javier's profileLa Nueve, Les Cosaques ...PhotosBlogListsMore Tools Help

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    April 19

    Neus Català

    "Lo que yo he vivido, lo que yo he sufrido, yo me lo he ganado". Esto me decía en los cinco interminables días y cinco interminables noches que duró nuestro viaje fatal desde Compiégne, campo de concentración al norte de París, hacia Ravensbrück, campo de exterminio internacional para mujeres.

    Con una temperatura de 22º bajo cero, a las tres de la madrugada del 3 de febrero de 1944, mil mujeres procedentes de todas las cárceles y campos de Francia llegamos a Ravensbrück. Era el convoy de las 27.000, así llamadas y así aún conocidas entre las deportadas. Entre esas mil mujeres recuerdo que habían checas, polacas que vivían o se habían refugiado en Francia, y un grupo de españolas.

    Con 10 SS y sus 10 ametralladoras, 10 "aufsheermen" y 10 "schlage" (látigo para caballos), con 10 perros lobos dispuestos a devorarnos, empujadas bestialmente, hicimos nuestra triunfal entrada en el mundo de los muertos.

    ¿Qué pasaría por la mente de cada una de estas mil combatientes de los Ejércitos de las Sombras, extenuadas por las tareas abrumadoras de la Resistencia, por los largos meses de cárcel, de torturas en los terribles interrogatorios? En unos minutos la boca del Infierno de Ravensbrück cerraría sus puertas y se apoderaría con su engranaje fatal de mujeres heroicas que pronto serían sombras.

    Ravensbrück, ¡mil veces maldito campo! Mi primera impresión fue que yo dejaría muy pronto la vida, que amaba apasionadamente. Ravensbrück, con sus calles negras, sus barracas verdinegras, sus techos negros, su cielo de plomo, sus innumerables cuervos atraídos por el olor a carne quemada y a cadaverina de aquellas supliciadas que sin tregua, día y noche, salían con humareda escalofriante y a llamaradas de mil colores por la chimenea de los cuatro hornos crematorios.

    Mi mente enfebrecida buscaba la evasión y me veía en Guiamets, un pueblecito del Priorat. Recordaba mi infancia rebelde, mi alegre juventud, el haber organizado la JSUC y ser miembro fundador del PSUC. Haber llevado a buen puerto a mis 180 chiquillos de la colonia "Las acacias", en Premiá de d'Alt. De haber cumplido estrictamente mis deberes en la Resistencia, de haber resistido los interrogatorios sin denunciar a nadie.

    Todas estas evocaciones las quería guardar en mi mente. Visiones alegres y exaltantes para dejar este mundo con mi fe intacta en la Victoria; satisfecha de haber sido feliz en paz con mi conciencia.

    No fue el espíritu de aventura lo que me llevaría a más de 2500 km. de mi bella y antigua tierra del Priorat. Ravensbrück era la cima del áspero monte que el estallido del 18 de julio de 1936 me hizo escalar.

    ¿De qué podía quejarme? ¿De haber sido consecuente conmigo misma? ¿De haber abrazado la causa de los oprimidos? ¿De defender la República española? No, no me quejaba, ni me arrepentiré jamás. Estuve y estaré siempre al lado de los que ansían justicia y libertad.

    En Ravensbrück se acabó mi juventud el 3 de febrero de 1944.

    Cuando los obuses "nacionales" caían sobre el Tibidabo, una madrugada del mes de enero de 1939 salía camino del exilio, dejando a Barcelona sumida en el más total y angustioso silencio. A las tres de la tarde se evacuaba hacia la frontera la colonia de niños. Emprendimos el triste exilio.

    ¿Quién tuvo la culpa de esa gran masacre de inocentes? ¡Qué cara pagaría Europa la derrota de la República española! ¡Qué peligros mortales corrió la humanidad entera! Pasados los Pirineos el 8 de febrero del 39, comenzaba la emigración de casi 500.000 españoles. Los campos sin techo, la arena de Argellés, Barcarés, Saint Cyprien, Agde, Colliure, Gurs, Septfonds y los mil y un mal llamados "refugios", albergarían nuestra triste humanidad. En la más completa miseria y abandono de los gobernantes franceses, niños, enfermos, heridos de guerra y ancianos; más de 15.000 personas morirían en las primeras semanas de exilio.

    Los más atrasados de la vecina Francia nos rechazaban, huían de nosotros. La otra cara de Francia, la verdadera, la que más tarde lucharía también contra el fascismo en su propio suelo y que, en parte, nos había ayudado ya en la guerra, se desvivían y hacían lo que podían. Cien veces cien nombres no es nada para nombrarlos. Siempre guardaré en mi memoria nombres galos con emoción, amigos para siempre.

