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    May 18

    FRANCIA RECONOCE EL MALTRATO AL EXILIO DEL 39

    FRANCIA RECONOCE EL MALTRATO AL EXILIO DEL 39

    nadaEl Gobierno de Sarkozy apoyará la creación de un centro de memoria en el sur del país.

    Público.es/D. BARCALA / A. PÉREZ - MADRID / RIVESALTES (FRANCIA)
    - 08/05/2009

    "Debemos recordar que esos mismos hombres y mujeres, recibidos en Francia con tanto recelo y con tan poca consideración, se implicaron unos meses más tarde en la defensa de la República y de sus valores". Son las palabras del secretario de Estado de Defensa francés, Jean-Marie Bockel, expresadas ayer en el cementerio de Fuencarral (Madrid) por el embajador de Francia en España, Bruno Delaye. Y es que las principales embajadas europeas reconocieron ayer la lucha por la libertad de los brigadistas internacionales y de los republicanos un día antes de que se conmemore en toda Europa el 64 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial.

    Los veteranos españoles presentes en este acto lucieron sus medallas al mérito militar. Ninguna era del ejército español al que pertenecieron. Supervivientes como Emilio Caballero recordaron sus penurias en el campo de concentración y exterminio nazi de Mauthausen. "Un día, los alemanes nos llevaron como perros sólo por defender la libertad. Nos liberaron los americanos después de cinco años allí metidos", recordó ahora, a sus más de 90 años.


    El presidente galo es reacio a recordar el colaboracionismo nazi de Vichy
     
    El mensaje francés recordó la injusticia del trato a los republicanos exiliados pero también reconoció la labor de los 50.000 españoles que sirvieron a la República francesa en las Compañías de Trabajadores y Extranjeros, y de los 8.000 miembros de las Unidades de Combatientes a partir de 1939. "Francia no ha olvidado a los gloriosos combatientes españoles de la Segunda División Blindada que entraron en París el 24 de agosto de 1944, encaramados en lo alto de tanques con nombres como Guernica, Madrid o Don Quijote", señaló el discurso enviado desde París por Bockel.

    El mensaje se transformó en compromiso con el apoyo al proyecto del Museo de Rivesaltes, en el departamento de los Pirineos Orientales (Francia), cuyo fin es "restaurar la memoria y la historia del exilio, del internamiento y de la lucha" de los republicanos desde 1939 a 1944. El embajador francés reconoció que se trata del "primer reconocimiento oficial" de su Gobierno al trato injusto con el casi medio millón de españoles que pidieron refugio en el exilio. Casi 10.000 de ellos acabaron en las cárceles nazis.

    Este reconocimiento supone un cambio de actitud del presidente de la República de Francia, Nicolas Sarkozy, siempre dispuesto a citar a los "resistentes españoles" en ceremonias histórico-funerarias puramente formales por televisión, pero que lo es mucho menos cuando se trata de desenterrar el aspecto más tenebroso del colaboracionismo de Vichy con la barbarie nacionalsocialista. Las autoridades regionales que planearon el centro de la memoria siempre han reclamado la implicación de París en el proyecto.

    Casi 10.000 refugiados españoles acabaron en campos nazis

    En Rivesaltes hoy sólo quedan en pie unas decenas de barracones, alambradas abandonadas, placas conmemorativas y otros murales explicativos en la punta de una carretera comarcal entre esta localidad y Salses, a unos 50 km de la frontera española.

    En el Campo Foch se acumularon 20.000 refugiados españoles. Numerosos alcaldes y vecinos de la región conocida como Midi Rouge (Mediodía Rojo) se desplazaron hasta allí en 1939 para pedir su liberación. El Museo abrirá en 2012 para explicar la historia de un campo que ha sido prisión de republicanos, judíos, musulmanes y, hasta 2007, de inmigrantes indocumentados.

    El PCF (Partido Comunista Francés) y los gaullistas (seguidores del general Charles De Gaulle) contactaron con los republicanos en campos como el de Rivesaltes. Allí captaron a combatientes como Ángel Álvarez, que a las órdenes del comandante Juan de Ricardo, trató sin éxito de iniciar una reconquista republicana a través del Pirineo en 1940. "Nos masacraron", recordó ayer este militar cuyos méritos al servicio del ejército de liberación de De Gaulle le valieron la condecoración de Caballero de la Legión de Honor, otorgada por la República francesa.

    "Francia no olvida a los combatientes que entraron en París en 1944"

    La responsabilidad política de ese episodio histórico que llevó a miles de republicanos a la muerte en campos nazis es ahora investigada por el juez de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno. Una denuncia admitida por este tribunal el pasado 30 de abril trata de demostrar la culpabilidad de las autoridades franquistas en la entrega de los presos a Hitler. Casi 5.000 republicanos murieron en el exterminio.

    "No es un juez estrella"

    La Asociación de Descendientes del Exilio Español, organizadora del homenaje de ayer en Fuencarral, valoró positivamente esta iniciativa judicial. "Esperamos que en esta ocasión prospere al no tratarse de un juez estrella", opinó una representante del colectivo. El acto se celebró en el cementerio de Fuencarral ya que aquí están enterrados los brigadistas caídos en la defensa de Madrid durante la Guerra Civil.

    La Audiencia investiga la entrega, en 1940, de refugiados a Hitler

    Los embajadores de Gran Bretaña, Italia, Rusia, Ucrania, Serbia y representantes diplomáticos de EEUU reconocieron la labor de los brigadistas voluntarios en defensa de la libertad. También estuvieron presentes representantes de varios ministerios del Gobierno español. Andrés Ortega, del Ministerio de Presidencia, recordó que "los brigadistas hicieron lo que debieron hacer sus Gobiernos".
    February 26

    El 33 rememora la batalla del Ebro en un documental

    El 33 rememora la batalla del Ebro en un documental

    1. • El trabajo incluye imágenes inéditas de archivo y testimonios de la contienda
     Tropas republicanas cruzan el Ebro, en 1938, a la altura de Miravet. Foto:  ARCHIVO
    Tropas republicanas cruzan el Ebro, en 1938, a la altura de Miravet. Foto: ARCHIVO
    OLGA LERÍN
    BARCELONA
    EL 33 / 23.00

    El 25 de julio de 1938 el Ejército republicano cruzó el río Ebro y llegó a las puertas de Gandesa (Terra Alta), cogiendo por sorpresa a las tropas del general Franco. Comenzaba así la batalla del Ebro, el episodio más sangriento de la guerra civil, que concluyó el 16 de noviembre y arrojó cifras nefastas para la historia: 40.000 muertos (la población de las comarcas del Ebro disminuyó alrededor de un 15%) y millares de exiliados entre las filas republicanas. El 33 recupera hoy aquel episodio en el documental La batalla de la memòria, una lectura en clave ebrenca sobre la guerra civil.
    Coproducido por Televisió de Catalunya y Mario Pons Produccions Audiovisuals, el trabajo pretende ser "un viaje a la búsqueda de imágenes y amistades a la derecha y la izquierda de las ideologías", según Mario Pons, autor del documental, que se inspiró en la historia de su abuelo Joan a la hora de idear el trabajo. "Nunca me habló de ello. Obviaba el tema y se emocionaba, como la mayoría de los personas que aparecen en la película", explica.
    La batalla de la memòria toma como hilo conductor el proceso de vendimia, prensado y cata del vino. "En una fiesta gastronómica se miran a los ojos por primera vez individuos que durante 70 años no se habían hablado, a pesar de ser vecinos", cuenta Pons. Y se entrelazan testimonios que participaron en la contienda, como Pere Godall, miembro de la denominada Quinta del Biberón (jóvenes reclutados durante la guerra civil) de 88 años que, a los 17, fue al frente. "Jugué a soldados durante seis años y medio. La guerra no se puede explicar: miseria, sed, hambre... Lo coges todo sin querer", relata. Y apunta que cruzó el río tres veces "sin saber nadar".

    LA REPRESIÓN
    El documental pretende también reflejar el silencio que se impuso una vez finalizada la contienda. "El trauma de la guerra aún no se ha superado. El miedo y la represión han forjado nuestro carácter durante estos años", dice Pons, quien insiste en que su trabajo intenta "pasar página" para seguir adelante "con esperanza".
    El relato, de poco más de una hora de duración, recurre a imágenes inéditas de la batalla del Ebro y de sus pueblos procedentes del archivo de la familia Gaya Iglesias, el NODO y la Filmoteca Nacional. Además, cuenta con una banda sonora a cargo de Quico el Cèlio, el Noi i el Mut de Ferreries, en la que destaca la primera versión en catalán de la popular copla Ay Carmela.

    Fuente: EL PERIODICO.COM 25/02/2009

    CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE ARGELERS - FRANCIA

    CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE ARGELERS - FRANCIA

    nadaTV-3 reconstruye el drama de los refugiados republicanos en el sur de Francia.

    El País.es/FERMÍN ROBLES - Barcelona - 20/02/2009

    "Vivir con la memoria es terrible, pero hacerlo sin ella es aún peor". La frase es del veterano documentalista Felip Solé, autor en TV-3 de títulos como Exilis y El tresor del seté camió, donde abordaba el éxodo republicano tras la Guerra Civil. Ahora ha vuelto a investigar sobre la migración de los derrotados para reconstruirla en un nuevo documental: la historia del campo de Argelers (Francia), destino trágico para 300.000 refugiados españoles que cruzaron la frontera a principios de 1939. Como relatan los 25 testigos entrevistados, las condiciones de vida allí fueron extremas. "Si después no hubiera llegado el nazismo, aquello sería recordado hoy como lo peor", explicaba Solé en Argelers durante una pausa en el rodaje el pasado 9 de febrero, precisamente el día en que se conmemoraba el 70º aniversario de la apertura del campo.

    Un monolito recuerda en Argelers a los españoles muertos en sus arenas. La villa vive del turismo y en invierno tiene un aspecto tristón. Sobre todo en este 2009, en que abundan en su agenda cultural los actos que recuerdan "la retirada". "El franquismo interrumpió la memoria en España, pero aquí ha permanecido intacta", apunta el director, que ha recibido del Ayuntamiento todas las facilidades para rodar. La historia del campo también ha dejado su huella en los habitantes del pueblo. Además de la vida cotidiana en el campo, el documental recoge que algunos de ellos se solidarizaron con los presos y pasaban alimentos a través de la alambrada cuando la guardia se descuidaba. "Muchas personas dicen que no existieron campos de concentración y nosotros debemos dar testimonio de que eso no fue así", dice en un esforzado catalán Pierre Aylagas, hijo de dos españoles internos en el campo y actualmente alcalde de Argelers.


    En el documental se han ilustrado los recuerdos de los testigos con un centenar de fotografías -captadas por Robert Capa y Agustí Centelles, entre otros- y con ocho minutos de imágenes que muestran la vida dentro de la alambrada. Algunas de ellas fueron rodadas por el cineasta Jean-Paul le Chanois, que introdujo una cámara en el campo y de forma clandestina consiguió rodar algunas escenas para mostrar el trato que los franceses dispensaban a los republicanos españoles.

    El documental, con un presupuesto de 350.000 euros y coproducido por TV-3, Utòpic y Kalimage, recurre a algunas dramatizaciones, en las que han participado 30 actores y decenas de figurantes. Este recurso permite reconstruir algunos de los episodios de los que no se conservan imágenes.

    El documental se preestrenará en Argelers el 20 de mayo.
    February 25

    Ces Espagnols ont libéré Paris

    Article de Françoise CARIES publié dans La Dépêche du Midi - Samedi 23 AOUT 2004 - La Dépêche

    Ces Espagnols ont libéré Paris Histoire. Pour le 60e anniversaire de la libération de la capitale, on a enfin invité les combattants espagnols. à l'époque, la France n'avait pas été généreuse avec eux.
    Guadalajara, Brunete, Madrid, Teruel, Ebro, Guernica, Santander, Belchite. À côté des insignes de la deuxième DB et de la France libre, les premiers half-tracks qui pénètrent dans Paris pour la libérer le 25 août 1944 portent les noms des principales batailles de la guerre d'Espagne. À bord de ces véhicules blindés semi-chenillés se trouvent deux sections de la neuvième compagnie espagnole de la deuxième DB, la « Nueve », commandée par le capitaine Dronne. De Leclerc, elle a reçu l'ordre de « filer droit sur Paris, d'entrer dans Paris, de prendre tout ce que vous trouverez et de faire vite ».

