots
    Two buckles boots
    Insignias. Las unicas insignias que se llevan son las de la 2DB http://perso.orange.fr/stephane.delogu/2edb.gif y la del Regimiento de Marcha del Tchad http://rmt.brcp.free.fr/images/left.h1.jpg
    Estas son las basicas. Mas adelante a gusto del consumidor, se puede adquirir la "mousquite", insignia que se entrego a los combatientes que escucharon el llamamiento del general De Gaulle en 1940 http://www.francaislibres.net/flibrer.gif tambien y para darle un "toque" de distincion al unifrme y diferenciarlos en detalles del uniforme de los GI, puedes coser una pequeña escarpela con los colores de la bandera de la Republica española, en la solapa por ejemplo, de una manera discreta. Tambien si consigues un "ecuson" http://tdm.vo.qc.ca/images/ecuscad.gif  queda bien, aunque no es reglamentario. Con el tiempo e informacion es posible adecuar  las insignas hasta conseguir las necesarias y dejar el unforme perfecto.
    Este es el material absolutamente necesario. Mas adelante puede completarse, posiblemente lo primero seria la Mussette mod 36.
    para luego añadir la "trench tool", herramienta que ultimamente hemos usado bastante en nuestras ultimas salidas.
    Despues, bayoneta para Garand, etc....pero antes de irse por las ramas es muy importante asegurar el equipo y uniformes basicos.




    28 July

    War and Peace Show

    Condado de Kent, Inglaterra. Uno de los eventos sobre vehiculos militares mas importante de Europa. Alli estabamos los de "la Nueve", fue impresionante. Despues de unas 15 horas de viaje, cruzando Francia y el Eurotunel, en una furgo Renault Vito cargada hasta los topes de material llegamos el lunes  a la "The Hop Farm" en el Kennish Oast Village, en Beltring. Practicamente no habia ningun display ocupado y las labores de construccion de los que habian acababan de empezar. Sacando fuerzas de donde no las habia tras el largo viaje, montamos la zona de acampada, dentro de los limites de la parte que estaba reservada al 2nd Battle group (que amablemente nos invitaron a plantar las tiendas alli) y junto a la tienda montada con "Zebtan" de nuestros amigos españoles pertenecientes al 2nd. Despues iniciamos el montaje del display que representaba a la Compañia Historica 2 DB La Nueve. Dicho display consitia en una tienda USA hexagonal, 3 tiendas USA biplazas, una posicion fortificada protegida con sacos terreros y cubierta por una red mimetica, un toldo para almacenar equipo al abrigo de la lluvia y varios postes de avisos y direcciones. Despues de arduos trabajos dimos por terminado el display el martes y teniendo en cuenta los medios y el personal de que disponiamos quedo francamente bien, despues tuvimos la sorpresa de enterarnos que el nuestro ha sido el primer display presentado por un grupo español en el War & Peace Show en sus 25 años de existencia. Transcurrio la semana entre espectaculos de vehiculos militares, carros de combate etc realizando paseos en columnas alrededor de los diferentes campamentos, maniobras en la llamada "Arena" una zona cerrada donde los vehiculos podian realizar piruetas, aplastar coches puestos alli para tal efecto, etc..otro punto muy fuerte fueron las simulaciones de combates, sobre todo me impresionaron los que se hicieron sobre la epoca de Vietnam, con unas explosiones de napalm que golpeaban el pecho!!!! y como no los de la segunda guerra mundial, en los que bastantes españoles, en uno y otro bando, tomaron parte. Bastantes vehiculos en escena, varios de ellos carros de combate, hacian incluso peligroso avanzar por el campo de batalla, desde luego que sin los concienzudos "briefings" aquello no hubiese sido posible. Otro espectaculo que se empezo a realizar el viernes a primera hora fue La Revista en el 2nd battle Group. Sus componentes debian formar en "Feldgrau" con las botas limpias (tarea ardua teniendo en cuenta los 2 plamos de barro presentes en todos los camino y en la Arena) y perfectamente afeitados, so pena de pegarse unas carreras alrededor de la formacion. Nosotros asistiamos como publico, dandonos el madrugon pero disfrutando el espectaculo.
    Tambien los displays de los diferentes grupos fueron una atraccion fenomena, alli vimos componentes del VIII ejercito britanico en Lybia con trincheras y posiciones de ametralladoras, oficiales britanicos del ETO, tropas italianas, Paracaidistas alemanes, trincheras con paracaidistas britanicos simulando el lanzamiento en Holanda, la 1 rojo USA,  Legionarios franceses en Indochina, soldados serbios de la ultima guerra en los Balcanes, ingenieros USA que capturaban una rampa de lanzamiento de V2 alemanas, tropas britanicas de la guerra del Golfo, Marines en Vietnam con su propio bar hawaiano y un largo etc que despues de una semana alli no acabamos de ver completamente. En cuanto a vehiculos en funcionamiento, ha sido el mayor despliegue que he visto y posiblemente que vere. Sencillamente impresionante, os animo a  ir porque vale mucho la pena. Es imposible relatar todos los modelos que hemos llegado a ver, mirad las fotos de la pagina oficial ( http://www.warandpeaceshow.co.uk/index.php?option=com_frontpage&Itemid=1) y juzgar vosotros mismos.
    En cuanto a tiendas, tambien impresionante. Hay que tomarlo con calma e ir mirando en todos los stands, yaque los precios pueden variar. En algunos stands incluso aceptaban euros lo cual era todo un lujo. Alli podias encontrar practicamente de todo, pero tenias que buscar pacientemente y no comprar lo primero que vieras, yo lo comprobe en mis carnes, cuando despues de 3 diasa de busqueda infructuosa de una camisa de oficial americano de la segunda guerra mundial, por fin encontramos una de buen preciom de mi talla y practicamente impoluta, original por supuesto!!!!!.
    En fin, esto es todo, me dejo cosas en el tintero, pero mejor que vayais vosotros y lo veais, es un espectaculo digno de ver, eso si, llevaros comida porque esta carisima!!!!!
    Por ultimo agradecer a mis compañeros de viaje su compañia y ayuda, porque sin ellos esta fantastica "RECON" no se hubiese podido realizar, no hace falta dar nombres, ellos saben quienes son. Tambien agradecer a la organizacion del War and Peace Show su ayuda y hospitalidad, y asi mismo y por los mismos motivos mandarun agradecimiento especial al 2nd Battle Group.
    a todos ellos muchas gracias.
    04 July

    Amado Granell (1)

    Amado Granell, el valenciano que liberó París.

     

    Alicante, 12 de mayo de 1972. Aquella mañana Amado Granell se levantó temprano. Tenía previsto negociar en el consulado francés de Valencia el cobro de su pensión como oficial del ejército galo. A las 6.30 ya estaba en la calle, antes de subir al coche aún tuvo tiempo de mirar hacia atrás y despedirse con la mano de Lina, su compañera, que le observaba desde la ventana. Ya no volverían a verse más. A las 8.45 aproximadamente, en la recta de Sueca a Sollana, tal vez en un descuido abriendo el termo de café del que consumía litros al día o mientras encendía un cigarrillo, su coche se salió de la calzada y quedó varado en un arrozal con las ruedas al sol. La muerte debió ser instantánea.

     

    24 de agosto de 1944. Proximidades de París. Esa tarde el teniente Amado Granell, de la 2ª División blindada comandada por el general Leclerc, recibe la orden de avanzar hacia París. El grueso de su compañía, la novena del tercer regimiento de marcha del Chad, la formaban republicanos españoles que al término de la Guerra Civil huyeron a Francia o al Norte de África. Hombres como el aragonés Martín Bernal, conocido como sargento Garcés, militante de la CNT que de joven había sido torero, Larita II; como Antoni Miralles, del V Regimiento mandado por Líster, rescatado del olvido y recreado por Javier Cercas en su novela Soldados de Salamina; como el propio Amado Granell, comandante de la 49 Brigada Mixta del Ejército Popular de la República; o como Antonio van Baumberghen, Wamba, que de joven estudió en la Institución Libre de Enseñanza: él fue quien se encargó de rotular los blindados con unos nombres que no podían disimular su procedencia ni tampoco sus convicciones: Guernica, Guadalajara, Madrid, Teruel...