    Terminó nuestra guerra en marzo del 39 y empezaba la II Guerra Mundial en septiembre del mismo año. Ocupada Francia por los nazis, un nuevo abismo se abría ante nosotros. Para muchos franceses que habían escuchado con deleite o despreocupación los cantos de sirena de la reacción, fue un despertar tardío y terrible. Para los antifascistas de acá y de allá no fue ninguna sorpresa. Lo sabíamos y sabíamos que no sería más que una nueva batalla contra el fascismo internacional. De entre los españoles refugiados se levantó un ejército de hombres y mujeres aguerridos que serían un poderoso bastión en todos los lugares de la resistencia al nazismo. No hubo un combate ni una cárcel, ni fusilamientos, ni campos de muerte, en donde los españoles no hayan figurado. Más de 35.000 perecieron en los frentes y los campos de exterminio.

    Fueron años largos, penosos, abrumadores, en que no servían las medias tintas. Cuando se entraba en el combate clandestino nada más contaba, aunque la correlación de fuerzas fuera más desigual que entre David y Goliat; los nazis alemanes y sus secuaces en Francia todo lo tenían en sus manos: armas, soldados y chivatos; los resistentes en las oscuras sombras de los "maquis" y las complicadas redes de la guerrilla urbana, alerta, pero sin armas. Los objetivos simples, pero la lucha dura e incierta.

    La astucia suplía al armamento en los primeros meses. Las primeras armas, la propaganda clandestina y la solidaridad con los presos. Las mujeres españolas, las muchachas de la JSU nos incorporamos de una y mil maneras al combate. No fuimos simples auxiliares, fuimos combatientes. De nuestro sacrificio, de nuestra sangre fría, de nuestra rapidez en detectar el peligro dependía a veces la vida de decenas de guerrilleros.

    Cuando entrábamos en la Resistencia éramos conscientes del peligro. Teníamos un 90% de posibilidades de caer. Pero caía uno, y sabíamos que diez nos remplazarían. En el primer gran proceso de la Resistencia, en marzo de 1941, en París, en el proceso famoso llamado "Proceso de los cuarenta", había 20 hombres -en su mayoría españoles- y seis mujeres españolas. Paquita Vélez condecorada hoy con la Legión de Honor, joven madre, supo atraer sobre sí todas las sospechas de ser el jefe de la red para así acabar las pesquisas de la policía. Brutal y largamente torturada, supo mantenerse firme sin pronunciar ni una palabra ni un nombre. Con ella estaban Luisa Caro, María González, Margarita, hija de un diplomático español, Anita Cascales, Manolita Zapico.

    En general, las mujeres fuimos utilizadas como enlaces, la densa red de información, los pasos por las montañas y fronteras, los puntos de apoyo, el suministro, la solidaridad hacia y en las cárceles, donde la sanidad de urgencia corría a nuestro cargo. Los controles de la policía francesa y de las patrullas alemanas los asumíamos primero nosotras. Pero estuvo además el transporte de armas y propaganda; mujeres empuñaron un arma en combate como en la "ferme" (granja) Comdom, como en Saint Etienne, como en la famosa batalla de La Madeleine.

    Visitado el "Comandante Sevilla", muy anciano ya, pero muy marcial (militar de carrera), nos despidió con lágrimas en los ojos: "Cuando habléis de las españolas en la Resistencia, no habléis de cientos sino de miles. Sin su colaboración generosa y valiente no hubiéramos podido llevar a cabo con éxito muchas acciones, y muchos guerrilleros hubiéramos perecido. Repetid eso siempre y en toda ocasión".

    Otras mujeres extraordinarias hablarán de otras no menos ejemplares. De todas maneras, cuanto se diga de las españolas en la Resistencia en Francia y de las exterminadas en los campos de la muerte nazi siempre reflejará una ínfima parcela de la realidad.

    Como las demás, cumplí sencillamente con mi deber. Me llamaron y respondí; mejor dicho, busqué y encontré y organicé la lucha guerrillera en las montañas.

    Las fechas de la Resistencia efectiva y la reconocida oficialmente raramente concuerdan. Cuando el 29 de diciembre del 42, día de mi casamiento, escondimos los dos primeros guerrilleros de lo que fue el famoso "maquis" de Turnac, yo ya había sido denunciada dos veces a la komandatur de los SS de Perigueux por un farmacéutico de Sarlat del que no he querido nunca recordar su nombre. Fue el doctor Leguiral quien me lo comunicó cuando ya éste había muerto y fue ese mismo doctor, alcalde de Carsac, población de donde residía, quien me advertía del peligro y daba siempre buenos informes sobre mí a los alemanes.