    Le déroulé de la libération de Paris est connu. Il a été maintes fois raconté avec ses barricades, ses jeunes femmes en liesse embrassant les libérateurs, De Gaulle descendant à pied les Champs-Élysées. Le rôle des antifascistes étrangers, en particulier ceux des maquis de Rambouillet et de l'Oise, est connu. Pas celui des Républicains espagnols. Ils ont été jusqu'ici les grands oubliés de cette bataille.

    Ils ont fait la guerre contre Franco et ses alliés Ils s'appellent Amado Granell, Bamba, Martin Bernal, Fabregas, Montoya, Moreno, Camons, Gualda, Lozano, Royo, les frères Pujol, Carapalo, les Gitans… Des hommes venus de toute l'Espagne. De 1936 à 1939, ils ont fait la guerre contre Franco et ses alliés, Hitler et Mussolini. « Avec des moyens de fortune, ils ont affronté les armes puissantes que les nazis mettaient au point en Espagne et qui sèmeront un peu plus tard la mort en Europe », dit Evelyn Mesquida, spécialiste de la question. En 1939, quand la Catalogne est tombée, ils ont quitté l'Espagne, près de 500.000, une vraie marée humaine, à travers les Pyrénées.

    La France, qui n'est pas en guerre contre l'Espagne et encore moins contre les Républicains espagnols, les parque dans les « camps du mépris », à Argelès, Saint-Cyprien, Barcarès, Sept-Fons, au Vernet… Plus de 15.000 y meurent de leurs blessures, de faim, de froid.

    En 1940, ils sont contraints de participer à l'effort de guerre français. Par milliers, ils sont incorporés de force dans la Légion étrangère. Vichy se méfie de ces « rouges » et les transfère en Algérie. À l'armistice, pour mieux les surveiller, le régime de Pétain les rassemble dans des «camps de châtiment » au Sahara.

    Lors du débarquement allié en novembre 1942, la situation se complique à Alger. Les Américains affichent une nette préférence pour Giraud. Les gaullistes sont affaiblis d'autant plus que la colonne Leclerc qui a combattu au Sahara et au Tchad doit se défaire de ses tirailleurs sénégalais et camerounais, une bonne moitié de ses effectifs. Les Américains ne veulent pas des Noirs dans les unités blindées. Leclerc lance un appel aux « volontaires » espagnols (3.500 selon certaines sources).

    Et ils arrivent. Ils s'évadent des camps du Sahara, ils désertent la Légion. La rumeur courait que le débarquement allait se faire par le sud de l'Espagne. Après avoir vaincu l'Allemagne, ils étaient convaincus de pouvoir retourner en Espagne et de reprendre la lutte contre le franquisme. Avec, cette fois, du bon matériel.

    Ils se rassemblent donc à l'appel du commandant Joseph Putz, héros de la Première Guerre mondiale et des Brigades internationales. Avec lui, ils intègrent le 3e bataillon du régiment de marche du Tchad de la 2e DB, aussitôt appelé le « bataillon espagnol » qui comprenait trois compagnies. Des trois, seule la 9e, la « Nueve », a le statut d'unité espagnole. La plupart de ses officiers sont espagnols. Ils commandent leurs hommes dans leur langue.

    « Du courage et une grande expérience du combat » Combien d'Espagnols sur les 14.500 hommes de la 2e DB qui entrent dans Paris ? Une bonne centaine au 1er août 1944. D'eux, le 1er janvier 1945, le capitaine Dronne écrit : « Les Espagnols se sont remarquablement battus. Ils sont délicats à commander mais ils ont énormément de courage et une grande expérience du combat. Certains traversent une crise morale nette due aux pertes subies et surtout aux événements d'Espagne. »

    À cette date, ils ne sont plus que 51. Une dizaine est tombée en Normandie, 30 à Paris, d'autres dans les sanglants combats d'Alsace.

    Dronne ajoute : « De là à partir sans plus attendre, même en désertant, il n'y a qu'un pas. » Déjà, après la prise de Paris, certains se sont « évaporés » pour rejoindre les leurs dans le sud et le sud-ouest de la France. Ils ont compris que les Alliés ne songent pas à Madrid. Le dernier carré ira jusqu'à Berchtesgaden, le nid d'aigle d'Hitler.

    Tous sont démobilisés sans véritable indemnisation de la part de la France. Il leur faudra attendre soixante ans pour que Paris leur rende hommage.

    Françoise Cariès (article publié dans la Dépêche du Midi le 23-8-2004)

    Louis Royo, le dernier de la «Nueve» « Des Républicains espagnols qui sont entrés dans Paris avec la Nueve, la neuvième compagnie de la deuxième DB, commandée par le capitaine Dronne, il ne reste que moi. Je suis fier de participer au soixantième anniversaire de la libération de la capitale. Pour le cinquantième, personne n'a pensé à nous. Nous n'avons pas été invités aux commémorations. Nous étions alors plusieurs. Maintenant, il ne reste plus que moi. Les autres sont partis sans reconnaissance.
    J'avais 17 ans quand j'ai fui le franquisme. Je suis arrivé en France en 1939 par les montagnes à Prats-de-Molo. J'ai été interné sur place puis déplacé au camp d'Agde. Là, des tantes qui étaient installées dans la région sont venues me réclamer. Leurs hommes étaient à la guerre. Elles avaient besoin de bras à la ferme.
    Quand il y a eu l'armistice, les autorités françaises n'ont pas voulu renouveler mes papiers. Les gendarmes m'ont donné le choix, l'Espagne, l'Allemagne ou la Légion pour laquelle j'ai opté comme beaucoup d'Espagnols. J'ai déserté pour la France Libre, la 2e DB.
    Quand les Américains ont eu consolidé la tête de pont normande nous avons débarqué le 1er août 44 à Omaha Beach. Nous avons nettoyé la poche de Falaise du 7 au 21 août. Le 23, nous avons couché à Arpajon, le 24 neutralisé un char allemand à la Croix de Berny.
    Le 25 à Paris, notre bataillon a libéré les Invalides et l'Ecole Militaire. Le 26, nous avons rejoint l'Hôtel de Ville. Puis on a attendu de l'essence au Bois de Boulogne jusqu'au 7 septembre avant de partir vers la Moselle où j'ai été blessé.
    Depuis, j'ai un bout de ferraille dans le poumon. j'ai été soigné dans un hôpital américain en Angleterre puis j'ai été démobilisé sans un sou, sans habits, sans logement, sans travail »
    .

    Fuente:  http://espana36.site.voila.fr/

    February 23

    Ernst Busch - El gran tenor del proletariado alemán

    Se destacó como intérprete de canciones cuyas letras guardaban alto contenido político, particularmente las del periodista Kurt Tucholsky, en los cabaret de Berlín en el período de entre guerras. Actuó en la producción original de la “Ópera de los tres centavos” de Bertolt Brecht, así como en la posterior película de Georg Wilhelm Pabst.

    Cuando el ascenso de Hitler, en 1933, y bajo la persecución de la Gestapo, decide huir a la Unión Soviética. En 1937 se incorpora a las brigadas internacionales para luchar en contra del fascismo del dictador Francisco Franco en España. Tras la caída de España, fue internado en el campo de Gurs, y posteriormente, tras el pacto del Gobierno de Vichy, preso en Francia y Alemania.

    Tras el fin de la guerra se estableció en el Berlín de la Alemania Democrática, en donde trabajó con Bertold Brecht y Erwin Piscator en el “Ensamble de Berlín” convirtiéndose en uno de los estandartes de dicho estado. Es recordado por su interpretación de Galileo, en el drama de Brecht y por sus apasionadas grabaciones de canciones obreristas, algunas compuestas por el destacado Hanns Eisler. Es de destacar su grabación de “Die Moorsoldaten”, que fue el himno de la resistencia.
    January 07

    Patente de Corso "36 aguafiestas"

    Patente de corso, por Arturo Pérez-Reverte

        TREINTA Y SEIS AGUAFIESTAS

    Lo bonito del putiferio en el que, poco a poco, nos instalamos con toda
    naturalidad, es que las películas de Berlanga empiezan a ser, comparadas
    con el paisaje actual, versiones sosas de lo nuestro. Eso está bien, pues
    con algo hay que disfrutar antes de palmarla. Y los periódicos, y los
    telediarios, y tender la oreja al runrún de cada día, deparan momentos
    sublimes de juerga moruna. Dirán algunos que de ciertas cosas no hay que
    reírse, pues nada tan virtuoso como la indignación ante la injusticia o la
    estupidez. Pero uno acaba por asumir lo evidente. En España, la justicia,
    las virtudes y la indignación ajena importan un huevo de pato. Derechas,
    izquierdas, nacionalistas y demás oportunistas, ciudadanos de infantería
    incluidos, cada cual va a lo suyo. Impasible mientras no le toque. El héroe
    nacional no es don Quijote, sino don Tancredo. De manera que, como
    analgésico, a veces resulta útil atrincherarse en la risa. Reír, según la
    manera, es también un modo de ciscarse en su puta madre. En la de ellos
    –rellenen ustedes con nombres la línea de puntos– y en la de los incautos e
    imbéciles que los engordan.

    La última es finísima. Buscando los restos de doce republicanos asesinados
    en el pueblo turolense de Singra, una asociación para la recuperación de la
    llamada memoria histórica desenterró hace más de un año, por error, treinta
    y seis cadáveres de soldados muertos durante la Guerra Civil, en la batalla
    de Teruel. Examinados los restos por un equipo de arqueólogos y forenses, y
    tras comprobar que allí nadie había sido fusilado, sino que todos eran
    hombres –muchos muy jóvenes– muertos en combate, los bienintencionados
    desenterradores no supieron qué hacer con tanto fiambre fuera de programa.
    De haber sido los doce republicanos asesinados, la historia habría salido
    redonda: homenaje a las víctimas, malvados nacionales y demás parafernalia.
    Incluso con soldados leales a la República, el asunto habría tenido por
    dónde agarrarse. Pero se daba la incómoda circunstancia de que los muertos,
    enterrados en fosa común en el mismo campo de batalla, pertenecían tanto al
    ejército nacional como al republicano. Eran de los dos bandos, mezclados en
    la barbarie de la guerra y la tragedia de la muerte. Españoles sepultados
    juntos, como debía y debe ser. Como lección y homenaje, deliberado o
    casual, de sus enemigos y compañeros. Así que imaginen el papelón. Nuestro
    gozo en un pozo, colega. Esto no hay quien lo venda al telediario. Treinta
    y seis aguafiestas jodiendo el invento.

    Pero lo más fino es la solución. Tan de aquí, oigan. Tan española.
    Disimula, Manolo, y silba mirando para otro lado. Unas cajas de cartón, el
    alijo dentro, y los treinta y seis juegos de huesos depositados en las
    antiguas escuelas del pueblo. Guarden esto aquí un momento, háganme el
    favor, que vamos a comprar tabaco. Hasta hoy. Y mientras escribo esta
    página, los despojos llevan trece meses muertos de risa, metidos en las
    mismas cajas, sin que nadie se haga responsable. El alcalde de Singra, que
    es socialista, anda un poquito mosqueado, diciendo que no está bien tener
    ahí los huesos de cualquier manera; que cualquier día entran unos perros y
    se ponen ciegos mascando fémures de ex combatientes, y que los de la
    asociación desenterradora tendrían que hacerse cargo del asunto, comprar
    féretros y sepultar aquel circo como Dios manda. Y los otros, por su parte,
    llamándose a andana. Diciendo que, como no son los familiares que buscaban,
    pues que tampoco hay prisa, buen hombre. Ni se acaba el mundo ni nos corren
    moros, que decían los clásicos. La asociación es modesta, no está para
    muchos gastos, y ya se hará cargo cuando buenamente pueda. Si puede.