    Amado Granell (2)

    Al caer la tarde los hombres de Granell se encontraban en las proximidades de París. Desde la puerta de Italia él mismo comunicó a sus superiores: 20.45 horas llegamos a París. Enviad refuerzos. Con la ayuda de un parisino y de la guía Michelin se dirigieron hacia el H™tel de Ville. Una vez en el ayuntamiento, transmitió el parte a sus superiores y se entrevistó con los dirigentes de la Resistencia, Georges Bidault y el coronel Rol-Tanguy, este último antiguo combatiente de las Brigadas Internacionales en la Guerra de España. Esa misma noche Granell y sus hombres fueron entrevistados por Radio France. A la mañana siguiente el diario Libération abrió con la noticia de la liberación de París y con la foto de Granell, Rol-Tanguy y Bidault en el ayuntamiento de la ciudad de la luz. La noticia recorría Francia: París por fin liberada.

    Postrimerías de la 2ª Guerra Mundial. Los aliados deciden en Yalta el futuro de Europa.

    Pocos meses antes de la caída de Berlín, en febrero del 45, Roosevelt, Churchill y Stalin decidían en Yalta el porvenir de Europa. Un futuro nada halagüeño para el general Franco. Los aliados, tras condenar el régimen fascista del Caudillo, se pronunciaban a favor del restablecimiento de la democracia en la figura de Don Juan de Borbón. Éste no tardaría en difundir desde su exilio en Lausana un manifiesto requiriendo al general Franco que abandonara el poder al tiempo que anunciaba el que sería su gobierno en la sombra. Parecía que Franco tenía los días contados.

    Sin embargo, al término de la contienda se pusieron de manifiesto las profundas diferencias ideológicas entre las dos grandes potencias vencedoras, la Unión Soviética y Estados Unidos, y tal como anunció Churchill en la primavera del 46 en la Universidad americana de Fulton, Europa quedaría pronto dividida por un «telón de acero». En este contexto, tanto Estados Unidos como Gran Bretaña contemplarán el caso español como un asunto interno que deberían resolver los españoles por sí mismos y en el que una victoria electoral de la izquierda situaría a España bajo la órbita soviética.

    Franco supo sacar partido de los cambios que se estaban produciendo. En efecto, bastaron algunos retoques en su gabinete para presentarse ahora en el exterior como líder de un régimen anticomunista y católico. Un burdo maquillaje de un sistema político que siete años después de terminada la Guerra Civil era incapaz de satisfacer las necesidades básicas de la población y que pese a la críticas del exterior continuaba, impasible el ademán, con su despiadada persecución de los vencidos. Miles de ellos, los exiliados, prefirieron no volver a España. Amado Granell fue uno de ellos.

    Amado Granell (3)

    Laureados en Francia, perseguidos en España. Al término de la 2ª Guerra Mundial Granell permaneció en Francia. Su elección no podía ser otra: de nuevo París. Su trabajo como gerente de la agencia de noticias Ferbus le permitía realizar frecuentes viajes al Reino Unido, Suiza y Portugal con un claro objetivo: la caída de la dictadura franquista y el retorno a un sistema democrático. Una tarea en la que estaban juntos, y no bien avenidos, socialistas, republicanos, libertarios y también monárquicos.

    Gil-Robles en sus memorias: «Celebro una entrevista a petición del rey con un individuo interesante, Amado Granell».

    A principios de febrero de 1946, poco antes de su salida de Lausana para establecerse en Estoril, Don Juan de Borbón mantuvo una breve entrevista con Amado Granell. El 4 de marzo, el mismo día en que EE UU, Francia y el Reino Unido hacían una condena pública del régimen de Franco, Amado Granell llegaba a Estoril como enviado de Largo Caballero para entrevistarse de nuevo con Don Juan. Allí tuvo la primera de una serie de conversaciones con Gil Robles, del consejo privado del pretendiente al trono. Granell le presentó el plan de los socialistas para restablecer la monarquía, un proyecto que debía garantizar también un régimen de libertades. Gil Robles trasladó a Don Juan esta propuesta. Días más tarde ambas partes aceptaron un acuerdo de mínimos que debía ser ratificado en París por los líderes monárquicos y socialistas, y dado a conocer a los gobiernos de Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Nada de ello llegaría a materializarse. El 23 de marzo, tras una larga enfermedad, moría en París, Largo Caballero, quedando así truncada la alternativa democrática propugnada por socialistas y monárquicos.

    Hubo de pasar más de un año para que Granell y Gil Robles se encontraran de nuevo. El 14 de agosto del 47 se vieron en Lugano, Suiza. También en esta ocasión medió Granell para que se llevara a cabo una entrevista entre los líderes socialistas y monárquicos, Indalecio Prieto y Gil Robles. Ésta, bajo el patrocinio del ministro de asuntos exteriores británico Ernest Bevin, se celebró en Londres unos meses más tarde. Unas negociaciones que se dilataron en el tiempo y que acabaron dando un fruto tardío: en San Juan de Luz, a escasos kilómetros de la frontera, sellaban a finales de agosto del 48 un pacto para restablecer la monarquía y un sistema democrático. Demasiado tarde. El 25 de agosto Franco y el Conde de Barcelona acordaban a bordo del Azor la llegada de Don Juan Carlos a España para iniciar sus estudios. Don Juan quedaba definitivamente neutralizado.

    Amado Granell (4)

    Granell aún tardó unos años en volver a España. En 1950 abrió en París con otros republicanos españoles el restaurante Los Amigos, lugar de encuentro de exiliados de todas las ideologías. Por allí se dejaban caer también los socios de la Casa Regional Valenciana de París, núcleo de reunión del valencianismo republicano, de la que Granell fue vicepresidente en su primer consejo de dirección. Dos años más tarde, tal vez por desavenencias con sus socios, por simples discrepancias políticas, por problemas de salud; por todo ello, o al igual que miles de exiliados por la pura urgencia de volver, Granell decidió regresar a España.

    Primero residió en Santander y más tarde en Barcelona y Madrid. En 1969, a los 71 años, se estableció definitivamente en Alicante, ciudad donde había trabajado como electricista durante los convulsos años de la República y en la que ahora regentaba un pequeño negocio de electrodomésticos. Desde su regreso en 1952 y a lo largo de esos 20 años de exilio interior, Granell no tuvo más remedio que ocultar su pasado: su protagonismo durante la Guerra Civil, la liberación de París aquel lejano 24 de agosto y más aún, nada de sus gestiones con los monárquicos de Don Juan en Portugal, Suiza y el Reino Unido. Tiempos de silencio en los que Granell como miles de vencidos no albergaba otra esperanza que la muerte del dictador. No tuvo esa suerte.

    En el verano de 1972 la viuda del general Leclerc envió un telegrama de condolencia a la compañera de Granell. Su lápida en el cementerio de Sueca incluye las iniciales LH (Legión de Honor) y una hoja de palma sufragadas por el gobierno de la República francesa. Tres años después ocurrió algo en España que propició la transición hacia un sistema democrático como el que Granell defendió. Por fin, tras casi 40 años de dictadura los presos políticos salieron a la calle, los exiliados pudieron regresar. Se hicieron así realidad las anheladas reivindicaciones de libertad y amnistía, pero a ellas les siguió la amnesia, el olvido de unos hechos y de unos hombres y mujeres que dieron los mejores años de su vida a la causa de la libertad. Y los efectos de esa anestesia todavía perduran.