    ¿Qué hacia yo hasta que encontré la Resistencia armada de los "francs tireurs", (partisanos de Francia), sin ninguna orientación? Me dedicaba a escuchar y transportar verbalmente cuanto podía interesar a la propaganda antinazi, que me comunicaban los franceses que tenían radio. Mi propaganda era exclusivamente oral. Me iba todos los sábados a un gran mercado y recorría las granjas y llamaba a la gente a no colaborar con los enemigos de Francia. Francia ocupada no era independiente, y si Hitler ganaba la guerra dejaría de existir como nación. Les exhortaba a no entregar el suministro, a esconder las cosechas y a prepararse para ayudar a la Resistencia que se estaba organizando en la sombra. Me pasaba horas y horas hablando y exponiéndome peligrosamente. Me dolía mucho que tantos franceses no aprovecharan la lección de nuestra guerra. Para mí, un francés que me escuchaba, se me antojaba un futuro resistente. En realidad, el departamento de la Dordogne, donde residía y trabajé, y el de la Corréze, donde también actuaría, fueron, a partir del 42, dos grandes núcleos de Resistencia armada de "maquis", guerrilla urbana y una creciente complicidad y apoyo por parte de la población, sobre todo rural.

    De mi morada salían consignas y planes militares y de sabotaje previendo hasta los pormenores del final de la guerra como fue la voladura del puente de Souillac (Lot), para cortar la retirada a los alemanes desde el Sur hasta el Norte. Los combatientes españoles tuvieron que abandonar las armas después de treinta y dos meses de lucha heroica; tuvieron que pasar los Pirineos, pero allí se harían fuertes para cerrar la fuga a una parte de las tropas nazis a nuestro país.

    Mis funciones en el "maquis", junto con mi primer marido Albert Roger -muerto en deportación-, fueron múltiples. Mi casa era un punto de apoyo clave. Teníamos que encontrar el lugar adecuado para la recepción e instalación de numerosos guerrilleros españoles y franceses llamados a desplazarse a Alemania al famoso STO (Servicio de Trabajo Obligatorio). Pronto llegarían antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales y guerrilleros rescatados de combates de otros "maquis". Teníamos que organizar el suministro, la obtención de la documentación falsa, estafeta postal, recepción y fabricación de artefactos explosivos y obtención de armas.

    La primera ametralladora del "maquis" de Turnac, conocido también como "grupo Carlos", pude lograrla en complicidad con un agente doble entre nuestro "maquis" y otro del norte de Sarlat. A cambio de armas nos ofrecía tabaco, sopa, cholocate, carne, conservas. Nada de eso me interesaba; teníamos a veces hambre, pero sobre todo necesitábamos armas para proteger a los saboteadores de líneas de alta tensión, líneas de ferrocarril y todo cuanto se relacionaba con los emplazamientos militares del ocupante nazi. Fue tacaño, sólo pude lograr una ametralladora. Para mí, la primera victoria diplomática. ¡Una ametralladora! El sueño dorado de aquellos arcángeles harapientos de los bosques.

    Destinada después al aparato político y de transmisiones, mis camaradas me concedieron siempre el honor de asistir a sus planes militares, que en los primeros meses, hasta mi detención, se realizaban en mi casa. Ni que decir tiene que seguí siendo enfermera de urgencia; que con mi marido controlábamos e interrogábamos muy concienzudamente cada nuevo guerrillero que entraba en el "maquis" de Turnac. Solo nos falló uno, un colaborador, que se presentó precisamente un día en que con mi esposo nos encontrabámos en la ciudad de Bergesac: para enterarnos del resultado de nuestra anterior misión.

    Como la mayoría de las mujeres, fui enlace. Trabajo en apariencia fácil, pero sumamente peligroso y que requería una gran resistencia moral y física. Las más expuestas a ser descubiertas y ser torturadas, en caso de detención. "Los enlaces -decían nuestros jefes- son sagrados, no deben efectuar ninguna otra tarea". Sí, sí, ¿y quién hacía el resto?. Tenía que recorrer 95 Km. entre la Dordogne y la Correze para transmitir un parte. Tenía que ir a pie, en bicicleta, en autobús. Los autobuses eran automáticamente registrados en cada límite de departamento.

    Recuerdo mis citas con "Reynal" y. después con "Kleber". "Reynal ha sido trasladado", me dijeron; en realidad, había sido detenido y encarcerlado en la famosa central de Eysses y deportado. Era un obrero comunista de una inteligencia y una bondad extraordinarias. Estas citas se efectuaban delante del teatro de Brive, con la proverbial táctica de "enamorados" o comiendo en un restaurante de la misma plaza, siempre escogiendo ron sonrisas ama6les la mesa contigua de nuestros feroces enemigos, los SS. Por debajo del mantel pasaba el parte y por el mismo procedimiento recogía la respuesta.