    Y claro. Uno piensa que, por azares de la vida y de la Historia, quien pudo
    acabar en esa fosa tan alegremente abierta pudo ser mi tío paterno, el
    sargento republicano de diecinueve años Lorenzo Pérez-Reverte; o el alférez
    nacional Antonio Mingote Barrachina, que es la bondad en persona, con quien
    me siento cada jueves en la RAE; o el padre de mi compadre Juan Eslava
    Galán, que hizo media guerra en un bando y media guerra en otro. Y los
    imagino a todos ellos, o a otros como ellos, descansando tranquilos y a
    gusto desde hace setenta años en su fosa común de Singra o de donde sea,
    bien juntos y revueltos unos con otros, rojos y nacionales, tras haberse
    batido el cobre con saña cainita y mucho coraje, como Dios manda. Y en eso
    llega una panda de irresponsables, les pone los huesos al aire y los deja
    en cajas de cartón, porque en realidad buscaban a otros. Y las quejas, al
    maestro armero. E imagino sus chirigotas y carcajadas de caja a caja y de
    hueso a hueso. Fíjate, compañero. Memoria histórica, la llaman. Hay que
    joderse. ¿Sabrá un burro lo que es un pictolín? Triste y estúpida España,
    la nuestra. La de entonces y la de ahora. Por esta peña de subnormales no
    valía la pena matarnos, como nos matamos.

    April 19

    Neus Català

    "Lo que yo he vivido, lo que yo he sufrido, yo me lo he ganado". Esto me decía en los cinco interminables días y cinco interminables noches que duró nuestro viaje fatal desde Compiégne, campo de concentración al norte de París, hacia Ravensbrück, campo de exterminio internacional para mujeres.

    Con una temperatura de 22º bajo cero, a las tres de la madrugada del 3 de febrero de 1944, mil mujeres procedentes de todas las cárceles y campos de Francia llegamos a Ravensbrück. Era el convoy de las 27.000, así llamadas y así aún conocidas entre las deportadas. Entre esas mil mujeres recuerdo que habían checas, polacas que vivían o se habían refugiado en Francia, y un grupo de españolas.

    Con 10 SS y sus 10 ametralladoras, 10 "aufsheermen" y 10 "schlage" (látigo para caballos), con 10 perros lobos dispuestos a devorarnos, empujadas bestialmente, hicimos nuestra triunfal entrada en el mundo de los muertos.

    ¿Qué pasaría por la mente de cada una de estas mil combatientes de los Ejércitos de las Sombras, extenuadas por las tareas abrumadoras de la Resistencia, por los largos meses de cárcel, de torturas en los terribles interrogatorios? En unos minutos la boca del Infierno de Ravensbrück cerraría sus puertas y se apoderaría con su engranaje fatal de mujeres heroicas que pronto serían sombras.

    Ravensbrück, ¡mil veces maldito campo! Mi primera impresión fue que yo dejaría muy pronto la vida, que amaba apasionadamente. Ravensbrück, con sus calles negras, sus barracas verdinegras, sus techos negros, su cielo de plomo, sus innumerables cuervos atraídos por el olor a carne quemada y a cadaverina de aquellas supliciadas que sin tregua, día y noche, salían con humareda escalofriante y a llamaradas de mil colores por la chimenea de los cuatro hornos crematorios.

    Mi mente enfebrecida buscaba la evasión y me veía en Guiamets, un pueblecito del Priorat. Recordaba mi infancia rebelde, mi alegre juventud, el haber organizado la JSUC y ser miembro fundador del PSUC. Haber llevado a buen puerto a mis 180 chiquillos de la colonia "Las acacias", en Premiá de d'Alt. De haber cumplido estrictamente mis deberes en la Resistencia, de haber resistido los interrogatorios sin denunciar a nadie.

    Todas estas evocaciones las quería guardar en mi mente. Visiones alegres y exaltantes para dejar este mundo con mi fe intacta en la Victoria; satisfecha de haber sido feliz en paz con mi conciencia.

    No fue el espíritu de aventura lo que me llevaría a más de 2500 km. de mi bella y antigua tierra del Priorat. Ravensbrück era la cima del áspero monte que el estallido del 18 de julio de 1936 me hizo escalar.

    ¿De qué podía quejarme? ¿De haber sido consecuente conmigo misma? ¿De haber abrazado la causa de los oprimidos? ¿De defender la República española? No, no me quejaba, ni me arrepentiré jamás. Estuve y estaré siempre al lado de los que ansían justicia y libertad.

    En Ravensbrück se acabó mi juventud el 3 de febrero de 1944.

    Cuando los obuses "nacionales" caían sobre el Tibidabo, una madrugada del mes de enero de 1939 salía camino del exilio, dejando a Barcelona sumida en el más total y angustioso silencio. A las tres de la tarde se evacuaba hacia la frontera la colonia de niños. Emprendimos el triste exilio.

    ¿Quién tuvo la culpa de esa gran masacre de inocentes? ¡Qué cara pagaría Europa la derrota de la República española! ¡Qué peligros mortales corrió la humanidad entera! Pasados los Pirineos el 8 de febrero del 39, comenzaba la emigración de casi 500.000 españoles. Los campos sin techo, la arena de Argellés, Barcarés, Saint Cyprien, Agde, Colliure, Gurs, Septfonds y los mil y un mal llamados "refugios", albergarían nuestra triste humanidad. En la más completa miseria y abandono de los gobernantes franceses, niños, enfermos, heridos de guerra y ancianos; más de 15.000 personas morirían en las primeras semanas de exilio.

    Los más atrasados de la vecina Francia nos rechazaban, huían de nosotros. La otra cara de Francia, la verdadera, la que más tarde lucharía también contra el fascismo en su propio suelo y que, en parte, nos había ayudado ya en la guerra, se desvivían y hacían lo que podían. Cien veces cien nombres no es nada para nombrarlos. Siempre guardaré en mi memoria nombres galos con emoción, amigos para siempre.

    Terminó nuestra guerra en marzo del 39 y empezaba la II Guerra Mundial en septiembre del mismo año. Ocupada Francia por los nazis, un nuevo abismo se abría ante nosotros. Para muchos franceses que habían escuchado con deleite o despreocupación los cantos de sirena de la reacción, fue un despertar tardío y terrible. Para los antifascistas de acá y de allá no fue ninguna sorpresa. Lo sabíamos y sabíamos que no sería más que una nueva batalla contra el fascismo internacional. De entre los españoles refugiados se levantó un ejército de hombres y mujeres aguerridos que serían un poderoso bastión en todos los lugares de la resistencia al nazismo. No hubo un combate ni una cárcel, ni fusilamientos, ni campos de muerte, en donde los españoles no hayan figurado. Más de 35.000 perecieron en los frentes y los campos de exterminio.

    Fueron años largos, penosos, abrumadores, en que no servían las medias tintas. Cuando se entraba en el combate clandestino nada más contaba, aunque la correlación de fuerzas fuera más desigual que entre David y Goliat; los nazis alemanes y sus secuaces en Francia todo lo tenían en sus manos: armas, soldados y chivatos; los resistentes en las oscuras sombras de los "maquis" y las complicadas redes de la guerrilla urbana, alerta, pero sin armas. Los objetivos simples, pero la lucha dura e incierta.

    La astucia suplía al armamento en los primeros meses. Las primeras armas, la propaganda clandestina y la solidaridad con los presos. Las mujeres españolas, las muchachas de la JSU nos incorporamos de una y mil maneras al combate. No fuimos simples auxiliares, fuimos combatientes. De nuestro sacrificio, de nuestra sangre fría, de nuestra rapidez en detectar el peligro dependía a veces la vida de decenas de guerrilleros.

    Cuando entrábamos en la Resistencia éramos conscientes del peligro. Teníamos un 90% de posibilidades de caer. Pero caía uno, y sabíamos que diez nos remplazarían. En el primer gran proceso de la Resistencia, en marzo de 1941, en París, en el proceso famoso llamado "Proceso de los cuarenta", había 20 hombres -en su mayoría españoles- y seis mujeres españolas. Paquita Vélez condecorada hoy con la Legión de Honor, joven madre, supo atraer sobre sí todas las sospechas de ser el jefe de la red para así acabar las pesquisas de la policía. Brutal y largamente torturada, supo mantenerse firme sin pronunciar ni una palabra ni un nombre. Con ella estaban Luisa Caro, María González, Margarita, hija de un diplomático español, Anita Cascales, Manolita Zapico.

    En general, las mujeres fuimos utilizadas como enlaces, la densa red de información, los pasos por las montañas y fronteras, los puntos de apoyo, el suministro, la solidaridad hacia y en las cárceles, donde la sanidad de urgencia corría a nuestro cargo. Los controles de la policía francesa y de las patrullas alemanas los asumíamos primero nosotras. Pero estuvo además el transporte de armas y propaganda; mujeres empuñaron un arma en combate como en la "ferme" (granja) Comdom, como en Saint Etienne, como en la famosa batalla de La Madeleine.

    Visitado el "Comandante Sevilla", muy anciano ya, pero muy marcial (militar de carrera), nos despidió con lágrimas en los ojos: "Cuando habléis de las españolas en la Resistencia, no habléis de cientos sino de miles. Sin su colaboración generosa y valiente no hubiéramos podido llevar a cabo con éxito muchas acciones, y muchos guerrilleros hubiéramos perecido. Repetid eso siempre y en toda ocasión".

    Otras mujeres extraordinarias hablarán de otras no menos ejemplares. De todas maneras, cuanto se diga de las españolas en la Resistencia en Francia y de las exterminadas en los campos de la muerte nazi siempre reflejará una ínfima parcela de la realidad.

    Como las demás, cumplí sencillamente con mi deber. Me llamaron y respondí; mejor dicho, busqué y encontré y organicé la lucha guerrillera en las montañas.

    Las fechas de la Resistencia efectiva y la reconocida oficialmente raramente concuerdan. Cuando el 29 de diciembre del 42, día de mi casamiento, escondimos los dos primeros guerrilleros de lo que fue el famoso "maquis" de Turnac, yo ya había sido denunciada dos veces a la komandatur de los SS de Perigueux por un farmacéutico de Sarlat del que no he querido nunca recordar su nombre. Fue el doctor Leguiral quien me lo comunicó cuando ya éste había muerto y fue ese mismo doctor, alcalde de Carsac, población de donde residía, quien me advertía del peligro y daba siempre buenos informes sobre mí a los alemanes.

    ¿Qué hacia yo hasta que encontré la Resistencia armada de los "francs tireurs", (partisanos de Francia), sin ninguna orientación? Me dedicaba a escuchar y transportar verbalmente cuanto podía interesar a la propaganda antinazi, que me comunicaban los franceses que tenían radio. Mi propaganda era exclusivamente oral. Me iba todos los sábados a un gran mercado y recorría las granjas y llamaba a la gente a no colaborar con los enemigos de Francia. Francia ocupada no era independiente, y si Hitler ganaba la guerra dejaría de existir como nación. Les exhortaba a no entregar el suministro, a esconder las cosechas y a prepararse para ayudar a la Resistencia que se estaba organizando en la sombra. Me pasaba horas y horas hablando y exponiéndome peligrosamente. Me dolía mucho que tantos franceses no aprovecharan la lección de nuestra guerra. Para mí, un francés que me escuchaba, se me antojaba un futuro resistente. En realidad, el departamento de la Dordogne, donde residía y trabajé, y el de la Corréze, donde también actuaría, fueron, a partir del 42, dos grandes núcleos de Resistencia armada de "maquis", guerrilla urbana y una creciente complicidad y apoyo por parte de la población, sobre todo rural.