    01 July

    La Nueve 7ª Parte

    EL ULTIMO ACTO  

    Los grandes combates han finalizado. La Nueve se acantona en el pueblo de Vicq Sur Nahon. El capitán es encargado de una misión por el general Leclerc. El teniente Dehen le reemplaza.
    La Nueve, ahora comandada por Dehen, promovido a capitán, terminará la guerra en Berghtesgaden, la ciudad santa del nazismo, en el corazón del macizo alpino.
    La resistencia alemana solamente se manifiesta por los puentes destruidos. Nuestros destacamentos atraviesan a toda velocidad pueblos empavesados por banderas blancas en los tejados de todas las casas. Los soldados alemanes levantan los brazos y van a reunirse en las carreteras en largas filas de prisioneros que, sin guardianes, van tranquilamente, en buen orden, hacia la retaguardia.
    El Obersalzberg, la alta planicie sobre la que los dignatarios nazis y Hitler tienen sus villas, no está intacto: ha sido bombardeado y demolido en parte por la aviación aliada.
    Zapadores de la 12." Compañía van a izar en el nido de águila de Hitler, allá arriba, sobre el Kehlstein, una gran bandera tricolor que una dama de Alejandría de Egipto había bordado para el capitán Dronne, entonces en el hospital.
    Es el fin. Los Ejércitos alemanes de los Alpes han capitulado; una última víctima: el subteniente Peters ha sido abatido, asesinado más exactamente, cuando remontaba una columna que acababa de rendirse.
    Los voluntarios españoles de la Nueve contribuyeron a escribir una gran página de historia con su valor y su sangre. Tuvieron la gloria de entrar los primeros en París, de participar en el camino hacia Estrasburgo, y de terminar su epopeya en Berchstesgaden.
    Jalonaron su itinerario con las tumbas de sus muertos. Treinta y cinco de ellos fueron muertos en combate o fallecieron por heridas. Más de sesenta fueron heridos.
    Tuvieron el valor del soldado. Tuvieron también el valor cívico. La mayor parte de ellos habían sido lanzados muy jóvenes a la guerra civil española. No tenían ninguna formación profesional. No tenían oficio, solamente sabían pelear. Todos se pusieron al trabajo con ardor y corazón. Casi todos se hicieron con una situación envidiable. La mayor parte quedaron en Francia. Otros volvieron a Africa del Norte, de donde debieron marchar, obligados por los acontecimientos. Otros incluso volvieron a España, como el teniente Granen y el sargento Caballero.
    Es para mí una inmensa satisfacción y un gran honor haber sido el compañero de hombres tales, y una gran alegría el volver a verles. Han guardado el recuerdo y la amistad; muchos de ellos se encuentran en el curso de una reunión anual; la Nueve continúa existiendo en las memorias.
    R. D.
     **Articulo de la revista Tiempo de Historia nº 85, diciembre 1981

    La Nueve 6ª Parte

    EL INVIERNO ALSACIANO  

    El capitán vuelve a la Nueve el 27 de noviembre, tras su permiso. Ha cambiado mucho. Ya no es la compañía española del principio. Se ha convertido en una compañía franco-española. Muchos de los antiguos ya no están allí: han sido muertos o gravemente heridos. La unidad ha sido probada moralmente: el recuerdo de los camaradas perdidos entristece a soldados y a cuadros; el frío sorprende duramente a estos hombres; de los cuales muchos no han conocido hasta ahora más que el sol y el calor; piensan en España, algunos piensan ir allí y reemprender el combate.
    La Nueve tiene un nuevo rostro. El teniente Granell, psíquicamente afectado, dado de baja por enfermedad, ha sido sustituido por el teniente Dehen. La primera sección está mandada por el ayudante Moreno; la segunda por el sargento Calero, que pronto será sustituido por el subteniente Porteres.
    De finales de noviembre a finales de diciembre de 1944, la Nueve tomará parte en una serie de encuentros en la llanura de Alsacia, entre los Vosgos y el Rhin, al sur de Estrasburgo. La toma de cada pueblo precisa combates y suscita inmediatos contraataques. La aviación alemana ha vuelto a su actividad. Surge bastante a menudo en vuelo raso y nos ametralla.
    Entre las noticias recibidas, un español evadido de Alemania.
    El ayudante-jefe Campos ha vuelto recientemente a la compañía. Se pensaba para él la creación de un grupo franco, conveniente a su carácter. Había desaparecido cuando el asunto de Binderheim. Formaba parte de un destacamento que operaba a nuestra derecha. Según su costumbre había partido en patrulla solitaria. No había vuelto. Debió caer en una emboscada. Nadie tendrá ya nunca noticias de él. Este misterio dará origen a una serie de leyendas. El personaje se prestaba: era un fuera de serie.
    Fines de diciembre de 1944, somos relevados. La Nueve es puesta en relativo reposo, dispuesta a proseguir a la primera alerta. Hace cada vez más frío; los blindados ya no dependerán de los caminos: podrán evolucionar sobre el suelo helado.
    El día 1 de enero, al advenimiento del año 1945, es digna y alegremente festejado. Sin embargo, los hombres y el material han sido duramente castigados. Muchos de los antiguos han desaparecido, muertos o heridos. La unidad necesita un buen reposo para rehacerse moralmente, psíquicamente, materialmente. Se habla de ello; y la 2ª D.B. comienza a ser relevada por una división de infantería del Primer Ejército, la antigua primera División Francesa Libre.
    En la noche del 1 al 2 de enero, llega la orden de partida. Los alemanes han contraatacado a través de las Ardenas; aprovechando el mal tiempo, la niebla, la nieve, que impiden salir a los aviadores aliados, han aplastado al Ejército de Patton. El alto mando americano ha decidido rectificar su frente y evacuar Estrasburgo y la Alsacia del Norte. El general De Gaulle, Presidente del Gobierno Provisional Francés,... decide conservar Estrasburgo y Alsacia. Clásico conflicto entre el poder militar y el poder político. La 2ª D.B., que formaba parte del Ejército americano, debía obedecer sus órdenes. Pero, en su calidad de dueño del poder político de Francia, el general De Gaulle encargó al Primer Ejército Francés la defensa de Estrasburgo. Los acontecimientos le dieron la razón. Y la capital de Alsacia escapó a una reocupación que le hubiera costado cara.
    En todas las localidades que atravesábamos, los habitantes, desesperados, nos acusaban de abandonarlos y traicionarlos. Estamos dispuestos para cerrar el camino a una ofensiva alemana. Tenemos que desconfiar de pequeñas unidades enemigas vestidas con uniformes americanos que operan con carros y material americanos.
    El 19 de enero, orden de partida. Volvemos a Alsacia. Vamos a finalizar la liberación entre los Vosgos y el Rhin en unión con el Primer Ejército. El tiempo era espantoso: frío, nieve, hielo. Los vehículos, ruedas y cadenas, resbalaban sobre la nieve helada. Los alemanes se defienden ferozmente. 
    Al día siguiente por la tarde, la Legión de la 1.° D.F.L. ataca, con el apoyo de nuestros carros y de las secciones de Moreno y Porteres. Durante la noche, la sección de Moreno, instalada en el extremo de un bosque, sufre un ataque de la infantería apoyada por tiros de artillería.
    El frío aumenta; numerosos cuadros y soldados tienen los pies helados. Necesitaríamos calzado de nieve; el que ha llegado ha ido a proteger los preciosos pies del personal de los estados mayores y de los servicios. La consigna es mantenerse, liquidando la bolsa y llegar al Rhin.
    El 29 de enero nos enteramos que el teniente coronel Putz ha sido muerto. La noticia apena a todo el mundo y en particular a los españoles.
    Ahora conocemos una novedad: aviones alemanes de una extraordinaria velocidad, aviones a reacción; una «arma nueva» impresionante; en picado sorprenden y abaten a cada golpe un avión aliado; y sus ataques son impresionantes, las bombas nos caen encima sin que hayamos tenido tiempo de reaccionar.
    El frío persiste. Alcanza 22 grados bajo cero. Todavía pies helados. La sección de Aboville se bate cuerpo a cuerpo con infantes que durante la noche se han infiltrado en el bosque. El 31 de enero, el frío ha disminuido. Igualmente, comienza a deshelar. La tragedia de los pies congelados se termina. El enemigo decrece por todas partes. Parece que se ha defendido duramente para mantener en paso sobre el último puente a través del Rhin que puede utilizar, en Mrckblsheim.
    Los fusileros-marinos de la 1ª D.F.L. llegan al puente de Markblsheim sobre el Rhin. No está destruido. En seguida nos enteramos que algunos alsacianos civiles habían imposibilitado concienzudamente al capitan alemán encargado de hacerlo saltar. La orilla alemana aparece abandonada. Unico signo de vida: algunas ligeras humaredas que se escapan de los blockhaus.
    El 2 de febrero, la Nueve marcha a Selestat. En esta batalla de la bolsa, ha perdido cuatro muertos, once heridos y cincuenta hombres evacuados por graves congelaciones en los pies. Cinco de sus orugas han sido puestas fuera de combate. La batalla de Alsacia ha terminado.  