    En el intermedio me alojaba en una granja de Saint Mexan, en casa de los Rodríguez. Cuatro generaciones de mujeres y un solo hombre con trabajo para ganar el pan. No tenían casi nada y me lo daban todo. Esta familia fue un importantísimo punto de apoyo para muchos resistentes y jefes de guerrillas. Era una familia de andaluces, todos de la CNT, pero en el transcurso de la Resistencia, con tanto ir y venir de comunistas, acabaron por ingresar en el Partido. Fueron una de esos centenares de familias españolas que cubrieron la Resistencia y por lo cual muchos pagaron con su vida, como lo demuestra una fotografía que mi amigo Pons Prades me autoriza a sacar de su libro "Los republicanos españoles en la II Guerra Mundial".
    Tendría que hablar de la familia Pla. Gloria, la hija mayor, me sustituyó a mi detención. El hermano José, muy jovencito, era tan intrépido que tuvimos que aceptarle oficialmente en la Resistencia. Sólo contaba catorce años. Y me veo obligada a citar a mis padres. Mi padre, Baltasar Catalá, el campesino que soñó ser montañista, sabía encontrar los caminos más inverosímiles para llegar al "maquis" y traer noticias de última hora y de primera mano. Arriesgaba su vida y benévolamente, hacía de peluquero del "maquis". Mi valiente madre, Rosa Pallejá, se quedaba muchas veces sola en la masía guardando el fuego como una vestal. Todo el mundo se tiraba al monte en los últimos meses de la guerra. Su puerta siempre estuvo abierta para los fugitivos y para algún herido en combate. Los albergaba, los curaba, escondía sus armas hasta que podían reemprender la marcha.

    Quiero terminar con mi resistencia, pues cada mujer podría escribir un libro; un hecho me marcó para siempre. Esto ocurría pocos días antes de mi detención. Volvía de mi último viaje a Brive y, esperando el autobús de retorno, me sentía muy fatigada y deprimida, recién operada y sin tiempo para convalecer. Sentada en un banco, veo llegar una columna de cinco ciclistas con una inconfundible pinta de refugiados españoles. Sus bicis, cargadas con enormes bultos y en perfecta formación militar. El primero en vanguardia, a 25 mt., los tres del medio, el grueso del pelotón y el quinto cerrando la columna, 25 mt. detrás. ¿Quién podría imaginarse que se atrevieran a tal cosa los "rojos españoles" Pasar por el centro de la ciudad, y además delante de la komandatur?. Me sentí orgullosa y emocionada. Qué valientes son nuestros guerrilleros. Sostuvieron 32 meses de guerra en España y ahí los tienes, mal vestidos y peor calzados, sin pan muchas veces y durmiendo al azar de alguna cabaña, y no se sienten vencidos. "Tienes que aguantar Neus, tienes que aguantar, eres un granito de arena en esta colosal guerra, pero necesaria. Tu puesto es la lucha. ¡Guerra sin cuartel a los nazis!". Fuente:  de la Resistencia y la Deportación
    (50 Testimonios de mujeres Españolas)

    Edición: l'eina (Barcelona)
    ISBN: 84-86378-00-1

    Un Heroe Asturiano

    Con el título de «Ferrero rinde homenaje a un héroe de la II Guerra Mundial», el corresponsal de La Nueva España de esta localidad asturiana daba cuenta, el pasado 11 de agosto, del homenaje que sus paisanos iban a rendir ese día a Cristino García Granda, hijo de esa parroquia gozoniega. El homenajeado está considerado por los historiadores corno el más destacado héroe español de la Resistencia contra la ocupación nazi de Francia. Por su decisiva contribución a las batallas que desalojaron de alemanes el sureste de Francia, se le otorgó el título de «Libertador de Tres Departamentos» (los de Gard, Lozére y Ardéche) y recibió las más altas condecoraciones francesas. Numerosas calles de diversas localidades francesas –incluido París– llevan su nombre y la propia Asamblea Nacional Constituyente de Francia le dedicó en 1946 un homenaje especial con motivo de su ejecución en España. Precisamente el 21 de febrero de este año se ha cumplido el cincuentenario de su fusilamiento, en represalia por su actuación en la guerrilla antifranquista en la comarca de Madrid. De lo admirado y querido que era este combatiente asturiano en Francia dará una idea el hecho de que el 22 de febrero de 1946 el Parlamento francés votó por unanimidad una moción presentada por los diputados De Menthon (demócrata-cristiano), Jacques Duclos (comunista), Edouard Derriot (radical) y Maurice Lacroix (socialista) que decía: «La Asamblea Nacional Constituyente recibe, con indignado dolor, la noticia de la ejecución de Cristino García y de sus compañeros de lucha, fusilados por odio a la libertad que poco ha habían defendido en nuestra tierra. La Asamblea traduce la protesta de la conciencia francesa ante esta nueva aplicación de métodos de represión condenados por el mundo civilizado. La Asamblea plantea de nuevo la moción planteada por ella el 17 de enero último, invitando al Gobierno francés a que prepare su ruptura con el Gobierno de Franco». El presidente de la Asamblea se asoció a los términos de tal moción añadiendo que «la libertad nace siempre de la sangre de los mártires».