    De mi morada salían consignas y planes militares y de sabotaje previendo hasta los pormenores del final de la guerra como fue la voladura del puente de Souillac (Lot), para cortar la retirada a los alemanes desde el Sur hasta el Norte. Los combatientes españoles tuvieron que abandonar las armas después de treinta y dos meses de lucha heroica; tuvieron que pasar los Pirineos, pero allí se harían fuertes para cerrar la fuga a una parte de las tropas nazis a nuestro país.

    Mis funciones en el "maquis", junto con mi primer marido Albert Roger -muerto en deportación-, fueron múltiples. Mi casa era un punto de apoyo clave. Teníamos que encontrar el lugar adecuado para la recepción e instalación de numerosos guerrilleros españoles y franceses llamados a desplazarse a Alemania al famoso STO (Servicio de Trabajo Obligatorio). Pronto llegarían antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales y guerrilleros rescatados de combates de otros "maquis". Teníamos que organizar el suministro, la obtención de la documentación falsa, estafeta postal, recepción y fabricación de artefactos explosivos y obtención de armas.

    La primera ametralladora del "maquis" de Turnac, conocido también como "grupo Carlos", pude lograrla en complicidad con un agente doble entre nuestro "maquis" y otro del norte de Sarlat. A cambio de armas nos ofrecía tabaco, sopa, cholocate, carne, conservas. Nada de eso me interesaba; teníamos a veces hambre, pero sobre todo necesitábamos armas para proteger a los saboteadores de líneas de alta tensión, líneas de ferrocarril y todo cuanto se relacionaba con los emplazamientos militares del ocupante nazi. Fue tacaño, sólo pude lograr una ametralladora. Para mí, la primera victoria diplomática. ¡Una ametralladora! El sueño dorado de aquellos arcángeles harapientos de los bosques.

    Destinada después al aparato político y de transmisiones, mis camaradas me concedieron siempre el honor de asistir a sus planes militares, que en los primeros meses, hasta mi detención, se realizaban en mi casa. Ni que decir tiene que seguí siendo enfermera de urgencia; que con mi marido controlábamos e interrogábamos muy concienzudamente cada nuevo guerrillero que entraba en el "maquis" de Turnac. Solo nos falló uno, un colaborador, que se presentó precisamente un día en que con mi esposo nos encontrabámos en la ciudad de Bergesac: para enterarnos del resultado de nuestra anterior misión.

    Como la mayoría de las mujeres, fui enlace. Trabajo en apariencia fácil, pero sumamente peligroso y que requería una gran resistencia moral y física. Las más expuestas a ser descubiertas y ser torturadas, en caso de detención. "Los enlaces -decían nuestros jefes- son sagrados, no deben efectuar ninguna otra tarea". Sí, sí, ¿y quién hacía el resto?. Tenía que recorrer 95 Km. entre la Dordogne y la Correze para transmitir un parte. Tenía que ir a pie, en bicicleta, en autobús. Los autobuses eran automáticamente registrados en cada límite de departamento.

    Recuerdo mis citas con "Reynal" y. después con "Kleber". "Reynal ha sido trasladado", me dijeron; en realidad, había sido detenido y encarcerlado en la famosa central de Eysses y deportado. Era un obrero comunista de una inteligencia y una bondad extraordinarias. Estas citas se efectuaban delante del teatro de Brive, con la proverbial táctica de "enamorados" o comiendo en un restaurante de la misma plaza, siempre escogiendo ron sonrisas ama6les la mesa contigua de nuestros feroces enemigos, los SS. Por debajo del mantel pasaba el parte y por el mismo procedimiento recogía la respuesta.

    En el intermedio me alojaba en una granja de Saint Mexan, en casa de los Rodríguez. Cuatro generaciones de mujeres y un solo hombre con trabajo para ganar el pan. No tenían casi nada y me lo daban todo. Esta familia fue un importantísimo punto de apoyo para muchos resistentes y jefes de guerrillas. Era una familia de andaluces, todos de la CNT, pero en el transcurso de la Resistencia, con tanto ir y venir de comunistas, acabaron por ingresar en el Partido. Fueron una de esos centenares de familias españolas que cubrieron la Resistencia y por lo cual muchos pagaron con su vida, como lo demuestra una fotografía que mi amigo Pons Prades me autoriza a sacar de su libro "Los republicanos españoles en la II Guerra Mundial".
    Tendría que hablar de la familia Pla. Gloria, la hija mayor, me sustituyó a mi detención. El hermano José, muy jovencito, era tan intrépido que tuvimos que aceptarle oficialmente en la Resistencia. Sólo contaba catorce años. Y me veo obligada a citar a mis padres. Mi padre, Baltasar Catalá, el campesino que soñó ser montañista, sabía encontrar los caminos más inverosímiles para llegar al "maquis" y traer noticias de última hora y de primera mano. Arriesgaba su vida y benévolamente, hacía de peluquero del "maquis". Mi valiente madre, Rosa Pallejá, se quedaba muchas veces sola en la masía guardando el fuego como una vestal. Todo el mundo se tiraba al monte en los últimos meses de la guerra. Su puerta siempre estuvo abierta para los fugitivos y para algún herido en combate. Los albergaba, los curaba, escondía sus armas hasta que podían reemprender la marcha.

    Quiero terminar con mi resistencia, pues cada mujer podría escribir un libro; un hecho me marcó para siempre. Esto ocurría pocos días antes de mi detención. Volvía de mi último viaje a Brive y, esperando el autobús de retorno, me sentía muy fatigada y deprimida, recién operada y sin tiempo para convalecer. Sentada en un banco, veo llegar una columna de cinco ciclistas con una inconfundible pinta de refugiados españoles. Sus bicis, cargadas con enormes bultos y en perfecta formación militar. El primero en vanguardia, a 25 mt., los tres del medio, el grueso del pelotón y el quinto cerrando la columna, 25 mt. detrás. ¿Quién podría imaginarse que se atrevieran a tal cosa los "rojos españoles" Pasar por el centro de la ciudad, y además delante de la komandatur?. Me sentí orgullosa y emocionada. Qué valientes son nuestros guerrilleros. Sostuvieron 32 meses de guerra en España y ahí los tienes, mal vestidos y peor calzados, sin pan muchas veces y durmiendo al azar de alguna cabaña, y no se sienten vencidos. "Tienes que aguantar Neus, tienes que aguantar, eres un granito de arena en esta colosal guerra, pero necesaria. Tu puesto es la lucha. ¡Guerra sin cuartel a los nazis!". Fuente:  de la Resistencia y la Deportación
    (50 Testimonios de mujeres Españolas)

    Edición: l'eina (Barcelona)
    ISBN: 84-86378-00-1

    April 05

    La bandera roja bajo el cielo de Berlín

    Revista de prensa*

    La bandera roja bajo el cielo de Berlín


    Mario Amorós
    Mundo Obrero. España, mayo del 2005.


    Es una de las imágenes que condensan la historia del siglo XX: hace sesenta años los soldados soviéticos izaron la bandera roja en el Reichstag. Aquella fotografía simbolizó la derrota nazi y la lucha y el sacrificio de los pueblos soviéticos y los militantes comunistas de toda Europea contra la barbarie fascista. Uno de los tres protagonistas de aquel hito fue Francisco Ripoll, un "niño de la guerra" que se alistó como voluntario para luchar contra el fascismo. Ripoll militó en el PCE hasta su fallecimiento hace cuatro años. Ofrecemos este reportaje inédito en Mundo Obrero como homenaje a todos los camaradas que dieron su vida durante la Segunda Guerra Mundial, ahora que los fastos oficiales por el 60º aniversario del final de la contienda en Europa les condenarán, una vez más, al olvido.

    Francisco Ripoll nació a bordo de un barco camino de Cartagena. Su padre era militar de la armada y de pequeño vivió entre Barcelona y este puerto, donde su progenitor estuvo destinado durante parte de la guerra civil. "Éramos cinco hermanos, cuatro fuimos enviados a la URSS y al quinto lo mataron unos falangistas de una paliza", me explicó hace seis años y medio en Benidorm (Alicante), donde vivía y colaboraba con el grupo municipal de Esquerra Unida.

    Junto con ellos fue enviado en el último barco que trasladó niños españoles a la Unión Soviética, eran 120 chicos con edades comprendidas entre 4 y 14 años. Aún evoca con emoción el recibimiento que les dispensaron en Leningrado. "En el muelle nos esperaban miles de personas. Había orquestas, estaban los pioneros.... Vivimos un mes en un hotel y luego nos distribuyeron por las distintas casas de niños españoles".

    En 1940 llegó a la Casa de Jóvenes Españoles de Leningrado. "Allí éramos como hermanos. Influía mucho que no teníamos a los padres, a nadie, sólo el cariño que nos daban la educadora, los profesores". Aquel año se afilió al Komsommol (juventudes comunistas) y, en 1943, al PCUS.

    En junio de 1941, diez días después de que Hitler lanzara la Operación Barbarroja e invadiera la Unión Soviética, Francisco Ripoll se alistó como voluntario en el ejército soviético. "Todos teníamos el mismo sentimiento: proseguir la lucha de nuestros padres contra el fascismo. De los chavales que estábamos allí, al que no le habían matado el padre, le habían matado el hermano o estaban en la cárcel o el exilio".

    Resistió los 900 días del cerco de Leningrado. "Conservo muchos y muy malos recuerdos de la guerra. El invierno de 1941 a 1942 fue el más duro. Llegamos a estar a 50 grados bajo cero". En 1944, el ejército soviético logró romper el asedio y entonces la división a la que pertenecía avanzó por el Báltico y llegó a Polonia.

    Allí se toparon con el horror del Holocausto: "Fuimos los primeros en entrar en Auschwitz. Apenas estuvimos algunas horas porque debíamos seguir camino y detrás vinieron otros, que cuidaron de la gente que había allí. No encontramos a ningún nazi. Había cientos de chiquillos, otro grupo de mayores... Vimos todavía cadáveres dentro de los hornos a medio quemar. Aquello fue horrible: ver montones de pelos humanos, de zapatos, de gafas, de ropa de todas clases... Lo que más me impresionó fueron las cabelleras humanas, eran de todos los colores. En los barracones de los oficiales, encontramos pantallas de las lámparas hechas de piel humana, al igual que dos o tres monederos y carteras de bolsillo".


    Una foto para la historia

    Francisco Ripoll, que tenía entonces veinte años, era teniente de la XV División de Voluntarios y con ella llegó a las puertas de Berlín hacia el 27 de abril. En las filas soviéticas había un "ambiente de euforia" ya que "estábamos deseando entrar". "La orden de asalto a Berlín llegó el día 29. La ciudad estaba prácticamente destruida por los bombardeos de los ingleses. Se luchaba casa por casa. Hitler concentró a la flor y la nata de lo que le quedaba, incluso a los críos de las Juventudes Hitlerianas".

    "La noche del 29 de abril recibimos la orden de asaltar el Reichstag. Fue un combate duro ya que había muchos soldados de la Gestapo y de las SS y muchos oficiales, lo mejor de lo que le quedaba al ejército nazi en Berlín. En unas horas lo tomamos".

    "El 30 de abril [el mismo día que Hitler se suicidó en su búnker] se colocó la bandera. Había varios fotógrafos soviéticos en el frente pero no les hacíamos caso. Se pidieron voluntarios. Primero subieron cuatro, pero, cuando ya estaban arriba, francotiradores camuflados en los edificios de alrededor los mataron. La bandera cayó y la recogimos nosotros. Nunca se ha hablado de esto pero nosotros lo sabemos. Un mando pidió voluntarios y... allí estaba yo. Subimos. Nos tuvimos que abrir paso a base de bombas de mano, de granadas y ráfagas de metralleta hasta llegar arriba porque el Reichstag es un laberinto".