    La Nueve 5ª Parte

    EL CAMINO SOBRE ESTRASBURGO Y EL RHIN  

    El 16 de noviembre por la mañana, un primer contingente de permisos se va. A las 14,15, llega la inesperada orden: la Nueve forma parte de una subagrupación a las órdenes del teniente coronel La Horie, que tiene por misión ocupar Badonvillers. La compañía reducida va a batirse durante toda la mañana contra un adversario tenaz, mordiente, sólidamente situado, bien provisto de armas. Es preciso rendir las resistencias una tras otra. En el último bastión, el coronel alemán responsable del sector se dispara una bala en la cabeza; los últimos defensores salen y se rinden.
    Finalmente, Badonvilliers es tomado, inundado, ocupado. Pero la cuestión ha sido caliente, nos ha costado cara. La compañía ha perdido seis muertos y catorce heridos evacuados, la mayoría gravemente afectados. Entre los muertos, se cuentan antiguos y valerosos elementos como el sargento Bullosa, los soldados Antonio Martínez, Nicolás López...
    Las secciones son puestas bajo las órdenes jóvenes suboficiales. Moreno, promovido a ayudante, ejerce las funciones de oficial adjunto.
    Leclerc pone a punto su plan: rápidamente, indica a cada columna su itinerario y su misión. El 21 de noviembre por la mañana, la cabeza de columna está dispuesta desperdigarse sobre la llanurj de Alsacia. Saverne es desbordado. El camino está conquistado.
    Sin dejar al enemigo tomar un respiro, Leclerc lanza lo esencial de sus fuerzas sobre Estrasburgo. La infantería americana sigue en apoyo.
    El 23 de noviembre, al levantarse el día, dos agrupaciones de la División se lanzan sobre Estrasburgo por cinco itinerarios diferentes. Misión: ir adelante lo más rápidamente posible, desbordar las resistencias y ocupar el puente de Kehl, el gran paso sobre el Rhin. 10,30: la subagrupación del coronel Rouvillois entra en Estrasburgo. La sorpresa es total: los habitantes se encuentran en sus ocupaciones como un día ordinario. A través de la ciudad, Rouvillois corre a toda velocidad hacia el Rhin, franquea las exclusas y el Petit-Rhin, y llega ante Kehl. La defensa alemana se organiza... El puente salta. La División no ha podido entrar en Alemania por sorpresa. Pero Estrasburgo es conquistado y ocupado intacto... la bandera azul blanca-roja ha sido izada en la punta de la flecha de la catedral de Estrasburgo. El juramento de Koufra se ha realizado. El juramento de Koufra fue pronunciado el 2 de marzo de 1941 por el coronel Leclerc después de la toma de la célebre ciudadela italiana en el corazón del Sahara: «No nos detendremos hasta que la bandera francesa ondee sobre Metz y Estrasburgo.»  

    La Nueve 4ª Parte

    DE PARIS A LORENA  

    E] carburante y la orden de marcha terminan por llegar. Dejamos el Bosque de Bolonia y París el 8 de septiembre al alba. Marchamos hacia el Este, hacia Lorena, el Rhin y Alemania.
    El 12 de septiembre, prosigue el avance, con choques con un enemigo en retirada, que instala defensas escalonadas sobre un terreno difícil, dividido parcialmente, boscoso.
    Mientras que el grueso de la División libra una gran batalla de carros en Dompaire, nuestro grupo establece una cabeza de puente sobre el Mosela, en Chatel.
    Múltiples combates, a menudo violentos, detienen nuestro avance. Operamos en varios destacamentos de infantería y carros con apoyo de artillería, en coordinación con las autoametralladoras. Estamos muy dispersados, nos desplazamos sin cesar, ocupamos mucho volumen. El 15 de septiembre... Uno de nuestros carros, demasiado avanzado sobre una cresta, recibe un obús. Los españoles consiguen sacar del carro, que explota y arde, a cuatro de los cinco miembros del equipo, muy gravemente heridos y quemados.
    El 16 de septiembre a la caída de la tarde, la sección de Campos se repliega y se instala defensivamente unida a la sección de Montoya y los carros de la 501. Minamos con cuidado los itinerarios por los cuales los Panzer alemanes pueden infiltrarse.
    Antes de la caída de la noche, los alemanes entablan un ataque en toda regla. El cabo Cortés pone fuera de combate un grueso Panther a golpes de bazooka, después de un verdadero cuerpo a cuerpo con el monstruo de acero. Somos atacados por una división blindada entera. La batalla se endurece; la noche es relativamente clara, sin embargo los blindados enemigos son poco visibles al abrigo de las cubiertas y de los desfiladeros. Con medios muy superiores, los alemanes acentúan su presión. Una de nuestras orugas ha sido tocada, el sargento Díez está mortalmente herido. Dos de nuestros carros arden...
    Tenemos pérdidas: tres muertos contando al sargento Díez, nueve heridos evacuados, entre ellos el subteniente Montoya. El sargento Fermín Pujol, el hermano de Pujol, Constante, ha sido muerto en Ecouché, se hace curar sobre el terreno. Se niega a dejarse evacuar y vuelve a ocupar su puesto de combate.
    En la noche del 16 al 17 de septiembre, hacia las dos de la madrugada, recibimos la orden de replegarnos y volver a cruzar el Mosela antes del alba. Tenemos ante nosotros un adversario demasiado superior en medios. Los hombres están furiosos; tienen la sensación de haber entregado una victoria. Al alba, todos nos encontramos en Nomexy, en la orilla izquierda del Mosela. El enemigo no recuperará Chatel, vacío, hasta la llegada del día. Los alemanes y sobre todo sus siniestros aliados, los milicianos franceses, ejercerán crueles represalias contra los civiles que allí han quedado. Fusilarán en primer lugar al alcalde.
    Desde la tarde del 18 de septiembre, orden de partida. Volvemos a Nomexy para apoyar a la subagrupación del coronel Cantarel, que ha recibido la misión de recuperar Chatel. 
    El 19 por la mañana... Progresamos en marcha hacia el Este. Múltiples choques con fuerzas alemanas en repliegue. El teniente Granell lanza con mucha fuerza su destacamento al ataque. Garcés está herido.
    El grueso de la División, apoyado por la aviación americana, ha ganado una gran batalla de carros en Dompaire y ha infligido una severa derrota a los alemanes... Nuestro material ha sido puesto a prueba. Nuestros efectivos se han visto reducidos a un total de 136.
    El 26 de septiembre, el capitán, el jefe ayudante Campos, el sargento Pujol y el cabo Cariño López son llamados a Nancy, donde el general De Gaulle en persona les condecora. 
    Cerca de dos meses, vamos a inmovilizarnos. La guerra de posiciones sucede a la guerra de movimientos. Algunos dramas, algunos ataques marcan esta larga espera. La configuración del terreno es favorable a los alemanes, que ocupan los puntos dominantes. 
    El 14 de octubre, una de nuestras patrullas cae en una emboscada en el pueblo de Menarmont. Su jefe, el sargento Ramón Etarict, un catalán, un as, un hombre cultivado y valiente, y el soldado Vázquez, dos bravos entre los bravos, son muertos. El capitán va a recuperar la patrulla con tres carros ligeros y dos orugas. Al día siguiente, Etarict y Vázquez son inhumados en el pequeño cementerio vosgo de St. Maurice sur Mortagne.
    Finales de octubre, la División recibe la misión de ocupar Baccarat y su región. Campos y algunos hombres atacan con bazooka un carro alemán, que se demuestra invulnerable y que responde con el cañón. Campos queda herido. A la izquierda, la sección del sargento-jefe Moreno, que ha reemplazado al subteniente Montoya, avanza con metralleta y con granadas y hace saltar un carro con bazooka. En el centro, Granell dirige al asalto a los infantes de a pie. El cabo Montaner, aislado un momento, es capturado por un grupo de alemanes; finalmente, es él quien va a entregar a sus guardianes como prisioneros.
    Unos cincuenta cadáveres alemanes han quedado sobre el terreno. Nosotros tenemos también pérdidas (seis muertos, de los cuales tres de la Nueve, y trece heridos, de los cuales cinco de la Nueve). Nuestros muertos, el sargento Careno y los soldados González y Perea, han sido inhumados en el cementerio de Vacqueville.
    El 3 de noviembre, el sargento Gualda descubre un documento preciso: el plan alemán de minado de todo el sector. Somos relevados por americanos. Bajo la lluvia y los obuses, abandonamos Vacqueville. Nos instalamos en la pueblo de Azerailles. La mayor parte de las casas está destruida; las otras han sido desvalijadas por los alemanes antes de su marcha.
    Llueve. Pateamos en el agua. En el horizonte, percibimos en el cielo gris la línea blanquecina de los Vosgos. Ya nieva.
    12 de noviembre: despertar en la nieve, hace frío.
    No se prevé de inmediato ninguna misión de envergadura. El general hace partir un primer contingente de permisos para una breve ausencia, entre ellos el capitán, que no ha vuelto a ver a su familia desde la primavera de 1939, y seis suboficiales y soldados.  