    El Gobierno francés concretó su repulsa por el asesinato de Cristino García en el inmediato cierre de la frontera, que duró casi dos años. Fue éste el momento más crítico en las relaciones franco-españolas de posguerra. Empero no finalizó así el sentimiento francés por la trágica muerte del héroe asturiano, que tanto había contribuido a la liberación de Francia. El 25 de marzo de 1947 se celebró una ceremonia en el Velódromo de Invierno de París presidida por el primer Ministro de la Reconstrucción, M. Charles Tillon –ex jefe de los francotiradores y partisanos de Francia– y el Ministro de la Guerra, M. François Billoux. En presencia de más de 25.000 personas el general Petit hizo entrega de la Cruz de Guerra con estrella de plata sobredorada a los compañeros de armas de Cristino García, como homenaje póstumo a quien, según palabras del historiador Miguel Ángel Sanz, «será siempre un héroe nacional en Francia y en España». Además, varios Consejos municipales –entre ellos el Distrito XX de París– dieron el nombre de Cristino García a diversas calles y plazas. A su vez, en el gran monumento dedicado a los muertos por la liberación de Francia, en Tornac, se puede leer la siguiente inscripción: «Honneur a García, Cristino, Chef de Maquis». Cincuenta años después el héroe asturiano ha sido reconocido como tal en su propia tierra mediante la placa de bronce, sobre un pilar de hormigón, que le ha dedicado la Asociación de Vecinos de Ferrero (Gozón). El acto de descubrimiento de la placa, que fue calificado en una reseña de «multitudinario» por la gran afluencia de vecinos, no tuvo carácter partidista, ya que, aunque tardíamente –antes se lo habían propuesto los concejales de Izquierda Unida cuando era todavía alcalde–, el homenaje a tan relevante fue presidido por el ex alcalde socialista de Gozón Ignacio Artime, y en él intervino también la veterana gozoniega comunista Peregrina González, que conoció personalmente a Cristino. Se trataba del homenaje que sus paisanos rendían a quien, habiendo obtenido los más altos honores en Francia, retornó a España para seguir luchando por los ideales democráticos y de progreso social hasta entregar su vida por ellos. Ahora bien: ¿quién era este asturiano tan famoso en Francia como poco conocido en su tierra natal? Había nacido en Viodo (Gozón) en junio de 1913. Formando parte de un destacamento de mineros participó en la insurrección asturiana de Octubre de 1934 contra el intento de implantar en España el fascismo por la vía «legal». La sublevación facciosa contra la República le sorprende de fogonero de un barco en Sevilla. Con ayuda de otros compañeros se apodera de él y vuelve a Asturias, donde se incorpora a una unidad de dinamiteros. Al caer Asturias pasa a Cataluña, donde se reincorpora al Ejército republicano. Combate, como teniente, en el batallón especial de la XI División, mandada por el coronel Líster y pasa después al famoso XIV Cuerpo de Guerrilleros, que realizaba incursiones detrás de las líneas franquistas. Tras la caída de Cataluña se exilió en Francia, donde volvió a trabajar en las minas de carbón. En ellas, tras la ocupación nazi, organizó un grupo de guerrilleros que con el tiempo se convirtió en la famosa III División. El también asturiano Alberto Fernández –colaborador de La Nueva España hasta su fallecimiento–  dice en su libro La España de los maquis: «Gard: zona donde hubo acción guerrillera importante, sobre todo en la región minera y en las comarcas de Nimes y Alés. El recuerdo de las batallas de los guerrilleros en este departamento está ligado al de un héroe convertido en mártir por el régimen de Franco: Cristino García, héroe de la Resistencia francesa llamado “el Libertador de Tres Departamentos”, que había dirigido también el asalto a la cárcel de Nimes y liberado allí a numerosos presos, y jefe del grupo español que combatió a los alemanes en La Madeleine, donde capturó a numerosos presos, y mucho material de guerra. Cristino García fue detenido en España en 1945 en compañía de once antifranquistas más, todos ellos antiguos guerrilleros en Francia (lo que según las franquistas era un agravante)». Su acción más destacada fue la célebre «Batalla de la Madeleine», en que al frente de 36 guerrilleros tendió una emboscada a una columna motorizada nazi en retirada compuesta de 1900 soldados. Tras más de un día de combate, 1300 alemanes se rindieron y el feje de la columna, teniente general Honrad Nietzsche, se suicidó por no aguantar la humillación de haber sido vencido por los «maquis» españoles. Por ello no puede sorprender que el 25 de octubre de 1946 el general Olleris, jefe de la IX Región Militar francesa, dictase este orden del día a título póstumo: Cristino García, teniente coronel, resistente de los primeros, dotado de un alto espíritu de organización y de combate. Ha tenido bajo su mando las Brigadas Españolas de los Departamentos de Lozére, Ardéche y Gard. Por sus ataques repetidos en la zona minera impidió el trabajo durante muchos meses. Organizador del asalto a la prisión de Nimes, liberó a los detenidos políticos. Bajo sus órdenes se libró el combate al enemigo en La Madeleine y el Escrimet, haciendo, pese a la desproporción de fuerzas y material, 1300 prisioneros alemanes y 600 muertos y heridos en estas operaciones dirigidas por un jefe excepcional. Esta citación comporta la atribución de la Cruz de Guerra con estrella de plata. Por su parte, el historiador Daniel Arasa dice: «En el Consejo de Guerra a Cristino García el abogado defensor trató de exculparle diciendo que venía engañado a España. Pero Cristino le interrumpió y dijo que él había venido a España perfectamente convencido a luchar contra el franquismo y que volvería a hacerlo. Si difícilmente se hubiera salvado, con tales palabras su condena a muerte era segura».