    "Estuvimos arriba una media hora. Seguían los disparos de los francotiradores, pero cuando cesaron, izamos la bandera durante unos minutos. La colocó el que recibió la orden. Cuando nos marchamos, subieron otros soldados para mantener la vigilancia. Todos queríamos bajar de allí por el peligro que suponían los francotiradores". Del fotógrafo, Yevgueni Jaldeï, sólo recordó que "hizo su trabajo en condiciones muy difíciles por los disparos y nada más. No nos dijo nada".

    Jaldeï tomó varias instantáneas. En ellas aparece Francisco Ripoll junto a sus dos camaradas, observando cómo la bandera roja ondea sobre el Berlín liberado. Es una fotografía mítica que simboliza la derrota del nazismo. Su nulo afán de protagonismo y el hecho de que durante la guerra adoptara un nombre ruso (Vladimir Dubrosky) pueden explicar que nunca haya sido identificado.


    Orgullo para toda la vida

    Para Ripoll haber combatido con la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial fue "el orgullo más grande de mi vida". Recibió, entre otras, la insignia del cerco de Leningrado, la del Ejército Popular de Voluntarios y la Orden de la Gran Guerra Patria, la más importante de las que se crearon en la URSS durante un conflicto que le costó la muerte de más de 25 millones de personas.

    Después de la guerra estudió Náutica, se enroló en la flota del Volga y estudió en la escuela naval de Astrakán. En 1957 decidió regresar a España e ingresó en el PCE. "Cuando llegué me retiraron toda la documentación, no me dejaron salir y la Brigada Político-Social me entregó un carnet de identidad que era vergonzoso. No podía salir de Barcelona".

    Durante los últimos años de su vida trabajó por rescatar del olvido la memoria de sus jóvenes compañeros. "No quiero protagonismo, sólo sacar adelante mi proyecto", me dijo. Su proyecto consistía en levantar un monumento en San Petesburgo en memoria de los 72 muchachos que vivieron con él en la Casa de Jóvenes Españoles de aquella ciudad y que murieron en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial combatiendo contra el fascismo en el ejército soviético. Casi todos ellos eran militantes del PCE.

    Algunos de ellos fueron capturados por los alemanes ("heridos", recalcó) y "enviados a Franco y fusilados en España". "Incluso dos de ellos estuvieron en la División Azul, se pasaron con nosotros y después estuvieron luchando contra los nazis". En aquella Casa había entre 120 y 150 niños y niñas y algunos de ellos murieron por inanición o a consecuencia de los bombardeos.

    Logró incluso todos los permisos para colocar el monumento en dicha Casa, que hoy es un colegio. En él figurarían los emblemas de la II República Española (la estrella de tres puntas) y de la URSS (la estrella roja) con una rama de olivo, símbolo de la paz, y 72 estrellas. Sin embargo, su vida se extinguió sin que pudiera ver su proyecto hecho realidad y preguntándose quién se acordaba de ellos mientras mostraba la lista de sus camaradas caídos en el frente. "Nadie, eso es lo que más me indigna".


    (*) Texto aparecido en Mundo Obrero, de España. La redacción de este diario recuerda a sus lectores que en nuestras páginas sólo tienen cabida los textos externos que cuenten con los debidos permisos de reproducción de autores y/o publicaciones. Cualquier excepción, como la actual, se hace siempre en virtud del carácter no lucrativo de La Insignia, ante situaciones de evidente interés informativo o social y a condición de no provocar perjuicio alguno a la fuente de origen.

     

    Fuente: "La Insignia"

    April 01

    De la Resistencia Francesa a la Reserva Voluntaria

    Si amigos se puede afirmar sin miedo a equivocarse, que la mayoria de los reservistas voluntarios españoles viven su compromiso en la clandestinidad, así a la hora de activarse lo hacen normalmente en vacaciones, días libres y demás, la clandestinidad incluye aunque se sorprendan muchos tambien a los funcionarios.

    La causa de esta situación no es única, aunque como los mandamientos de la Ley de Dios puede resumirse en dos:



    1. Falta de proteccion laboral efectiva de los reservistas.
    2. Falta de incentivos a empresas y administraciones públicas.

    A estas causas principales le podemos añadir varias más como son:


    1. La falta de visibilidad social de la figura del reservista, las empresas y las administraciones no saben que es esto, y como no lo saben, ni lo apoyan ni lo protegen y ni siquiera estan incentivadas para hacerlo ( volvemos a la causa numero dos).
    2. El mal funcionamiento de los pagos por el servicio que prestan los reservistas (que ya he denunciado en este blog) con retrasos de más de seis meses en el cobro de los honorarios, produce que muy pocos puedan arriesgarse a renunciar a sus emonumentos habituales, pues ya saben por experiencia de muchos compañeros en el lio económico que se pueden meter, si tras finalizar su servicio no cobran su sueldo.
    3. Mal diseño para los funcionarios, en cuanto que al pase a la situación de servicios especiales es muy farragosa de gestionar al intervenir varias administraciones, y ser una figura prevista para periodos mas largos de un mes, se da la circustancia de que un reservista puede encontrarse con la desagradable situacion de que estos no sean concedidos (los servicios especiales ) hasta mucho después de haber prestado servicio, lo que le deja fuera de juego administrativamente durante un tiempo, en el que literalmente se ha ausentado del trabajo ilegalmente.
    4. Falta de ambicion en el diseño para los funcionarios por parte del ministerio, pues si un servidor público sirve al estado deberia de poder hacerlo en la reserva sin perder su sueldo(en el caso de que gane más de reservista), aportando el ministerio de defensa el sueldo del reservista a su administracion de origen como compensacion, en todo caso es necesaria una visión global del servicio público a España de la que ahora se carece.
    5. Falta de una regulación para que los autonomos( los grandes olvidados) puedan incorporarse a la reserva voluntaria con algunas compensaciones de tipo fiscal al menos, y puedan centrase en su servicio reservista durante el tiempo establecido, sin tener que compatibilizarlo al menos tan exageradamente como hasta ahora.
    6. Que decir de los trabajadores por cuenta ajena, su clandestinidad es casi obligada al no existir compensaciones para su empresa por el "prestamo" de su personal, pues esta claro que a la protección laboral urgente es necesario añadir incentivos a las empresas, de forma que al menos cuando un reservista preste servicio no le cueste dinero a su empresa, bastaria con eximirle de los pagos de seguridad social, etc.

    Y sí, yo soy reservista (ssss que no se entere nadie) en la clandestinidad.

     

    Fuente: http://quemasda8que80.blogspot.com/search/label/Reservismo

    July 01

    La Nueve 7ª Parte

    EL ULTIMO ACTO  

    Los grandes combates han finalizado. La Nueve se acantona en el pueblo de Vicq Sur Nahon. El capitán es encargado de una misión por el general Leclerc. El teniente Dehen le reemplaza.
    La Nueve, ahora comandada por Dehen, promovido a capitán, terminará la guerra en Berghtesgaden, la ciudad santa del nazismo, en el corazón del macizo alpino.
    La resistencia alemana solamente se manifiesta por los puentes destruidos. Nuestros destacamentos atraviesan a toda velocidad pueblos empavesados por banderas blancas en los tejados de todas las casas. Los soldados alemanes levantan los brazos y van a reunirse en las carreteras en largas filas de prisioneros que, sin guardianes, van tranquilamente, en buen orden, hacia la retaguardia.
    El Obersalzberg, la alta planicie sobre la que los dignatarios nazis y Hitler tienen sus villas, no está intacto: ha sido bombardeado y demolido en parte por la aviación aliada.
    Zapadores de la 12." Compañía van a izar en el nido de águila de Hitler, allá arriba, sobre el Kehlstein, una gran bandera tricolor que una dama de Alejandría de Egipto había bordado para el capitán Dronne, entonces en el hospital.
    Es el fin. Los Ejércitos alemanes de los Alpes han capitulado; una última víctima: el subteniente Peters ha sido abatido, asesinado más exactamente, cuando remontaba una columna que acababa de rendirse.
    Los voluntarios españoles de la Nueve contribuyeron a escribir una gran página de historia con su valor y su sangre. Tuvieron la gloria de entrar los primeros en París, de participar en el camino hacia Estrasburgo, y de terminar su epopeya en Berchstesgaden.
    Jalonaron su itinerario con las tumbas de sus muertos. Treinta y cinco de ellos fueron muertos en combate o fallecieron por heridas. Más de sesenta fueron heridos.
    Tuvieron el valor del soldado. Tuvieron también el valor cívico. La mayor parte de ellos habían sido lanzados muy jóvenes a la guerra civil española. No tenían ninguna formación profesional. No tenían oficio, solamente sabían pelear. Todos se pusieron al trabajo con ardor y corazón. Casi todos se hicieron con una situación envidiable. La mayor parte quedaron en Francia. Otros volvieron a Africa del Norte, de donde debieron marchar, obligados por los acontecimientos. Otros incluso volvieron a España, como el teniente Granen y el sargento Caballero.
    Es para mí una inmensa satisfacción y un gran honor haber sido el compañero de hombres tales, y una gran alegría el volver a verles. Han guardado el recuerdo y la amistad; muchos de ellos se encuentran en el curso de una reunión anual; la Nueve continúa existiendo en las memorias.
    R. D.
     **Articulo de la revista Tiempo de Historia nº 85, diciembre 1981