    La Nueve 3ª Parte

    A TODA VELOCIDAD SOBRE PARIS.  

    El 22 de agosto, caída la tarde, llega la orden. Toda la División levanta el campo el 23 por la mañana. Las vanguardias americanas han sobrepasado Chartres y ocupan el Sena a uno y otro lado de la capital. El alto mando americano duda. No quiere batallas callejeras que podrían ser ásperas y largas. La tempestad azota la costa normanda. Los desembarcos de gasolina y de municiones han sufrido retrasos. El camino hacia adelante es difícil y prolongado a lo largo de caminos en los que las obras de arte han sido destruidas; los ferrocarriles están inutilizables; las unidades ocupadas corren el riesgo de carecer de carburantes y de municiones. Las noticias que se filtran desde París son inquietantes: la población se ha sublevado contra el ocupante. Los responsables políticos y militares americanos no quieren verse mezclados en las competencias políticas que estallan en el París insurreccionado. Por el contrario, el general Leclerc y el general De Gaulle, que se encuentra en Normandía, pretenden entrar en la capital para evitar que sufra la suerte de Varsovia, para impedir destrucciones y masacres. Las llamadas de socorro de los insurrectos se hacen cada vez más apremiantes.
    De noche, bajo avalanchas de lluvia, avanzamos a ciegas. Vamos a entrar en contacto con las fuerzas alemanas que defienden la periferia de París. El suelo está anegado. Nos encontramos aprisionados, ahogados. Los vehículos se atrancan. A duras penas nos preparamos para el combate.
    Los enfrentamientos se suceden en un extraño ambiente de kermesse. Una multitud entusiasta, surgida de todas partes, rodea los carros, los hombres, y los paraliza. De pronto, suenan ráfagas, estallan obuses. La multitud se dispersa. Guardo la imagen de una chiquilla radiante que, subida en la torrecilla de un carro, cae a lo largo del blindado, cubierta de sangre: ha recibido una ráfaga en pleno rostro. Extraña batalla: cuando cesa el fuego, la gente vuelve; desaparecen de nuevo cuando se reanuda. ¡Cuantos imprudentes han pagado con su vida su loca alegría! Una alegría rara, pero invencible, retardadora, que da respiro al enemigo y lo favorece.
    Tengo la sensación de que el camino hacia París está abierto. Subitamente, por radio, recibo la orden de retroceder sobre el eje al sur de la Croix de Berny. Decisión absurda: el eje está ya demasiado obstruido. Conviene, por el contrario, alejarse y sobrepasarlo. Mis observaciones no son atendidas. La orden es confirmada, brutal: retroceder sobre el eje. Furioso, asiento. Dejo la columna un poco atrás, para no aglutinarla sobre el eje, donde hay demasiada gente y vehículos. Avanzo solo, a pie para hacerme una idea y establecer la unión. Caigo sobre el general Leclerc, que golpea el suelo con su bastón, lo que en él es un signo de mal humor. Está furioso al constatar que la columna se ha detenido y que no maniobra. Me apostrofa:
    —Dronne, ¿qué ha hecho usted?
    Le explico la orden que he recibido, que para mí es fácil desbordar las resistencias, y que es posible lanzarse hacia París sin demasiados riesgos:
    —No se ejecutan las órdenes idiotas, truena.
    Se pone más sonriente. Me hace precisar mi idea. Reflexiona algunos instantes. Y de pronto, lanza:
    —«Bueno, arrójese sobre París. Pase por donde quiera, arrójese al corazón de París, diga a los parisienses que no se desmoralicen, dígales que toda la división estará en París mañana por la mañana.»
    Por la tarde avanzamos. Son las 19 pasadas. El general Leclerc está inquieto. Ha recibido informes alarmantes de París. Teme represalias alemanas contra la población. Quiere asegurarse, volver a dar esperanza a los parisienses, actuar con el máximo de rapidez.
    No dispongo más que de dos secciones, las secciones de Campos y de Elías, y de la sección de mando de la Nueve. La sección Montoya está detenida y clavada en el suelo ante la Croix de Berny. Su jefe, Montoya, será herido. Dos secciones de combate, es poco. Leclerc me ordena tomar las unidades disponibles que se encuentren en las proximidades.
    La pequeña columna se mueve a las 20 horas. Guiada por un parisiense, se oculta fuera de las grandes arterias a la derecha de Fresnes, a través de las localidades de la zona Sur, en medio de una población delirante. Hombres, mujeres, niños abren camino en algunas calles obstruidas por árboles caídos, cargan los troncos de la misma manera que las columnas de hormigas transportan los granos de trigo. 
    20,45. Llegamos a la Puerta de Italia. Es París. Hay gente en el lugar. Huyen a nuestra vista; nos toman por una columna de alemanes. La plaza se ha vaciado. Parten gritos de las casas: «¡Son los americanos!» Salen todos. Luego se oye. «¡Son franceses!» Es el entusiasmo. Una alsaciana en traje regional se instala sobre la cubierta del jeep del capitán. Pero no estamos allí para efusiones y abrazos. Es preciso enfilar hacia el corazón de París. Guiado por un armenio que conduce un curioso ingenio, el festivo jeep con la alsaciana colocada sobre la cubierta, la pequeña columna se lanza a toda velocidad hacia el Sena, evitando a la vez las barricadas elevadas por la resistencia y los puntos de apoyo alemanes. El fragor de los motores y de las cadenas domina el ruido de algunas detonaciones. Atravesado el Sena por el puente de Austerlitz, recorrida la longitud de los muelles, desembocamos en la plaza del Ayuntamiento. El gran reloj de la fachada del monumento marca exactamente 21 h, 22. El reloj anda según la hora alemana. Todavía es de día. El capitán dispone la columna alrededor del Ayuntamiento para detener un posible contraataque. Luego, junto con el teniente Granela y el soldado Pirlian, entra en el Ayuntamiento de París, sube arriba y penetra en el gran salón donde el estado mayor político de la Resistencia parisiense está reunido, siendo su presidente Georges Bidault. Es el encuentro de los voluntarios de la Francia Libre venidos de ultramar y de la resistencia interior. Momento de intensa emoción. La frenética alegría engendra una bella conmoción. Felizmente, una larga ráfaga de ametralladora disparada desde el exterior, pasa por las grandes ventanas abiertas
    y destroza la gran araña del salón imprudentemente iluminado. Esto hace volver a las realidades. El ocupante está todavía aquí. No son tres carros Sherman, quince orugas y algunos vehículos quienes pueden destruirlo, capturarlo o cazarlo.
    Todas las campanas de París se han puesto a sonar, en último lugar el gran Bourdon de Nuestra Señora. Tocan por la liberación. Noticia todavía prematura que hace salir a los parisienses a las calles y suscita reacciones de los alemanes, nerviosos y desmoralizados. El capitán deja el mando al teniente Granell, y cerrada ya la noche, va a tomar contacto con el estado mayor militar de la Resistencia en la Prefectura de Policía, que ha sido ocupada por policías insurrectos.
    La misión ordenada por el general Leclerc ha sido cumplida. Los parisienses saben que los blindados aliados han entrado en París, ignoran cuántos son, pero han tomado confianza de nuevo. A la caída de la noche, un pequeño avión Piper de observación se lanzó en vuelo rasante hasta la Prefectura y lanzó un mensaje. Están allí el general Chaban, el nuevo prefecto
    de Policía Luizet, y Parodi, que tienen rango de ministro del Gobierno Provisional y que representa al general De Gaulle. En la mañana del 25 de agosto nuestro pequeño destacamento ocupa la central telefónica de Archives. El golpe duro llega en la calle del Temple. De una casa situada al otro lado de la Central, un grupo de soldados alemanes y de civiles abre instantáneamente fuego; el subteniente Elías es herido en pleno pecho; luego el sargento Cortés y el jefe de carro Caron. Este último no sobrevivirá. Elías y Cortés, gravemente heridos, pasarán varios meses en el hospital.
    Los diversos destacamentos de la D.B. dirigen la batalla en todo París y suprimen las resistencias alemanas una tras otra. El general Von Choltitz, comandante del Gross París, es capturado y firma la rendición de las tropas situadas bajo su mando. De noche, París está liberado. La capital ha escapado a la destrucción ordenada por Hitler. París, salvado, liberado, intacto, ¡es un verdadero milagro!
    Por la tarde, la multitud se agolpa en la plaza del Ayuntamiento. Espera al general Leclerc. Es el general De Gaulle quien se presenta. Es delirantemente ovacionado.
    En la mañana del 26 de agosto, se produce el descenso triunfal de los Campos Elíseos, desde el Arco de Triunfo. El general De Gaulle y todos los estados mayores marchan a pie hasta la plaza de la Concordia en medio de una frenética marea humana, difícilmente contenida. Los hombres de la Nueve sobre sus orugas les siguen inmediatamente detrás y aseguran la protección adecuada. En la plaza de la Concordia, los oficiales suben a automóviles y se dirigen a Nuestra Señora. Cuando entran, una ráfaga estalla. El misterio nunca ha sido bien aclarado. Con toda seguridad, algunos tiradores situados en los tejados han abierto fuego sobre el cortejo. Entre la multitud enfebrecida, hay numerosos hombres armados, auténticos resistentes y sobre todo resistentes de última hora inexperimentados, que se han hecho con armas que portaban los alemanes en el momento de su rendición. De entre la multitud, numerosos tiradores hacen fuego hacia los tejados. Hay militares que se mezclan. El petardazo se extiende a través de la ciudad. Será difícilmente calmado. Mucho ruido para tan poca cosa.
    Toda la División reposa, repara, se completa, rápidamente rehace sus fuerzas en el Bosque de Bolonia. Son las breves delicias de Capua. Se retrasa el avituallamiento de gasolina.   