    Fuente:     En «La Nueva España»,  30/08/1996. También en Homenaje a José María Laso:Desde mi atalaya; Tribuna Ciudadana, Oviedo; 1998 (pp. 68-70). 


    April 05

    La bandera roja bajo el cielo de Berlín

    Revista de prensa*

    La bandera roja bajo el cielo de Berlín


    Mario Amorós
    Mundo Obrero. España, mayo del 2005.


    Es una de las imágenes que condensan la historia del siglo XX: hace sesenta años los soldados soviéticos izaron la bandera roja en el Reichstag. Aquella fotografía simbolizó la derrota nazi y la lucha y el sacrificio de los pueblos soviéticos y los militantes comunistas de toda Europea contra la barbarie fascista. Uno de los tres protagonistas de aquel hito fue Francisco Ripoll, un "niño de la guerra" que se alistó como voluntario para luchar contra el fascismo. Ripoll militó en el PCE hasta su fallecimiento hace cuatro años. Ofrecemos este reportaje inédito en Mundo Obrero como homenaje a todos los camaradas que dieron su vida durante la Segunda Guerra Mundial, ahora que los fastos oficiales por el 60º aniversario del final de la contienda en Europa les condenarán, una vez más, al olvido.

    Francisco Ripoll nació a bordo de un barco camino de Cartagena. Su padre era militar de la armada y de pequeño vivió entre Barcelona y este puerto, donde su progenitor estuvo destinado durante parte de la guerra civil. "Éramos cinco hermanos, cuatro fuimos enviados a la URSS y al quinto lo mataron unos falangistas de una paliza", me explicó hace seis años y medio en Benidorm (Alicante), donde vivía y colaboraba con el grupo municipal de Esquerra Unida.

    Junto con ellos fue enviado en el último barco que trasladó niños españoles a la Unión Soviética, eran 120 chicos con edades comprendidas entre 4 y 14 años. Aún evoca con emoción el recibimiento que les dispensaron en Leningrado. "En el muelle nos esperaban miles de personas. Había orquestas, estaban los pioneros.... Vivimos un mes en un hotel y luego nos distribuyeron por las distintas casas de niños españoles".

    En 1940 llegó a la Casa de Jóvenes Españoles de Leningrado. "Allí éramos como hermanos. Influía mucho que no teníamos a los padres, a nadie, sólo el cariño que nos daban la educadora, los profesores". Aquel año se afilió al Komsommol (juventudes comunistas) y, en 1943, al PCUS.

    En junio de 1941, diez días después de que Hitler lanzara la Operación Barbarroja e invadiera la Unión Soviética, Francisco Ripoll se alistó como voluntario en el ejército soviético. "Todos teníamos el mismo sentimiento: proseguir la lucha de nuestros padres contra el fascismo. De los chavales que estábamos allí, al que no le habían matado el padre, le habían matado el hermano o estaban en la cárcel o el exilio".