    La Nueve 6ª Parte

    EL INVIERNO ALSACIANO  

    El capitán vuelve a la Nueve el 27 de noviembre, tras su permiso. Ha cambiado mucho. Ya no es la compañía española del principio. Se ha convertido en una compañía franco-española. Muchos de los antiguos ya no están allí: han sido muertos o gravemente heridos. La unidad ha sido probada moralmente: el recuerdo de los camaradas perdidos entristece a soldados y a cuadros; el frío sorprende duramente a estos hombres; de los cuales muchos no han conocido hasta ahora más que el sol y el calor; piensan en España, algunos piensan ir allí y reemprender el combate.
    La Nueve tiene un nuevo rostro. El teniente Granell, psíquicamente afectado, dado de baja por enfermedad, ha sido sustituido por el teniente Dehen. La primera sección está mandada por el ayudante Moreno; la segunda por el sargento Calero, que pronto será sustituido por el subteniente Porteres.
    De finales de noviembre a finales de diciembre de 1944, la Nueve tomará parte en una serie de encuentros en la llanura de Alsacia, entre los Vosgos y el Rhin, al sur de Estrasburgo. La toma de cada pueblo precisa combates y suscita inmediatos contraataques. La aviación alemana ha vuelto a su actividad. Surge bastante a menudo en vuelo raso y nos ametralla.
    Entre las noticias recibidas, un español evadido de Alemania.
    El ayudante-jefe Campos ha vuelto recientemente a la compañía. Se pensaba para él la creación de un grupo franco, conveniente a su carácter. Había desaparecido cuando el asunto de Binderheim. Formaba parte de un destacamento que operaba a nuestra derecha. Según su costumbre había partido en patrulla solitaria. No había vuelto. Debió caer en una emboscada. Nadie tendrá ya nunca noticias de él. Este misterio dará origen a una serie de leyendas. El personaje se prestaba: era un fuera de serie.
    Fines de diciembre de 1944, somos relevados. La Nueve es puesta en relativo reposo, dispuesta a proseguir a la primera alerta. Hace cada vez más frío; los blindados ya no dependerán de los caminos: podrán evolucionar sobre el suelo helado.
    El día 1 de enero, al advenimiento del año 1945, es digna y alegremente festejado. Sin embargo, los hombres y el material han sido duramente castigados. Muchos de los antiguos han desaparecido, muertos o heridos. La unidad necesita un buen reposo para rehacerse moralmente, psíquicamente, materialmente. Se habla de ello; y la 2ª D.B. comienza a ser relevada por una división de infantería del Primer Ejército, la antigua primera División Francesa Libre.
    En la noche del 1 al 2 de enero, llega la orden de partida. Los alemanes han contraatacado a través de las Ardenas; aprovechando el mal tiempo, la niebla, la nieve, que impiden salir a los aviadores aliados, han aplastado al Ejército de Patton. El alto mando americano ha decidido rectificar su frente y evacuar Estrasburgo y la Alsacia del Norte. El general De Gaulle, Presidente del Gobierno Provisional Francés,... decide conservar Estrasburgo y Alsacia. Clásico conflicto entre el poder militar y el poder político. La 2ª D.B., que formaba parte del Ejército americano, debía obedecer sus órdenes. Pero, en su calidad de dueño del poder político de Francia, el general De Gaulle encargó al Primer Ejército Francés la defensa de Estrasburgo. Los acontecimientos le dieron la razón. Y la capital de Alsacia escapó a una reocupación que le hubiera costado cara.
    En todas las localidades que atravesábamos, los habitantes, desesperados, nos acusaban de abandonarlos y traicionarlos. Estamos dispuestos para cerrar el camino a una ofensiva alemana. Tenemos que desconfiar de pequeñas unidades enemigas vestidas con uniformes americanos que operan con carros y material americanos.
    El 19 de enero, orden de partida. Volvemos a Alsacia. Vamos a finalizar la liberación entre los Vosgos y el Rhin en unión con el Primer Ejército. El tiempo era espantoso: frío, nieve, hielo. Los vehículos, ruedas y cadenas, resbalaban sobre la nieve helada. Los alemanes se defienden ferozmente. 
    Al día siguiente por la tarde, la Legión de la 1.° D.F.L. ataca, con el apoyo de nuestros carros y de las secciones de Moreno y Porteres. Durante la noche, la sección de Moreno, instalada en el extremo de un bosque, sufre un ataque de la infantería apoyada por tiros de artillería.
    El frío aumenta; numerosos cuadros y soldados tienen los pies helados. Necesitaríamos calzado de nieve; el que ha llegado ha ido a proteger los preciosos pies del personal de los estados mayores y de los servicios. La consigna es mantenerse, liquidando la bolsa y llegar al Rhin.
    El 29 de enero nos enteramos que el teniente coronel Putz ha sido muerto. La noticia apena a todo el mundo y en particular a los españoles.
    Ahora conocemos una novedad: aviones alemanes de una extraordinaria velocidad, aviones a reacción; una «arma nueva» impresionante; en picado sorprenden y abaten a cada golpe un avión aliado; y sus ataques son impresionantes, las bombas nos caen encima sin que hayamos tenido tiempo de reaccionar.
    El frío persiste. Alcanza 22 grados bajo cero. Todavía pies helados. La sección de Aboville se bate cuerpo a cuerpo con infantes que durante la noche se han infiltrado en el bosque. El 31 de enero, el frío ha disminuido. Igualmente, comienza a deshelar. La tragedia de los pies congelados se termina. El enemigo decrece por todas partes. Parece que se ha defendido duramente para mantener en paso sobre el último puente a través del Rhin que puede utilizar, en Mrckblsheim.
    Los fusileros-marinos de la 1ª D.F.L. llegan al puente de Markblsheim sobre el Rhin. No está destruido. En seguida nos enteramos que algunos alsacianos civiles habían imposibilitado concienzudamente al capitan alemán encargado de hacerlo saltar. La orilla alemana aparece abandonada. Unico signo de vida: algunas ligeras humaredas que se escapan de los blockhaus.
    El 2 de febrero, la Nueve marcha a Selestat. En esta batalla de la bolsa, ha perdido cuatro muertos, once heridos y cincuenta hombres evacuados por graves congelaciones en los pies. Cinco de sus orugas han sido puestas fuera de combate. La batalla de Alsacia ha terminado.  

    La Nueve 5ª Parte

    EL CAMINO SOBRE ESTRASBURGO Y EL RHIN  

    El 16 de noviembre por la mañana, un primer contingente de permisos se va. A las 14,15, llega la inesperada orden: la Nueve forma parte de una subagrupación a las órdenes del teniente coronel La Horie, que tiene por misión ocupar Badonvillers. La compañía reducida va a batirse durante toda la mañana contra un adversario tenaz, mordiente, sólidamente situado, bien provisto de armas. Es preciso rendir las resistencias una tras otra. En el último bastión, el coronel alemán responsable del sector se dispara una bala en la cabeza; los últimos defensores salen y se rinden.
    Finalmente, Badonvilliers es tomado, inundado, ocupado. Pero la cuestión ha sido caliente, nos ha costado cara. La compañía ha perdido seis muertos y catorce heridos evacuados, la mayoría gravemente afectados. Entre los muertos, se cuentan antiguos y valerosos elementos como el sargento Bullosa, los soldados Antonio Martínez, Nicolás López...
    Las secciones son puestas bajo las órdenes jóvenes suboficiales. Moreno, promovido a ayudante, ejerce las funciones de oficial adjunto.
    Leclerc pone a punto su plan: rápidamente, indica a cada columna su itinerario y su misión. El 21 de noviembre por la mañana, la cabeza de columna está dispuesta desperdigarse sobre la llanurj de Alsacia. Saverne es desbordado. El camino está conquistado.
    Sin dejar al enemigo tomar un respiro, Leclerc lanza lo esencial de sus fuerzas sobre Estrasburgo. La infantería americana sigue en apoyo.
    El 23 de noviembre, al levantarse el día, dos agrupaciones de la División se lanzan sobre Estrasburgo por cinco itinerarios diferentes. Misión: ir adelante lo más rápidamente posible, desbordar las resistencias y ocupar el puente de Kehl, el gran paso sobre el Rhin. 10,30: la subagrupación del coronel Rouvillois entra en Estrasburgo. La sorpresa es total: los habitantes se encuentran en sus ocupaciones como un día ordinario. A través de la ciudad, Rouvillois corre a toda velocidad hacia el Rhin, franquea las exclusas y el Petit-Rhin, y llega ante Kehl. La defensa alemana se organiza... El puente salta. La División no ha podido entrar en Alemania por sorpresa. Pero Estrasburgo es conquistado y ocupado intacto... la bandera azul blanca-roja ha sido izada en la punta de la flecha de la catedral de Estrasburgo. El juramento de Koufra se ha realizado. El juramento de Koufra fue pronunciado el 2 de marzo de 1941 por el coronel Leclerc después de la toma de la célebre ciudadela italiana en el corazón del Sahara: «No nos detendremos hasta que la bandera francesa ondee sobre Metz y Estrasburgo.»  

    La Nueve 4ª Parte

    DE PARIS A LORENA  

    E] carburante y la orden de marcha terminan por llegar. Dejamos el Bosque de Bolonia y París el 8 de septiembre al alba. Marchamos hacia el Este, hacia Lorena, el Rhin y Alemania.
    El 12 de septiembre, prosigue el avance, con choques con un enemigo en retirada, que instala defensas escalonadas sobre un terreno difícil, dividido parcialmente, boscoso.
    Mientras que el grueso de la División libra una gran batalla de carros en Dompaire, nuestro grupo establece una cabeza de puente sobre el Mosela, en Chatel.
    Múltiples combates, a menudo violentos, detienen nuestro avance. Operamos en varios destacamentos de infantería y carros con apoyo de artillería, en coordinación con las autoametralladoras. Estamos muy dispersados, nos desplazamos sin cesar, ocupamos mucho volumen. El 15 de septiembre... Uno de nuestros carros, demasiado avanzado sobre una cresta, recibe un obús. Los españoles consiguen sacar del carro, que explota y arde, a cuatro de los cinco miembros del equipo, muy gravemente heridos y quemados.
    El 16 de septiembre a la caída de la tarde, la sección de Campos se repliega y se instala defensivamente unida a la sección de Montoya y los carros de la 501. Minamos con cuidado los itinerarios por los cuales los Panzer alemanes pueden infiltrarse.
    Antes de la caída de la noche, los alemanes entablan un ataque en toda regla. El cabo Cortés pone fuera de combate un grueso Panther a golpes de bazooka, después de un verdadero cuerpo a cuerpo con el monstruo de acero. Somos atacados por una división blindada entera. La batalla se endurece; la noche es relativamente clara, sin embargo los blindados enemigos son poco visibles al abrigo de las cubiertas y de los desfiladeros. Con medios muy superiores, los alemanes acentúan su presión. Una de nuestras orugas ha sido tocada, el sargento Díez está mortalmente herido. Dos de nuestros carros arden...
    Tenemos pérdidas: tres muertos contando al sargento Díez, nueve heridos evacuados, entre ellos el subteniente Montoya. El sargento Fermín Pujol, el hermano de Pujol, Constante, ha sido muerto en Ecouché, se hace curar sobre el terreno. Se niega a dejarse evacuar y vuelve a ocupar su puesto de combate.
    En la noche del 16 al 17 de septiembre, hacia las dos de la madrugada, recibimos la orden de replegarnos y volver a cruzar el Mosela antes del alba. Tenemos ante nosotros un adversario demasiado superior en medios. Los hombres están furiosos; tienen la sensación de haber entregado una victoria. Al alba, todos nos encontramos en Nomexy, en la orilla izquierda del Mosela. El enemigo no recuperará Chatel, vacío, hasta la llegada del día. Los alemanes y sobre todo sus siniestros aliados, los milicianos franceses, ejercerán crueles represalias contra los civiles que allí han quedado. Fusilarán en primer lugar al alcalde.
    Desde la tarde del 18 de septiembre, orden de partida. Volvemos a Nomexy para apoyar a la subagrupación del coronel Cantarel, que ha recibido la misión de recuperar Chatel. 
    El 19 por la mañana... Progresamos en marcha hacia el Este. Múltiples choques con fuerzas alemanas en repliegue. El teniente Granell lanza con mucha fuerza su destacamento al ataque. Garcés está herido.
    El grueso de la División, apoyado por la aviación americana, ha ganado una gran batalla de carros en Dompaire y ha infligido una severa derrota a los alemanes... Nuestro material ha sido puesto a prueba. Nuestros efectivos se han visto reducidos a un total de 136.
    El 26 de septiembre, el capitán, el jefe ayudante Campos, el sargento Pujol y el cabo Cariño López son llamados a Nancy, donde el general De Gaulle en persona les condecora. 
    Cerca de dos meses, vamos a inmovilizarnos. La guerra de posiciones sucede a la guerra de movimientos. Algunos dramas, algunos ataques marcan esta larga espera. La configuración del terreno es favorable a los alemanes, que ocupan los puntos dominantes. 
    El 14 de octubre, una de nuestras patrullas cae en una emboscada en el pueblo de Menarmont. Su jefe, el sargento Ramón Etarict, un catalán, un as, un hombre cultivado y valiente, y el soldado Vázquez, dos bravos entre los bravos, son muertos. El capitán va a recuperar la patrulla con tres carros ligeros y dos orugas. Al día siguiente, Etarict y Vázquez son inhumados en el pequeño cementerio vosgo de St. Maurice sur Mortagne.
    Finales de octubre, la División recibe la misión de ocupar Baccarat y su región. Campos y algunos hombres atacan con bazooka un carro alemán, que se demuestra invulnerable y que responde con el cañón. Campos queda herido. A la izquierda, la sección del sargento-jefe Moreno, que ha reemplazado al subteniente Montoya, avanza con metralleta y con granadas y hace saltar un carro con bazooka. En el centro, Granell dirige al asalto a los infantes de a pie. El cabo Montaner, aislado un momento, es capturado por un grupo de alemanes; finalmente, es él quien va a entregar a sus guardianes como prisioneros.
    Unos cincuenta cadáveres alemanes han quedado sobre el terreno. Nosotros tenemos también pérdidas (seis muertos, de los cuales tres de la Nueve, y trece heridos, de los cuales cinco de la Nueve). Nuestros muertos, el sargento Careno y los soldados González y Perea, han sido inhumados en el cementerio de Vacqueville.
    El 3 de noviembre, el sargento Gualda descubre un documento preciso: el plan alemán de minado de todo el sector. Somos relevados por americanos. Bajo la lluvia y los obuses, abandonamos Vacqueville. Nos instalamos en la pueblo de Azerailles. La mayor parte de las casas está destruida; las otras han sido desvalijadas por los alemanes antes de su marcha.
    Llueve. Pateamos en el agua. En el horizonte, percibimos en el cielo gris la línea blanquecina de los Vosgos. Ya nieva.
    12 de noviembre: despertar en la nieve, hace frío.
    No se prevé de inmediato ninguna misión de envergadura. El general hace partir un primer contingente de permisos para una breve ausencia, entre ellos el capitán, que no ha vuelto a ver a su familia desde la primavera de 1939, y seis suboficiales y soldados.  