    La Nueve 2ª Parte

    EN LA BATALLA DE NORMANDIA  

    La 2ª D.B., no fue lanzada hasta los primeros días de agosto de 1944, cuando se amplió la cabeza de puente. Incluida en el Ejército del general americano Patton que había abierto una estrecha brecha a la altura de Avranches, participó en el gran movimiento de cerco de las fuerzas alemanas de Normandía.
    Los encuentros se sucedían, con violencia variable. Ampliábamos nuestro conocimiento de los Panzer alemanes, y sobre todo de los famosos Panther. Son muy superiores a los Sherman, en blindaje y sobre todo en cañón. A pesar de esta desventaja, nuestro destacamento no lo hace mal. Y es cierto que la aviación americana es la dueña absoluta del cielo durante el día.
    Con su sección, el teniente Campos da un osado golpe de mano, acorrala y captura a ciento treinta alemanes, sin causar apenas heridos ni destrucciones en los vehículos, y libera a ocho americanos prisioneros. La jornada del 16 de agosto es particularmente dura. Tenemos pérdidas, entre ellas los sargentos Pujol y Poreski, muertos en combate cuerpo a cuerpo. Los bombardeos y los encuentros se repiten durante todo el día.
    El 17 por la tarde, la 3ª sección del teniente Campos rechaza un contraataque alemán: grupos de SS han franqueado la orilla del Orne, se han infiltrado en nuestro flanco, y atacan. Al principio de la acción, el soldado Helio Roberto es gravemente herido por disparos en el vientre; al caer, abate a uno de sus asaltantes. Poco antes de las 18, todo ha terminado. Campos ha llevado el asunto admirablemente. Variamos nuestros dispositivos noche y día, lo que desorienta a nuestros adversarios. El 19 de agosto por la mañana, llegan tropas británicas. Se ha realizado la unión. La batalla de Normandía se acaba. Hacemos el balance. Hemos infligido duras pérdidas al enemigo. También nosotros las hemos sufrido, pero felizmente mucho más ligeras: siete muertos en combate y diez heridos graves evacuados.
    Llegado el momento del reposo, la compañía se rehace, reemplaza, repara y pone en buen estado su material y su armamento; alista también a los primeros voluntarios que vienen a llenar los vacíos. Todos somos optimistas: hemos conocido el éxito del desembarco en la costa de Provenza. Esperamos pues la orden de avanzar sobre París. Pero tarda en llegar.  
     

    La Nueve

    Una compañía española en la batalla de Francia y de Alemania (1944-1945)

    Raymond Dronne

    Numerosos españoles refugiados de la guerra civil, y descendientes de inmigrados instalados desde mucho tiempo antes al norte de los Pirineos, tomaron parte en los combates de la última guerra mundial en Francia.

    Algunos se batieron en la clandestinidad, sobre todo en los maquis del Sudoeste de Francia, región donde los refugiados y los inmigrantes eran particularmente numerosos. Unos depusieron las armas después de la marcha del invasor. Otros, lanzados en persecución de las tropas alemanas en retirada, se unieron en el valle del Ródano y en el Este al Primer Ejército Francés que había desembarcado en las costas de Provenza a mediados de agosto de 1944 y se integraron en las unidades regulares hasta el final de la guerra.

    Antes del desencadenamiento de las hostilidades, en septiembre de 1939, refugiados de la guerra civil se habían alistado en la Legión Extranjera Francesa.  Cuando el conflicto estalló, muchos españoles se alistaron para toda la duración de la guerra. Después del desastre de junio de 1940, algunas unidades pudieron replegarse sobre África del Norte. Junto con las que habían quedado allí, iban a constituir los elementos más importantes del futuro Ejército de la Liberación.

    Estas tropas de África del Norte comprendían a numerosos españoles, refugiados y descendientes de emigrantes hispánicos que había hecho fortuna sobre todo en el Oranesado y en Marruecos. 

    ¿Cuántos eran? Sus efectivos parece que nunca han sido contados. Y no es fácil hacerlo.

    La mayor parte de los que provenían de España o de la Francia metropolitana se alistaron bajo falsas identidades, preocupados por sustraer a sus familias a eventuales represalias. Este fue también el caso de tantos jóvenes escapados de Francia.  

    EL EJEMPLO DE LA «NUEVE»  DE LA 2ª DIVISION BLINDADA DEL GENERAL LECLERC.  