    Resistió los 900 días del cerco de Leningrado. "Conservo muchos y muy malos recuerdos de la guerra. El invierno de 1941 a 1942 fue el más duro. Llegamos a estar a 50 grados bajo cero". En 1944, el ejército soviético logró romper el asedio y entonces la división a la que pertenecía avanzó por el Báltico y llegó a Polonia.

    Allí se toparon con el horror del Holocausto: "Fuimos los primeros en entrar en Auschwitz. Apenas estuvimos algunas horas porque debíamos seguir camino y detrás vinieron otros, que cuidaron de la gente que había allí. No encontramos a ningún nazi. Había cientos de chiquillos, otro grupo de mayores... Vimos todavía cadáveres dentro de los hornos a medio quemar. Aquello fue horrible: ver montones de pelos humanos, de zapatos, de gafas, de ropa de todas clases... Lo que más me impresionó fueron las cabelleras humanas, eran de todos los colores. En los barracones de los oficiales, encontramos pantallas de las lámparas hechas de piel humana, al igual que dos o tres monederos y carteras de bolsillo".


    Una foto para la historia

    Francisco Ripoll, que tenía entonces veinte años, era teniente de la XV División de Voluntarios y con ella llegó a las puertas de Berlín hacia el 27 de abril. En las filas soviéticas había un "ambiente de euforia" ya que "estábamos deseando entrar". "La orden de asalto a Berlín llegó el día 29. La ciudad estaba prácticamente destruida por los bombardeos de los ingleses. Se luchaba casa por casa. Hitler concentró a la flor y la nata de lo que le quedaba, incluso a los críos de las Juventudes Hitlerianas".

    "La noche del 29 de abril recibimos la orden de asaltar el Reichstag. Fue un combate duro ya que había muchos soldados de la Gestapo y de las SS y muchos oficiales, lo mejor de lo que le quedaba al ejército nazi en Berlín. En unas horas lo tomamos".

    "El 30 de abril [el mismo día que Hitler se suicidó en su búnker] se colocó la bandera. Había varios fotógrafos soviéticos en el frente pero no les hacíamos caso. Se pidieron voluntarios. Primero subieron cuatro, pero, cuando ya estaban arriba, francotiradores camuflados en los edificios de alrededor los mataron. La bandera cayó y la recogimos nosotros. Nunca se ha hablado de esto pero nosotros lo sabemos. Un mando pidió voluntarios y... allí estaba yo. Subimos. Nos tuvimos que abrir paso a base de bombas de mano, de granadas y ráfagas de metralleta hasta llegar arriba porque el Reichstag es un laberinto".

    "Estuvimos arriba una media hora. Seguían los disparos de los francotiradores, pero cuando cesaron, izamos la bandera durante unos minutos. La colocó el que recibió la orden. Cuando nos marchamos, subieron otros soldados para mantener la vigilancia. Todos queríamos bajar de allí por el peligro que suponían los francotiradores". Del fotógrafo, Yevgueni Jaldeï, sólo recordó que "hizo su trabajo en condiciones muy difíciles por los disparos y nada más. No nos dijo nada".

    Jaldeï tomó varias instantáneas. En ellas aparece Francisco Ripoll junto a sus dos camaradas, observando cómo la bandera roja ondea sobre el Berlín liberado. Es una fotografía mítica que simboliza la derrota del nazismo. Su nulo afán de protagonismo y el hecho de que durante la guerra adoptara un nombre ruso (Vladimir Dubrosky) pueden explicar que nunca haya sido identificado.


    Orgullo para toda la vida

    Para Ripoll haber combatido con la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial fue "el orgullo más grande de mi vida". Recibió, entre otras, la insignia del cerco de Leningrado, la del Ejército Popular de Voluntarios y la Orden de la Gran Guerra Patria, la más importante de las que se crearon en la URSS durante un conflicto que le costó la muerte de más de 25 millones de personas.

    Después de la guerra estudió Náutica, se enroló en la flota del Volga y estudió en la escuela naval de Astrakán. En 1957 decidió regresar a España e ingresó en el PCE. "Cuando llegué me retiraron toda la documentación, no me dejaron salir y la Brigada Político-Social me entregó un carnet de identidad que era vergonzoso. No podía salir de Barcelona".

    Durante los últimos años de su vida trabajó por rescatar del olvido la memoria de sus jóvenes compañeros. "No quiero protagonismo, sólo sacar adelante mi proyecto", me dijo. Su proyecto consistía en levantar un monumento en San Petesburgo en memoria de los 72 muchachos que vivieron con él en la Casa de Jóvenes Españoles de aquella ciudad y que murieron en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial combatiendo contra el fascismo en el ejército soviético. Casi todos ellos eran militantes del PCE.