    La Nueve 3ª Parte

    A TODA VELOCIDAD SOBRE PARIS.  

    El 22 de agosto, caída la tarde, llega la orden. Toda la División levanta el campo el 23 por la mañana. Las vanguardias americanas han sobrepasado Chartres y ocupan el Sena a uno y otro lado de la capital. El alto mando americano duda. No quiere batallas callejeras que podrían ser ásperas y largas. La tempestad azota la costa normanda. Los desembarcos de gasolina y de municiones han sufrido retrasos. El camino hacia adelante es difícil y prolongado a lo largo de caminos en los que las obras de arte han sido destruidas; los ferrocarriles están inutilizables; las unidades ocupadas corren el riesgo de carecer de carburantes y de municiones. Las noticias que se filtran desde París son inquietantes: la población se ha sublevado contra el ocupante. Los responsables políticos y militares americanos no quieren verse mezclados en las competencias políticas que estallan en el París insurreccionado. Por el contrario, el general Leclerc y el general De Gaulle, que se encuentra en Normandía, pretenden entrar en la capital para evitar que sufra la suerte de Varsovia, para impedir destrucciones y masacres. Las llamadas de socorro de los insurrectos se hacen cada vez más apremiantes.
    De noche, bajo avalanchas de lluvia, avanzamos a ciegas. Vamos a entrar en contacto con las fuerzas alemanas que defienden la periferia de París. El suelo está anegado. Nos encontramos aprisionados, ahogados. Los vehículos se atrancan. A duras penas nos preparamos para el combate.
    Los enfrentamientos se suceden en un extraño ambiente de kermesse. Una multitud entusiasta, surgida de todas partes, rodea los carros, los hombres, y los paraliza. De pronto, suenan ráfagas, estallan obuses. La multitud se dispersa. Guardo la imagen de una chiquilla radiante que, subida en la torrecilla de un carro, cae a lo largo del blindado, cubierta de sangre: ha recibido una ráfaga en pleno rostro. Extraña batalla: cuando cesa el fuego, la gente vuelve; desaparecen de nuevo cuando se reanuda. ¡Cuantos imprudentes han pagado con su vida su loca alegría! Una alegría rara, pero invencible, retardadora, que da respiro al enemigo y lo favorece.
    Tengo la sensación de que el camino hacia París está abierto. Subitamente, por radio, recibo la orden de retroceder sobre el eje al sur de la Croix de Berny. Decisión absurda: el eje está ya demasiado obstruido. Conviene, por el contrario, alejarse y sobrepasarlo. Mis observaciones no son atendidas. La orden es confirmada, brutal: retroceder sobre el eje. Furioso, asiento. Dejo la columna un poco atrás, para no aglutinarla sobre el eje, donde hay demasiada gente y vehículos. Avanzo solo, a pie para hacerme una idea y establecer la unión. Caigo sobre el general Leclerc, que golpea el suelo con su bastón, lo que en él es un signo de mal humor. Está furioso al constatar que la columna se ha detenido y que no maniobra. Me apostrofa:
    —Dronne, ¿qué ha hecho usted?
    Le explico la orden que he recibido, que para mí es fácil desbordar las resistencias, y que es posible lanzarse hacia París sin demasiados riesgos:
    —No se ejecutan las órdenes idiotas, truena.
    Se pone más sonriente. Me hace precisar mi idea. Reflexiona algunos instantes. Y de pronto, lanza:
    —«Bueno, arrójese sobre París. Pase por donde quiera, arrójese al corazón de París, diga a los parisienses que no se desmoralicen, dígales que toda la división estará en París mañana por la mañana.»
    Por la tarde avanzamos. Son las 19 pasadas. El general Leclerc está inquieto. Ha recibido informes alarmantes de París. Teme represalias alemanas contra la población. Quiere asegurarse, volver a dar esperanza a los parisienses, actuar con el máximo de rapidez.
    No dispongo más que de dos secciones, las secciones de Campos y de Elías, y de la sección de mando de la Nueve. La sección Montoya está detenida y clavada en el suelo ante la Croix de Berny. Su jefe, Montoya, será herido. Dos secciones de combate, es poco. Leclerc me ordena tomar las unidades disponibles que se encuentren en las proximidades.
    La pequeña columna se mueve a las 20 horas. Guiada por un parisiense, se oculta fuera de las grandes arterias a la derecha de Fresnes, a través de las localidades de la zona Sur, en medio de una población delirante. Hombres, mujeres, niños abren camino en algunas calles obstruidas por árboles caídos, cargan los troncos de la misma manera que las columnas de hormigas transportan los granos de trigo. 
    20,45. Llegamos a la Puerta de Italia. Es París. Hay gente en el lugar. Huyen a nuestra vista; nos toman por una columna de alemanes. La plaza se ha vaciado. Parten gritos de las casas: «¡Son los americanos!» Salen todos. Luego se oye. «¡Son franceses!» Es el entusiasmo. Una alsaciana en traje regional se instala sobre la cubierta del jeep del capitán. Pero no estamos allí para efusiones y abrazos. Es preciso enfilar hacia el corazón de París. Guiado por un armenio que conduce un curioso ingenio, el festivo jeep con la alsaciana colocada sobre la cubierta, la pequeña columna se lanza a toda velocidad hacia el Sena, evitando a la vez las barricadas elevadas por la resistencia y los puntos de apoyo alemanes. El fragor de los motores y de las cadenas domina el ruido de algunas detonaciones. Atravesado el Sena por el puente de Austerlitz, recorrida la longitud de los muelles, desembocamos en la plaza del Ayuntamiento. El gran reloj de la fachada del monumento marca exactamente 21 h, 22. El reloj anda según la hora alemana. Todavía es de día. El capitán dispone la columna alrededor del Ayuntamiento para detener un posible contraataque. Luego, junto con el teniente Granela y el soldado Pirlian, entra en el Ayuntamiento de París, sube arriba y penetra en el gran salón donde el estado mayor político de la Resistencia parisiense está reunido, siendo su presidente Georges Bidault. Es el encuentro de los voluntarios de la Francia Libre venidos de ultramar y de la resistencia interior. Momento de intensa emoción. La frenética alegría engendra una bella conmoción. Felizmente, una larga ráfaga de ametralladora disparada desde el exterior, pasa por las grandes ventanas abiertas
    y destroza la gran araña del salón imprudentemente iluminado. Esto hace volver a las realidades. El ocupante está todavía aquí. No son tres carros Sherman, quince orugas y algunos vehículos quienes pueden destruirlo, capturarlo o cazarlo.
    Todas las campanas de París se han puesto a sonar, en último lugar el gran Bourdon de Nuestra Señora. Tocan por la liberación. Noticia todavía prematura que hace salir a los parisienses a las calles y suscita reacciones de los alemanes, nerviosos y desmoralizados. El capitán deja el mando al teniente Granell, y cerrada ya la noche, va a tomar contacto con el estado mayor militar de la Resistencia en la Prefectura de Policía, que ha sido ocupada por policías insurrectos.
    La misión ordenada por el general Leclerc ha sido cumplida. Los parisienses saben que los blindados aliados han entrado en París, ignoran cuántos son, pero han tomado confianza de nuevo. A la caída de la noche, un pequeño avión Piper de observación se lanzó en vuelo rasante hasta la Prefectura y lanzó un mensaje. Están allí el general Chaban, el nuevo prefecto
    de Policía Luizet, y Parodi, que tienen rango de ministro del Gobierno Provisional y que representa al general De Gaulle. En la mañana del 25 de agosto nuestro pequeño destacamento ocupa la central telefónica de Archives. El golpe duro llega en la calle del Temple. De una casa situada al otro lado de la Central, un grupo de soldados alemanes y de civiles abre instantáneamente fuego; el subteniente Elías es herido en pleno pecho; luego el sargento Cortés y el jefe de carro Caron. Este último no sobrevivirá. Elías y Cortés, gravemente heridos, pasarán varios meses en el hospital.
    Los diversos destacamentos de la D.B. dirigen la batalla en todo París y suprimen las resistencias alemanas una tras otra. El general Von Choltitz, comandante del Gross París, es capturado y firma la rendición de las tropas situadas bajo su mando. De noche, París está liberado. La capital ha escapado a la destrucción ordenada por Hitler. París, salvado, liberado, intacto, ¡es un verdadero milagro!
    Por la tarde, la multitud se agolpa en la plaza del Ayuntamiento. Espera al general Leclerc. Es el general De Gaulle quien se presenta. Es delirantemente ovacionado.
    En la mañana del 26 de agosto, se produce el descenso triunfal de los Campos Elíseos, desde el Arco de Triunfo. El general De Gaulle y todos los estados mayores marchan a pie hasta la plaza de la Concordia en medio de una frenética marea humana, difícilmente contenida. Los hombres de la Nueve sobre sus orugas les siguen inmediatamente detrás y aseguran la protección adecuada. En la plaza de la Concordia, los oficiales suben a automóviles y se dirigen a Nuestra Señora. Cuando entran, una ráfaga estalla. El misterio nunca ha sido bien aclarado. Con toda seguridad, algunos tiradores situados en los tejados han abierto fuego sobre el cortejo. Entre la multitud enfebrecida, hay numerosos hombres armados, auténticos resistentes y sobre todo resistentes de última hora inexperimentados, que se han hecho con armas que portaban los alemanes en el momento de su rendición. De entre la multitud, numerosos tiradores hacen fuego hacia los tejados. Hay militares que se mezclan. El petardazo se extiende a través de la ciudad. Será difícilmente calmado. Mucho ruido para tan poca cosa.
    Toda la División reposa, repara, se completa, rápidamente rehace sus fuerzas en el Bosque de Bolonia. Son las breves delicias de Capua. Se retrasa el avituallamiento de gasolina.   

    La Nueve 2ª Parte

    EN LA BATALLA DE NORMANDIA  

    La 2ª D.B., no fue lanzada hasta los primeros días de agosto de 1944, cuando se amplió la cabeza de puente. Incluida en el Ejército del general americano Patton que había abierto una estrecha brecha a la altura de Avranches, participó en el gran movimiento de cerco de las fuerzas alemanas de Normandía.
    Los encuentros se sucedían, con violencia variable. Ampliábamos nuestro conocimiento de los Panzer alemanes, y sobre todo de los famosos Panther. Son muy superiores a los Sherman, en blindaje y sobre todo en cañón. A pesar de esta desventaja, nuestro destacamento no lo hace mal. Y es cierto que la aviación americana es la dueña absoluta del cielo durante el día.
    Con su sección, el teniente Campos da un osado golpe de mano, acorrala y captura a ciento treinta alemanes, sin causar apenas heridos ni destrucciones en los vehículos, y libera a ocho americanos prisioneros. La jornada del 16 de agosto es particularmente dura. Tenemos pérdidas, entre ellas los sargentos Pujol y Poreski, muertos en combate cuerpo a cuerpo. Los bombardeos y los encuentros se repiten durante todo el día.
    El 17 por la tarde, la 3ª sección del teniente Campos rechaza un contraataque alemán: grupos de SS han franqueado la orilla del Orne, se han infiltrado en nuestro flanco, y atacan. Al principio de la acción, el soldado Helio Roberto es gravemente herido por disparos en el vientre; al caer, abate a uno de sus asaltantes. Poco antes de las 18, todo ha terminado. Campos ha llevado el asunto admirablemente. Variamos nuestros dispositivos noche y día, lo que desorienta a nuestros adversarios. El 19 de agosto por la mañana, llegan tropas británicas. Se ha realizado la unión. La batalla de Normandía se acaba. Hacemos el balance. Hemos infligido duras pérdidas al enemigo. También nosotros las hemos sufrido, pero felizmente mucho más ligeras: siete muertos en combate y diez heridos graves evacuados.
    Llegado el momento del reposo, la compañía se rehace, reemplaza, repara y pone en buen estado su material y su armamento; alista también a los primeros voluntarios que vienen a llenar los vacíos. Todos somos optimistas: hemos conocido el éxito del desembarco en la costa de Provenza. Esperamos pues la orden de avanzar sobre París. Pero tarda en llegar.  
     