    Existió una unidad del Ejército regular compuesta casi por completo por voluntarios españoles: la 9.° Compañía del Regimiento de Marcha del Chad, la Nueve, de la famosa 2ª División Blindada del General Leclerc. Tuve el honor y el orgullo de ser el jefe de esta Nueve, desde su constitución en el curso del verano de 1943 hasta la primavera de 1945. Me adoptaron desde el principio, debido quizá a que había llegado del hospital, todavía mal recuperado de mis heridas, con un brazo en cabestrillo. El Regimiento de Marcha del Chad nació en Argelia, en la región de Djidjelli. Entre los alistados hubo numerosos españoles procedentes en particular de los Cuerpos Francos de África. Estos Cuerpos Francos habían sido formados por voluntarios a partir del desembarco americano en Marruecos y Argelia. Entre estos voluntarios había un buen número de españoles, casi todos evadidos de los campos de trabajadores que construían la línea férrea de Colomb-Béchar. Muchos de ellos eran militares transformados en trabajadores forzados desde 1940 bajo la vigilancia de las comisiones de armisticio alemana e italiana.

    Los voluntarios españoles fueron repartidos en diferente proporción entre todas las unidades. Un alto porcentaje fue dirigido al Tercer Batallón del Chad, mandado por un oficial que había combatido en las Brigadas Internacionales en España, el Comandante Putz, oficial dinámico, experimentado, valiente. La 11 Compañía, la Compañía de Acompañamiento y la Compañía de Apoyo también recibieron voluntarios españoles. Pero el mayor número de ellos fue enviado a la 9ª, que adoptó la denominación de Compañía Española y familiarmente la de La Nueve.

    Casi todos ellos habían participado en la guerra de España del lado de los republicanos. Habían vivido innumerables aventuras y tribulaciones. Algunos habían llegado al continente africano en barca. La mayor parte habían atravesado los Pirineos, vivido un tiempo más o menos largo en los campos de refugiados, y luego servido en el Ejército francés de 1939-40.
    Conocían el amargo recuerdo de haber sufrido dos derrotas. Un inmenso deseo de revancha y de victoria les empujaba. La perspectiva de unirse a los franceses libres surgidos de las arenas del desierto, de pasar a las órdenes de un joven jefe ya aureolado de leyenda, el general Leclerc, les daba una gran confianza.

    Desde Argelia, la División fue transferida a Marruecos y se instaló entre Rabat y Casablanca para recibir su material, familiarizarse con él, entrenarse. La mayor parte carecía por completo de conocimientos de mecánica. Se pusieron a la obra con ardor. Rápidamente, la cadena de montaje de la Nueve se puso al nivel de los mejores por la rapidez y la calidad de su trabajo.

    Los treinta suboficiales eran en gran mayoría españoles, contándose entre ellos el teniente Campos, jefe de la 3ª sección, un coloso originario de las Canarias; Moreno, adjunto al subteniente Montoya; Bernal (Garcés), adjunto al teniente Elías. Había también dos alemanes, antiguos miembros de la Legión Extranjera y de las Brigadas Internacionales, destacando Reiter, experto en armamento e invencible as del combate.

    La casi totalidad de los cabos y de los soldados eran españoles. Había sin embargo, algunas excepciones: un brasileño, un hispanomexicano, un portugués, algunos eslavos, una media docena de franceses, un italiano, dos o tres apátridas. Pero los españoles eran la mayoría con mucho. Se hablaba más español que francés. La mayor parte de los carros llevaban nombres de España: Madrid, Brunete, Ebro, Guadalajara, Guipúzcoa, Guernica...

    Los recuerdos de la guerra de España eran todavía próximos y pesados. Las divergencias de opiniones, de ideales, de tendencias no estaban olvidadas y se manifestaban a veces en rivalidades entre hombres y entre grupos; pero, en definitiva, nunca fueron peligrosas y una armonía general y un buen acuerdo terminaron por reinar en el conjunto de la compañía. El orgullo español se manifestaba por cualquier causa. En Inglaterra, por ejemplo —donde pasamos algunos meses antes de desembarcar en Normandía— todos trataron de comportarse ante la población británica como verdaderos embajadores de la España eterna: vistiendo con cuidado, afeitándose de la misma forma; algunos, de barba muy cerrada, se rasuraban dos veces al día.

    Poseían ya la experiencia del combate. Y eran bravos, de una bravura a veces excesiva. Tras cada combate, los vacíos se llenaban con jóvenes franceses, casi todos carentes de toda instrucción militar. Los viejos luchadores tomaban bajo su protección a estos reclutas inexperimentados, formándolos y protegiéndolos; se comportaban como padres preocupados. Muy rápidamente, en el curso de la campaña, la Nueve se hizo célebre en toda la división.  

     

     

     

     

    Fuente: Compañia Histórica 2 D.B "La Nueve"

    30 June

    Leclerc

    Philippe Leclerc de Hautecloque, nacido Philippe François Marie, conde de Hauteclocque (Belloy-Saint-Léonard, 22 de noviembre de 1902 – proximidades de Colomb-Béchar, Argelia, 28 de noviembre de 1947), militar francés, líder del ejército de las fuerzas de la Francia libre durante la Segunda Guerra Mundial. Fue miembro de la resistencia y con el grado de general, comandó las tropas que entraron en vanguardia de los aliados en París y Estrasburgo en 1944, adentrándose en el sur de Alemania hasta el cuartel de Hitler en Berchtesgaden.

    Participó como representante de la República en la ceremonia de capitulación del Imperio Japonés a bordo del USS Missouri en Tokio, el 2 de septiembre de 1945. Enviado a Indochina en 1946, donde restableció la soberanía francesa, se reunió con Ho Chi Minh y abogó por la resolución política del conflicto que oponía a la potencia colonizadora con los nacionalistas y que más tarde degeneraría en la Guerra de Indochina.

    Murió como consecuencia de un accidente aéreo en Argelia, siendo inhumado en el palacio de los Invalides de París y ascendido al grado de mariscal a título póstumo en 1952.

    En París se encuentra el museo Mémorial du Maréchal Leclerc de Hauteclocque et de la Libération y numerosas ciudades francesas cuentan con monumentos dedicados a su memoria.

    Orígenes

    De familia aristócrata, Leclerc se graduó en la Academia Militar de Saint-Cyr en 1922 con el grado de mayor de caballería y ocupó sus primeros destinos en Tréveris, en la cuenca del Ruhr alemán entonces bajo control francés y posteriormente en el 8º regimiento de sipahis argelino Marruecos. A su regreso, entró en la Ecole de Guerre siendo promocionado a la escala de capitán en 1939 tras ser condecorado con la legión de honor.

    Segunda Guerra Mundial: Batalla de Francia

    Durante la batalla de Francia Leclerc se encuentra sirviendo en el estado mayor de la 4ª división de infantería donde es hecho prisionero de los alemanes a finales de mayo, pero logra evadirse y alcanzar nuevamente las líneas francesas. En junio de 1940 Leclerc forma parte de las fuerzas que se internaron en la región de Champaña, a la órdenes del general Alphonse Juin en una misión de contraataque en la que se enfrentaron a proximidad del río Aurbe con las unidades blindadas del 6º ejército del general Walther von Reichenau, siendo herido el 15 de junio en la cabeza en la batalla y nuevamente capturado. Sin embargo, el 17 de junio Leclerc logra evadirse y tras pasar a España y Portugal, se embarca con destino a Londres donde el 25 de junio se presenta al general De Gaulle que le nombra jefe de los escuadrones.

    Francia Libre: juramento de Koufra

    En agosto de 1940 Leclerc es enviado por de Gaulle al Camerún con la misión de incorporar los territorios africanos bajo control del gobierno de Vichy de Philippe Pétain a la causa aliada. Tras lograr con éxito la adhesión de Camerún y Gabón en noviembre de 1940 es designado al frente de las fuerzas en el Chad, desde donde partió el 25 de enero de 1941 junto con la columna Leclerc hacia una travesia de 650 km en el desierto para atacar el fuerte de Koufra controlado por los fascistas italianos que consiguió conquistar el 1 de marzo. El dia 2 de marzo de 1941, Leclerc pronuncia el celebrado juramento de Koufra por el que se designó el objetivo final de la causa de la resistencia:

    ...Juramos no abandonar las armas hasta que nuestros colores, nuestros bellos colores, floten sobre la Catedral de Estrasburgo. Jurons de ne déposer les armes que lorsque nos couleurs, nos belles couleurs, flotteront sur la Cathédrale de Strasbourg.