    Algunos de ellos fueron capturados por los alemanes ("heridos", recalcó) y "enviados a Franco y fusilados en España". "Incluso dos de ellos estuvieron en la División Azul, se pasaron con nosotros y después estuvieron luchando contra los nazis". En aquella Casa había entre 120 y 150 niños y niñas y algunos de ellos murieron por inanición o a consecuencia de los bombardeos.

    Logró incluso todos los permisos para colocar el monumento en dicha Casa, que hoy es un colegio. En él figurarían los emblemas de la II República Española (la estrella de tres puntas) y de la URSS (la estrella roja) con una rama de olivo, símbolo de la paz, y 72 estrellas. Sin embargo, su vida se extinguió sin que pudiera ver su proyecto hecho realidad y preguntándose quién se acordaba de ellos mientras mostraba la lista de sus camaradas caídos en el frente. "Nadie, eso es lo que más me indigna".


    (*) Texto aparecido en Mundo Obrero, de España. La redacción de este diario recuerda a sus lectores que en nuestras páginas sólo tienen cabida los textos externos que cuenten con los debidos permisos de reproducción de autores y/o publicaciones. Cualquier excepción, como la actual, se hace siempre en virtud del carácter no lucrativo de La Insignia, ante situaciones de evidente interés informativo o social y a condición de no provocar perjuicio alguno a la fuente de origen.

     

    Fuente: "La Insignia"

    April 01

    De la Resistencia Francesa a la Reserva Voluntaria

    Si amigos se puede afirmar sin miedo a equivocarse, que la mayoria de los reservistas voluntarios españoles viven su compromiso en la clandestinidad, así a la hora de activarse lo hacen normalmente en vacaciones, días libres y demás, la clandestinidad incluye aunque se sorprendan muchos tambien a los funcionarios.

    La causa de esta situación no es única, aunque como los mandamientos de la Ley de Dios puede resumirse en dos:



    1. Falta de proteccion laboral efectiva de los reservistas.
    2. Falta de incentivos a empresas y administraciones públicas.

    A estas causas principales le podemos añadir varias más como son:


    1. La falta de visibilidad social de la figura del reservista, las empresas y las administraciones no saben que es esto, y como no lo saben, ni lo apoyan ni lo protegen y ni siquiera estan incentivadas para hacerlo ( volvemos a la causa numero dos).
    2. El mal funcionamiento de los pagos por el servicio que prestan los reservistas (que ya he denunciado en este blog) con retrasos de más de seis meses en el cobro de los honorarios, produce que muy pocos puedan arriesgarse a renunciar a sus emonumentos habituales, pues ya saben por experiencia de muchos compañeros en el lio económico que se pueden meter, si tras finalizar su servicio no cobran su sueldo.
    3. Mal diseño para los funcionarios, en cuanto que al pase a la situación de servicios especiales es muy farragosa de gestionar al intervenir varias administraciones, y ser una figura prevista para periodos mas largos de un mes, se da la circustancia de que un reservista puede encontrarse con la desagradable situacion de que estos no sean concedidos (los servicios especiales ) hasta mucho después de haber prestado servicio, lo que le deja fuera de juego administrativamente durante un tiempo, en el que literalmente se ha ausentado del trabajo ilegalmente.
    4. Falta de ambicion en el diseño para los funcionarios por parte del ministerio, pues si un servidor público sirve al estado deberia de poder hacerlo en la reserva sin perder su sueldo(en el caso de que gane más de reservista), aportando el ministerio de defensa el sueldo del reservista a su administracion de origen como compensacion, en todo caso es necesaria una visión global del servicio público a España de la que ahora se carece.
    5. Falta de una regulación para que los autonomos( los grandes olvidados) puedan incorporarse a la reserva voluntaria con algunas compensaciones de tipo fiscal al menos, y puedan centrase en su servicio reservista durante el tiempo establecido, sin tener que compatibilizarlo al menos tan exageradamente como hasta ahora.
    6. Que decir de los trabajadores por cuenta ajena, su clandestinidad es casi obligada al no existir compensaciones para su empresa por el "prestamo" de su personal, pues esta claro que a la protección laboral urgente es necesario añadir incentivos a las empresas, de forma que al menos cuando un reservista preste servicio no le cueste dinero a su empresa, bastaria con eximirle de los pagos de seguridad social, etc.

    Y sí, yo soy reservista (ssss que no se entere nadie) en la clandestinidad.

     

    Fuente: http://quemasda8que80.blogspot.com/search/label/Reservismo