    June 30

    Leclerc

    Philippe Leclerc de Hautecloque, nacido Philippe François Marie, conde de Hauteclocque (Belloy-Saint-Léonard, 22 de noviembre de 1902 – proximidades de Colomb-Béchar, Argelia, 28 de noviembre de 1947), militar francés, líder del ejército de las fuerzas de la Francia libre durante la Segunda Guerra Mundial. Fue miembro de la resistencia y con el grado de general, comandó las tropas que entraron en vanguardia de los aliados en París y Estrasburgo en 1944, adentrándose en el sur de Alemania hasta el cuartel de Hitler en Berchtesgaden.

    Participó como representante de la República en la ceremonia de capitulación del Imperio Japonés a bordo del USS Missouri en Tokio, el 2 de septiembre de 1945. Enviado a Indochina en 1946, donde restableció la soberanía francesa, se reunió con Ho Chi Minh y abogó por la resolución política del conflicto que oponía a la potencia colonizadora con los nacionalistas y que más tarde degeneraría en la Guerra de Indochina.

    Murió como consecuencia de un accidente aéreo en Argelia, siendo inhumado en el palacio de los Invalides de París y ascendido al grado de mariscal a título póstumo en 1952.

    En París se encuentra el museo Mémorial du Maréchal Leclerc de Hauteclocque et de la Libération y numerosas ciudades francesas cuentan con monumentos dedicados a su memoria.

    Orígenes

    De familia aristócrata, Leclerc se graduó en la Academia Militar de Saint-Cyr en 1922 con el grado de mayor de caballería y ocupó sus primeros destinos en Tréveris, en la cuenca del Ruhr alemán entonces bajo control francés y posteriormente en el 8º regimiento de sipahis argelino Marruecos. A su regreso, entró en la Ecole de Guerre siendo promocionado a la escala de capitán en 1939 tras ser condecorado con la legión de honor.

    Segunda Guerra Mundial: Batalla de Francia

    Durante la batalla de Francia Leclerc se encuentra sirviendo en el estado mayor de la 4ª división de infantería donde es hecho prisionero de los alemanes a finales de mayo, pero logra evadirse y alcanzar nuevamente las líneas francesas. En junio de 1940 Leclerc forma parte de las fuerzas que se internaron en la región de Champaña, a la órdenes del general Alphonse Juin en una misión de contraataque en la que se enfrentaron a proximidad del río Aurbe con las unidades blindadas del 6º ejército del general Walther von Reichenau, siendo herido el 15 de junio en la cabeza en la batalla y nuevamente capturado. Sin embargo, el 17 de junio Leclerc logra evadirse y tras pasar a España y Portugal, se embarca con destino a Londres donde el 25 de junio se presenta al general De Gaulle que le nombra jefe de los escuadrones.

    Francia Libre: juramento de Koufra

    En agosto de 1940 Leclerc es enviado por de Gaulle al Camerún con la misión de incorporar los territorios africanos bajo control del gobierno de Vichy de Philippe Pétain a la causa aliada. Tras lograr con éxito la adhesión de Camerún y Gabón en noviembre de 1940 es designado al frente de las fuerzas en el Chad, desde donde partió el 25 de enero de 1941 junto con la columna Leclerc hacia una travesia de 650 km en el desierto para atacar el fuerte de Koufra controlado por los fascistas italianos que consiguió conquistar el 1 de marzo. El dia 2 de marzo de 1941, Leclerc pronuncia el celebrado juramento de Koufra por el que se designó el objetivo final de la causa de la resistencia:

    ...Juramos no abandonar las armas hasta que nuestros colores, nuestros bellos colores, floten sobre la Catedral de Estrasburgo. Jurons de ne déposer les armes que lorsque nos couleurs, nos belles couleurs, flotteront sur la Cathédrale de Strasbourg.

    Nombrado general en agosto de 1941, Leclerc prosiguió una campaña de acoso contra los italianos en el sector de Fezzan mientras el alemán Erwin Rommel y sus Afrika Korps se encontraba en la ofensiva de Egipto enfrentándose con los británicos del 8º ejército de Bernard Montgomery. Las campañas de Leclerc y su Force L tuvieron un gran éxito y el 24 de enero de 1943, las tropas francesas entraron en Trípoli estableciendo conexión con los británicos. Integrado con las fuerzas de Montgomery, prosiguieron el avance sobre Túnez finalizado con la entrada en Kairuán el 12 de abril de 1943 y el desfile en la capital el 8 de mayo de 1943. Leclerc fue presentado al rey Jorge V y sus fuerzas se constituyeron a partir del 15 de mayo en 2ª división francesa libre, que daría origen a la 2ª DB o división blindada.

     

    La marcha de la 2ª DB: liberación de París

    Emblema de la 2ème D.B.,unidad de combate liderada por Leclerc
    Emblema de la 2ème D.B.,unidad de combate liderada por Leclerc

    Tras el periodo de consolidación de la 2ª DB en Marruecos, Leclerc es enviado en abril de 1944 a Inglaterra uniéndose a la fuerza aliada en preparación del desembarco de Normandía. Bajo las órdenes del III cuerpo de ejército del general estadounidense George Patton, la 2ª DB desembarca en el sector de Saint-Martin-de-Varreville de la playa de Utah Beach el 1 de agosto de 1944 y participa en los combates de la bolsa de Falaise tras el inicio de la operación Cobra, entorno a las ciudades de Alençon, primera ciudad francesa liberada por Leclerc el 12 de agosto de 1944, y Argentan donde la 2ª DB debía servir de puente entre los canadienses y las fuerzas de Patton, con el objetivo de dirigirse después hacia Le Mans. Sin embargo, el impulso francés fue frenado por contraataques de unidades panzer alemanas y aunque lograron penetrar en Argentan, el consiguiente desorden creado provocó la decisión de los generales Omar Bradley y Montgomery de frenar el avance. Para entonces, el objetivo estratégico y político de la liberación de París por fuerzas francesas, aprovechando la rebelión de los resistentes dentro de la capital y las dudas del gobernador alemán Dietrich von Choltitz, hubo ganado la consideración de de Gaulle y Eisenhower que dieron la luz verde para que Leclerc se retirase de Normandía y avanzara sobre París [1].

    Las unidades de Leclerc, entre las que se encontraban numerosos combatientes republicanos españoles, entraron por la Porte d'Orleans el 25 de agosto de 1944 tras una marcha en la que se perdieron más de un centenar de vehículos y 35 carros de combate, para presentarse en el cuartel de Choltitz de quien recibieron la rendición de la plaza, evitando tras la negociación los planes de Hitler de destruir los principales edificios de París.

    El objetivo de Koufra: liberación de Estrasburgo

    Monumento en honor a Leclerc y la 2ª DB en la Place de l'Opéra de Estrasburgo
    Monumento en honor a Leclerc y la 2ª DB en la Place de l'Opéra de Estrasburgo

    A principios de septiembre de 1944, Leclerc toma posiciones en el frente de los Vosgos para lanzar el asalto sobre los ocupantes en las regiones simbólicas de Lorena y Alsacia. El 13 de noviembre de 1944, la 44 división de infantería americana inició una ofensiva en el sector norte logrando abrir una brecha en la líneas alemanas por las que penetró el XV cuerpo del ejército aliado. La 2ª división blindada se lanzó rápidamente hacia Estrasburgo recorriendo 100 km en 6 días con el apoyo de unidades motorizadas del 2º batallón y la 324 de infantería. Saverne es liberada el día 22 de noviembre y Estrasburgo en la mañana del día 23 de noviembre, logrando incluso tomar intacto el puente de Kehl. Los alemanes a pesar de su debilitada posición, respondieron al día siguiente destruyendo el puente tras lo cual, el estado mayor americano decidió detener la ofensiva para optar por las rutas del norte. Con esta controvertida decisión, se pudo desaprovechar la oportunidad de finalizar antes la guerra en el frente occidental, ya que sólo en marzo de 1945 se lograría tomar otro puente sobre el Rin en Remagen [2] [3]. Al día siguiente de la entrada en Estrasburgo, el 24 de noviembre, soldados del ejército francés exploraron los sótanos del Instituto anatómico en busca de documentos descubriendo en su lugar decenas de cuerpos humanos y fragmentos sumergidos en cubas de alcohol pertenecientes a la "colección" del doctor August Hirt realizada con prisioneros asesinados en el Campo de concentración de Struthof-Natzweiler.

    Fin de la guerra: toma del Nido de las Águilas y el episodio de Bad Reichenhall

    Finalizadas las operaciones en Alsacia con la reducción de la bolsa de Colmar, a finales de abril de 1945 las fuerzas de Leclerc penetraron en territorio alemán alcanzado Baviera con la misión de tomar el cuartel de Hitler llamado del Nido del Águila en Berchtesgaden.

    El 6 de mayo de 1945, la 2ª DB ocupó la villa de Bad Reichenhall donde se encontraban detenidos en un cuartel soldados SS que se habían rendido previamente a los estadounidenses. Entre ellos se encontraban 12 combatientes de origen francés que al conocer la noticia intentaron evadirse siendo finalemente rodeados por varias compañías de soldados de Leclerc y puestos bajo vigilancia. Según el testimonio de varios presentes y las fotografías tomadas [4] Leclerc interrogó directamente a los franceses de las waffen-SS a los que reprochó de vestir el uniforme alemán, a lo que algunos de ellos replicaron por qué él mismo llevaba puesto el uniforme americano. Según estos testigos, Leclerc tomó ésta actitud por un acto de insolencia y decidió su fusilamiento sin asistencia jurídica, sentencia que se cumplió el 8 de mayo de 1945. El episodio dio lugar a una investigación en 1948 que, sin embargo, no permitió clarificar las circunstancias de los hechos y en 1949, los cuerpos exhumados fueron dispuestos en una fosa común del cementerio comunal de Bad Reichenhall.

    Misión en el Pacífico y retorno en África del Norte

    Después de la capitulación nazi, Leclerc fue nombrado comandante en jefe de las tropas francesas en el lejano oriente en lucha contra el ejército japonés partiendo de Francia el 18 de agosto de 1945. Para cuando Leclerc alcanza la región, el ejército japonés se rinde y participa como representante del Estado francés en la ceremonia de capitulación del Imperio Japonés a bordo del USS Missouri en Tokio, el 2 de septiembre de 1945. Leclerc permaneció en Saigon pacificando y retomando para la soberanía francesa el control colonial de Camboya e Indochina, tras desembarcar en Tonkín en marzo de 1946. Partidario de una política de negociación con el movimiento nacionalista de Vietnam, se entrevistó con el líder Ho Chi Minh. Posteriormente fue designado inspector de las tropas francesas en el Norte de África en febrero de 1947. Jacques Leclerc murió el 28 de noviembre de 1947 mientras el avión en el que viajaba se estrelló cerca de Colomb-Béchar.

     

    Fuentes: Wikipedia