    Nombrado general en agosto de 1941, Leclerc prosiguió una campaña de acoso contra los italianos en el sector de Fezzan mientras el alemán Erwin Rommel y sus Afrika Korps se encontraba en la ofensiva de Egipto enfrentándose con los británicos del 8º ejército de Bernard Montgomery. Las campañas de Leclerc y su Force L tuvieron un gran éxito y el 24 de enero de 1943, las tropas francesas entraron en Trípoli estableciendo conexión con los británicos. Integrado con las fuerzas de Montgomery, prosiguieron el avance sobre Túnez finalizado con la entrada en Kairuán el 12 de abril de 1943 y el desfile en la capital el 8 de mayo de 1943. Leclerc fue presentado al rey Jorge V y sus fuerzas se constituyeron a partir del 15 de mayo en 2ª división francesa libre, que daría origen a la 2ª DB o división blindada.

     

    La marcha de la 2ª DB: liberación de París

    Emblema de la 2ème D.B.,unidad de combate liderada por Leclerc
    Emblema de la 2ème D.B.,unidad de combate liderada por Leclerc

    Tras el periodo de consolidación de la 2ª DB en Marruecos, Leclerc es enviado en abril de 1944 a Inglaterra uniéndose a la fuerza aliada en preparación del desembarco de Normandía. Bajo las órdenes del III cuerpo de ejército del general estadounidense George Patton, la 2ª DB desembarca en el sector de Saint-Martin-de-Varreville de la playa de Utah Beach el 1 de agosto de 1944 y participa en los combates de la bolsa de Falaise tras el inicio de la operación Cobra, entorno a las ciudades de Alençon, primera ciudad francesa liberada por Leclerc el 12 de agosto de 1944, y Argentan donde la 2ª DB debía servir de puente entre los canadienses y las fuerzas de Patton, con el objetivo de dirigirse después hacia Le Mans. Sin embargo, el impulso francés fue frenado por contraataques de unidades panzer alemanas y aunque lograron penetrar en Argentan, el consiguiente desorden creado provocó la decisión de los generales Omar Bradley y Montgomery de frenar el avance. Para entonces, el objetivo estratégico y político de la liberación de París por fuerzas francesas, aprovechando la rebelión de los resistentes dentro de la capital y las dudas del gobernador alemán Dietrich von Choltitz, hubo ganado la consideración de de Gaulle y Eisenhower que dieron la luz verde para que Leclerc se retirase de Normandía y avanzara sobre París [1].

    Las unidades de Leclerc, entre las que se encontraban numerosos combatientes republicanos españoles, entraron por la Porte d'Orleans el 25 de agosto de 1944 tras una marcha en la que se perdieron más de un centenar de vehículos y 35 carros de combate, para presentarse en el cuartel de Choltitz de quien recibieron la rendición de la plaza, evitando tras la negociación los planes de Hitler de destruir los principales edificios de París.

    El objetivo de Koufra: liberación de Estrasburgo

    Monumento en honor a Leclerc y la 2ª DB en la Place de l'Opéra de Estrasburgo
    Monumento en honor a Leclerc y la 2ª DB en la Place de l'Opéra de Estrasburgo

    A principios de septiembre de 1944, Leclerc toma posiciones en el frente de los Vosgos para lanzar el asalto sobre los ocupantes en las regiones simbólicas de Lorena y Alsacia. El 13 de noviembre de 1944, la 44 división de infantería americana inició una ofensiva en el sector norte logrando abrir una brecha en la líneas alemanas por las que penetró el XV cuerpo del ejército aliado. La 2ª división blindada se lanzó rápidamente hacia Estrasburgo recorriendo 100 km en 6 días con el apoyo de unidades motorizadas del 2º batallón y la 324 de infantería. Saverne es liberada el día 22 de noviembre y Estrasburgo en la mañana del día 23 de noviembre, logrando incluso tomar intacto el puente de Kehl. Los alemanes a pesar de su debilitada posición, respondieron al día siguiente destruyendo el puente tras lo cual, el estado mayor americano decidió detener la ofensiva para optar por las rutas del norte. Con esta controvertida decisión, se pudo desaprovechar la oportunidad de finalizar antes la guerra en el frente occidental, ya que sólo en marzo de 1945 se lograría tomar otro puente sobre el Rin en Remagen [2] [3]. Al día siguiente de la entrada en Estrasburgo, el 24 de noviembre, soldados del ejército francés exploraron los sótanos del Instituto anatómico en busca de documentos descubriendo en su lugar decenas de cuerpos humanos y fragmentos sumergidos en cubas de alcohol pertenecientes a la "colección" del doctor August Hirt realizada con prisioneros asesinados en el Campo de concentración de Struthof-Natzweiler.

    Fin de la guerra: toma del Nido de las Águilas y el episodio de Bad Reichenhall

    Finalizadas las operaciones en Alsacia con la reducción de la bolsa de Colmar, a finales de abril de 1945 las fuerzas de Leclerc penetraron en territorio alemán alcanzado Baviera con la misión de tomar el cuartel de Hitler llamado del Nido del Águila en Berchtesgaden.

    El 6 de mayo de 1945, la 2ª DB ocupó la villa de Bad Reichenhall donde se encontraban detenidos en un cuartel soldados SS que se habían rendido previamente a los estadounidenses. Entre ellos se encontraban 12 combatientes de origen francés que al conocer la noticia intentaron evadirse siendo finalemente rodeados por varias compañías de soldados de Leclerc y puestos bajo vigilancia. Según el testimonio de varios presentes y las fotografías tomadas [4] Leclerc interrogó directamente a los franceses de las waffen-SS a los que reprochó de vestir el uniforme alemán, a lo que algunos de ellos replicaron por qué él mismo llevaba puesto el uniforme americano. Según estos testigos, Leclerc tomó ésta actitud por un acto de insolencia y decidió su fusilamiento sin asistencia jurídica, sentencia que se cumplió el 8 de mayo de 1945. El episodio dio lugar a una investigación en 1948 que, sin embargo, no permitió clarificar las circunstancias de los hechos y en 1949, los cuerpos exhumados fueron dispuestos en una fosa común del cementerio comunal de Bad Reichenhall.

    Misión en el Pacífico y retorno en África del Norte

    Después de la capitulación nazi, Leclerc fue nombrado comandante en jefe de las tropas francesas en el lejano oriente en lucha contra el ejército japonés partiendo de Francia el 18 de agosto de 1945. Para cuando Leclerc alcanza la región, el ejército japonés se rinde y participa como representante del Estado francés en la ceremonia de capitulación del Imperio Japonés a bordo del USS Missouri en Tokio, el 2 de septiembre de 1945. Leclerc permaneció en Saigon pacificando y retomando para la soberanía francesa el control colonial de Camboya e Indochina, tras desembarcar en Tonkín en marzo de 1946. Partidario de una política de negociación con el movimiento nacionalista de Vietnam, se entrevistó con el líder Ho Chi Minh. Posteriormente fue designado inspector de las tropas francesas en el Norte de África en febrero de 1947. Jacques Leclerc murió el 28 de noviembre de 1947 mientras el avión en el que viajaba se estrelló cerca de Colomb-Béchar.

     

    Fuentes: Wikipedia 

     

    Viajes

    Faltan 16 dias para nuestra salida a Beltring, el War & Peace Festival. Se celebra en Inglaterra y este año es el 25 aniversario. Yo no he estado nunca pero por lo que se cuenta es un acontecimiento excepcional. En él puedes ver renactors de todos los conflictos de la era moderna e infinidad de vehiculos, desde carros de combate T72 hasta Tiger VI pasando por un largo etc. Estamos praprando la salida concienzudamente para desempeñar un papel digno y que nuestra Asociacion, Compañia Histórica 2 D.B la Nueve, quede en buen lugar. Tenemos planificado un display, tras muchos cambios y vicisitudes, que sin ser una maravilla creemos que quedara bastante bien, la lástima es que de el resto de compañeros solo puedan asistir 2 o 3 mas, pero por algo se empieza, lo importante es que hemos recibido la invitacion formal y vamos alli con toda nuestra ilusión representando a nuestro grupo.